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Alimentos Adicionados y Fortificados

mayo 25, 2008

Por: Dra. Gabriel Gutiérrez Salmean

En la actualidad, es muy común encontrarnos con productos que promocionan el alto contenido de ciertos nutrimentos, lo cual los hace parecer atractivos y “saludables”. Pero, ¿en verdad vale la pena gastar más en este tipo de alimentos que en los tradicionales?, ¿nos ayudarán realmente al mejoramiento de nuestro estado nutrición? La realidad es que la respuesta a estas cuestiones depende en gran medida de la composición de la dieta del individuo, así como de la etapa de la vida de la persona, alteraciones metabólicas… en fin, un gran número de factores, por lo que no es conveniente generalizar.

Hoy en día nos encontramos en el auge publicitario de los productos alimenticios que han sido modificados en su composición; comúnmente encontramos productos altos en fibra, adicionados con vitaminas y minerales, “libres de calorías”, ricos en omegas, etc. Sin embargo, la modificación de los alimentos no es cosa nueva; desde hace tiempo se han llevado a cabo programas basados en esto para combatir enfermedades por deficiencia: el bocio con la yodación de la sal, deficiencia de vitaminas del complejo B mediante la fortificación de las harinas, la anemia con la adición o fortificación del hierro en diversos alimentos.

Es preciso diferenciar los términos aplicados a los productos consumidos comúnmente: un alimento fortificado o enriquecido es aquél al que se le ha añadido una mayor cantidad de cierto nutrimento, pero este nutrimento está contenido de forma natural en el alimento; a diferencia de lo anterior, un alimento adicionado es aquél al cual se añadió un nutrimento que no está presente de manera natural en el alimento; finalmente, un alimento restaurado es aquél al que se le añaden los nutrimentos que pierde durante el proceso de elaboración (tal como la vitamina C se pierde en la pasteurización de los jugos).

Cuando una persona tiene una dieta completa y suficiente, no será necesario el consumo de productos adicionados o fortificados en nutrimentos, así como el consumo de suplementos o complementos vitamínicos. Sin embargo, la realidad es que dada la naturaleza del mundo actual, es muy difícil llevar a cabo esta dieta correcta (aunque no se debe dejar de intentarlo), ya sea por falta de tiempo, conocimiento o voluntad; por esta razón, muchas veces es positivo que los productos alimenticios sean fortificados, adicionados o restaurados en nutrimentos. El problema es que esta modificación de los alimentos se da en muchos (la mayoría) de los productos, además de que el consumidor muchas veces no sabe qué significa o cómo leer la etiqueta nutrimental, por lo que existe una mayor probabilidad de alcanzar los niveles tóxicos de ciertos nutrimentos como las vitaminas liposolubles o el hierro. Por esto, es necesario informar a la población de las necesidades nutrimentales en las diferentes etapas de la vida, para que puedan contar con el conocimiento necesario y puedan decidir cuándo un alimento será benéfico para su condición.

Por lo anterior, es posible decir que los alimentos modificados en su composición no son buenos ni malos, puesto que no existen alimentos buenos o malos, ya que lo importante es la integración de la dieta. Muchas veces, las campañas publicitarias de los productos se centran en torno a los “beneficios extra” que ofrecen estos alimentos, por ejemplo, cuado son adicionados en alguna vitamina; sin embargo, obedecen a estrategias de la mercadotecnia que pueden confundir al consumidor, ya que los nutrimentos pueden cubrirse obviamente con estos productos, pero es más recomendable el consumo de alimentos “naturales”. Por ejemplo, el consumo de tres guayabas cubre casi el triple de la IDR de vitamina C, al mismo tiempo que aporta fibra, vitamina A y potasio; en cambio, el consumo de un jugo puede ser que cubra la IDR, peor puede ser también alto en hidratos de carbono, sin aporte de fibra, etc.

Por supuesto que el consumo de estos productos no es nocivo, no son ni mejores ni peores que los demás alimentos, simplemente son diferentes y, comos e ha mencionado anteriormente, lo importante es la integración de la dieta. De esta manera, podemos consumir un jugo -por ejemplo- y, dependiendo de su composición, tendremos que complementar la dieta con otros alimentos que cubran los requerimientos que sean necesarios -por ejemplo, disminuir el consumo de carbohidratos si el jugo es rico en ellos, complementar con otras fuentes de vitaminas, etc.-. Lo importante es no basar la dieta ni en estos productos ni en un alimento en particular, puesto que se deben tener una dieta variada con lo cual se asegura de cubrir las necesidades nutrimentales, sociales y psicológicas de la persona.

Definitivamente, la dieta es cuestión de equilibrio. Cada etapa de la vida tiene sus necesidades nutrimentales específicas. Dado el ritmo de vida actual, no está de más tomar de vez en cuando algún complemento vitamínico o consumir productos fortificados, adicionados o restaurados en nutrimentos; lo importante es mantener en cuenta que lo ideal es integrar una dieta que cubra (y no exceda) las necesidades y requerimientos individuales del consumidor, resaltando la importancia del consumo de verduras y frutas, ya que éstas son las principales fuentes de vitaminas, minerales y fibra.

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2 comentarios

  1. La verdad, es un muy buen articulo, explica de una manera muy sencilla, además de que me ayudo a mi tarea…


  2. creo q no es muy interesante



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