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Promoviendo la Impunidad desde el Gobierno

junio 1, 2008

En nombre de la política y los costos mediáticos se permite cualquier cantidad de atrocidades desde el poder gubernamental. Déjeme explicarle.

México es ridículo en muchos aspectos. Es evidente que hay momentos en donde el accionar de los gobiernos se detiene y los criminales reciben licencia para hacer lo que se les antoje. Estos tiempos están íntima y lógicamente ligados a la cercanía de los periodos electorales o, en su caso, a la discusión de temas de vital importancia en la agenda nacional y si ambos factores se combinan, el resultado es un certificado de impunidad para aquellos que se ocultan rapazmente tras el velo de una manifestación ilegal en todas sus esquinas y todos sus recovecos. No se puede entender la permisibilidad de los delitos sin mirar hacia el patio del Senado o hacia las próximas elecciones intermedias que pueden decidir si la parálisis legislativa y nacional se mantiene o, por su parte, si se pueden crear condiciones para un avance en las reformas estructurales que el país requiere. Lo que los partidos políticos están intentando es convencer a los grupos rijosos y organizados en células (APPO, las adelitas, los panteras, los mineros, disidentes y otros engendros) de que sus colores son los más convenientes para sus “luchas” o “movimientos”, pues saben los dirigentes políticos que éstos grupos son los que deciden elecciones, como consecuencia del alto abstencionismo y otros factores ligados al pobre desempeño en la defensa de los derechos constitucionales de la ciudadanía. Por eso, gobierno federal y estatal permiten delitos que van desde la violación a garantías individuales (el derecho al trabajo y a la educación, además del libre tránsito, entre otros), el vandalismo, el daño al patrimonio de la nación y el robo en varias de sus concepciones. Porque creen que, si permiten a los criminales hacer su voluntad, más adelante podrán cobrarles el favor frente a una urna. Se les olvida que ellos sólo responden a sus propios intereses, sean éstos los que sean. Oaxaca es la demostración (aunque no la única) de que nadie aprendió nada del primer episodio de este conflicto y, por el miedo de tomar las decisiones para el bien de la sociedad y el Estado en su conjunto, las pequeñas minorías de criminales seguirán atrapando a las mayorías construídas por las vía democrática. ¿Y la sociedad? Esa que se joda. Esa no importa.

Saludos;
D

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