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Fidel ha muerto…

abril 27, 2008

Fidel Castro ha muerto en Cuba. Y no me refiero a las teorías conspiracionales que desde su hospitalización comenzaron a circular. La muerte de Fidel es algo más real, más sólida y palpable que, incluso, un ataúd con su cuerpo y una lápida con su nombre. Es la muerte de un sistema. La muerte de una ideología de Estado. Déjeme explicarle.

Desde que Raúl Castro tomó el poder se podía observar un camino hacia la transformación del sistema político cubano en algo más cercano a una democracia. Estas viandas de libertad que comenzó a entregar a la ciudadanía, más allá de lo lamentable que pueda ser el hecho si se toma en cuenta la fecha en la que está sucediendo, eran las primeras estrategias al tránsito de la muerte de Fidel como símbolo del Estado. Raúl tocó las puertas de Lula para pedir ayuda y “acelerar el proceso de transición política y económica en la isla” e, incluso, pidió una mediación para entablar un nuevo diálogo con Estados Unidos.

Mientras esto sucedía, los cubanos iban saboreando la posibilidad de comprar electrónicos y celulares, de poderse comunicar al exterior con quien ellos quisieran y comprar cosas y servicios como hospedarse en hoteles de 5 estrellas. En otros términos, comienzan a salir del aislamiento en que Fidel los había sumido desde la caída de Batista en 1959. Ahora, por si las reformas anteriores eran pocas, viene un nuevo plan migratorio que hará más flexible la salida y entrada a la isla, modificando el permiso oficial obligatorio para viajar a otro país; cancelando el requisito de presentar una carta invitación de un extranjero para viajar al exterior y aceptando que cubanos que residen en el extranjero con permiso oficial puedan mantener sus propiedades. Esto representa un avance importante en la isla pues, más allá de ser la puerta abierta para los que quieren salir de Cuba, es la bienvenida a los que están dispuestos a llegar y observar el terreno, medir la inversión, pensar en el futuro. Raúl está dejando en evidencia lo que ya desde enero había declarado: “es más conveniente la amistad de Brasil que la de la Venezuela chavista”. Y es que, para efectos prácticos, Raúl no quiso esperar a la muerte oficial de Fidel para comenzar el camino de la transformación cubana, pues lo más importante por hacer es, en primer lugar, borrar la imagen del líder, antes que borrar al líder en sí. En Cuba hoy celebran. Porque ha empezado a morir el Fidel Estado.

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