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Cinecrítica. The Happening (Shyamalan, 2008)

junio 16, 2008

Domingo, 22:30 hrs. Sin absolutamente nada que hacer y con una sala de cine bastante cercana, me animé a subirme al auto y comprar un boleto para la función de las 23:05 hrs. de la más reciente cinta de M. Night Shyamalan, director de The Sixth Sense y Unbreakable, entre otras. La idea de un escenario apocalíptico en el que la naturaleza comienza a defenderse de la devastadora presencia en la que se ha convertido la humanidad, bajo la particular visión de éste talentoso hindú, fueron más que razones suficientes para irme a esa hora a meter a una sala. La experiencia resultó no tan satisfactoria como esperaba. Pero tampoco fue tan lamentable como aquella primera proyección (y también la segunda, la tercera y la decimosexta) de Star Wars: Episode I. Aquí la crítica de The Happening, cinta traducida en México como El Fin de los Tiempos.

¿Qué pasa cuando la naturaleza se harta de nosotros? Pone, como cualquier otro depredador en peligro, a sus agentes a defenderla. En este caso, las plantas comienzan a liberar una neurotoxina que hace que aquellos que tengan la mala suerte de respirarla, pierdan -según la explicación de la cinta- la capacidad de producir y mantener funcionando el sistema de defensa que el cerebro ha creado para evitar hacernos daño. Ya de entrada, parecería que esta premisa asegura que los seres humanos, en nuestro estado primitivo, buscamos el suicidio y que es un pedacito de nuestro cerebro el que todos los días lucha en contra de ello. Pero, ni hablar. No me parece tampoco algo de una inverosimilitud absoluta. Este evento se desata en toda la costa este de Estados Unidos (obvio, arrancando en Central Park) y, conforme avanza, va afectando a poblaciones cada vez más pequeñas. Aquí es donde entra el profesor de ciencias Elliot Moore (Mark Wahlberg, quien está muy lejos de tener la capacidad de cargar un protagónico) y su esposa Alma (Zooey Deschanel que sí, es hermosa, tiene un rostro perfecto y unos ojos que impactan, pero… nada más) en una carrera en contra de la naturaleza y su ataque a los seres humanos. Encontrando el sentido de estos eventos de una manera que recuerda más al Batman de los 60’s que al pensamiento científico, Moore hace lo que cualquier persona en su sano juicio haría: intentar sobrevivir con su esposa y la hija de su mejor amigo, ahora muerto. Y es este recorrido el que nos lleva cerca de una hora y media de cinta que, no se dejen engañar, no sólo es acerca de pregonar un discurso cursi sobre el calentamiento global y sus consecuencias. Aquí es donde se siente la mano de Shyamalan. Este mundo apocalíptico es solamente un pretexto y un telón de fondo para contar una historia más humana y brutal: aquella de la confianza perdida y lo primitivo que llega a ser el hombre gracias a la infusión del miedo irracional. El entrelineado es lo que vale la pena de la cinta, pues hace una sutil y entretenida crítica a la política del miedo que impera en Estados Unidos después de los ataques del 9/11 y las consecuencias que esto puede causar en la mente de los americanos. Moore es como cualquier otro adulto joven de Philadelphia, y en esa sencillez, se pierde con la inocencia del bien natural de las personas hasta que comprende que, en medio de la catástrofe, el ser humano hará todo por sobrevivir, aunque eso represente el olvido de quien está frente a ti o el retorno al más lamentable estado de irracionalidad. Este evento sólo servirá para entender lo que Shyamalan quiere decir: En todo y para todo, la humanidad sólo puede contar con una cosa… estamos sólos.

Y así como éste es el elemento principal y el atractivo de la cinta, es también el más grande fallo que tiene. Uno no puede dejar de sentir que el mensaje, la profundidad de la idea y el desarrollo de los miedos podrían haber estado mucho mejor en manos de alguien como Edward Norton o Johnny Depp, no en Wahlberg quien parece perdido durante toda la película, con la misma cara, plana, sin emociones, sin sentimientos. Las escenas de angustia son desperdiciadas por esa inoperante actitud que no promueve ni propone un sólo paso para la historia que se está contando. Igual pasa con Zooey Deschanel, quien parece mirar a la audiencia sabiendo que está ahí porque se ve bien, pero que no sabe qué es precisamente lo que debe hacer. Y, cuando uno se da cuenta de ello, la película pierde su valor.

¿Dónde quedó el M. Night de Unbreakable que devastaba con un sólo diálogo? ¿Dónde el de Sixth Sense que, con una pista y un movimiento de cámara destruyó toda la concepción que teníamos del giro de tuerca? Aquí no se siente la presencia de ese cineasta. Existe un Shyamalan que intenta escribir el entrelineado de la paranoia, pero no termina de cuajar el asunto en personajes que, en realidad, no tienen un sólo matiz de personalidad que puedan atrapar al público pues sus problemas internos son tan comunes como el de la butaca de junto y, quizá, mucho más ridículos y menos importantes. Me preocupa eso en Shyamalan, porque su próxima cinta será la versión Live Action de Avatar: The Last Airbender y ahí sí, cada uno de los personajes tiene su razón de ser y existir. Habrá que esperar. Por lo pronto, les recomiendo poner el DVD de cualquiera de las cintas anteriores del director y pensar que no todo está perdido.

¿Calificación? 6.5
¿Recomendación? Cuando pase en PPV o alguien la rente, véanla. No gasten en el cine. Aunque sea 2×1.

Saludos,
D

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