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Sven Goran Erikkson y el patrioterismo inútil

mayo 29, 2008

Antes de comenzar este post he de aclarar algo: no soy experto en temas de futbol soccer -por eso tenemos un Staff de deportes en la página-, sin embargo, como cualquier fanático, observo el deporte y sus ramificaciones con atención y me he dado una idea de lo que está sucediendo actualmente. Dicho lo cual…

El tema del momento es la contratación del nuevo técnico de la Selección Mexicana, ¿no? Más allá de lo que los expertos en el tema opinan acerca de las formas en torno a esto (Rafael Ocampo, en su artículo de hoy en Milenio Diario, hace una crítica del desaseo de las negociaciones en la FMF), hay algo que queda absolutamente claro: en el medio futbolístico nacional no hay nadie con una capacidad probada y demostrada para dirigir a México. Al menos no para dirigirlo con una visión de romper esa barrera del 5to partido en un Mundial. ¿Por qué?

Porque la competitividad se crea y se alimenta en un medio competitivo y el torneo nacional es todo menos eso. Es un torneo creado para facilitar la mediocridad y seguir solapando los caprichos de unos cuantos jugadores sagrados y de los clubes que aspiran a ser el octavo lugar que siempre puede ser campeón, con toda la contradicción que esto representa. Es decir, el futbol mexicano está plagado de errores y mediocridades en su esencia. Por eso no había quién en el mercado nacional. Los únicos dos que podían tener un poco de posibilidades estaban descartados desde un inicio: Ricardo Lavolpe (por razones más de mercado que de méritos o capacidades) y José Pekerman, quien aseguró que no dejaría Toluca (aunque se entiende que fue por cuestiones de precio). ¿Quién, entonces, para sustituir a Jesús Ramírez? ¿De dónde puede salir el nuevo técnico nacional si no es de aquí? Por eliminación y juego de lógica, tendrá que venir de afuera. Y desde el principio se buscó a grandes nombres que estuvieran dispuestos a venir a México, desde Carlos Bianchi hasta Frank Rikjaard, pasando por Mourinho, Scolari, Lippi y el que hoy es la manzana de la discordia: el sueco Sven Goran Eriksson.

¿Cuál es el problema con Eriksson? El técnico tiene un currículum que debe ser respetado por los grandes clubes a los que ha tenido la oportunidad de dirigir, desde la Roma hasta el Lazio, además de un ciclo con la selección inglesa en dos mundiales. El actual técnico del Manchester City (club donde milita Nery Castillo y que, además, parece pretender a Giovanni Dos Santos para la próxima temporada) tiene algo que, hasta que la Asamblea de Dueños y la Federación Mexicana de Futbol no decidan actualizar el torneo nacional y romper con los privilegios que permiten la mediocridad, nadie del medio futbolístico mexicano podrá aspirar a tener: ha crecido y se ha desarrollado con base en sistemas duros que impulsan la competitividad al máximo, en torneos y futboles plagados de estrellas y complicaciones que forzan al aprendizaje de las estrategias. Cuenta con la experiencia en el ámbito defensivo de sus años en la liga italiana y sabe lo que es jugar con las ideas ofensivas y frontales de la Liga Premiere de Inglaterra (hoy por hoy, la mejor del mundo).

Pero, en lugar de buscar los puntos positivos e intentar hacer un análisis que pueda beneficiar a la Selección Nacional, los medios sólo atinan a hablar del rechazo y lo negativa que es la contratación de Eriksson. Es más, ni el hecho de que Javier Aguirre, el héroe mediático de las últimas semanas, apuntó al sueco como el mejor candidato para dirigir a México cuenta ya como algo válido. ¿Cuáles son los argumentos? Hasta el momento, solo repiten dos que me parecen, francamente, ridículos: no habla español y no es mexicano. ¿Por qué esta necedad de jugar al patrioterismo inútil en torno a algo que, de entrada, ya tiene más importancia de la que debería tener y que juega con las emociones más primitivas de la ciudadanía nacional? ¿Por qué jugar a la división y controversia con tintes de xenofobia? Es de mucho cuidado que líderes de opinión empiecen a dividir al público con respecto a algo que, de entrada, ni siquiera es oficial y, lo peor de todo es que lo estén haciendo a través de las nacionalidades o los idiomas. Pero es un reflejo de que la mediocridad parece estar en todo el país, desde su fanaticada futbolera que aplaude por cualquier espectáculo medianamente respetable hasta muchos de sus dirigentes y comunicadores que sólo piensan en el negocio y la utilidad antes que en el desarrollo deportivo.

Los medios tienen una responsabilidad enorme en los sentimientos de la gente. Y, por muy triste que parezca esta conclusión, aún más fuerte es esa responsabilidad en lo que al futbol se refiere. Esta extraña y patológica codependencia emocional que se tiene con el deporte de las patadas puede ser tema de análisis profundo. Sin embargo, da vergüenza escuchar a los comunicadores -líderes de opinión- llenar de dudas a una afición y un país con argumentos plena y primordialmente racistas. Y aquí han sido muchos, no terminaríamos de nombrarlos. Qué lástima, que lamentable, qué vergonzoso.

Saludos,
D

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