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Libros. Memoria de mis putas tristes.

julio 16, 2008

Arrancamos una sección en la que esperamos su participación con propuestas o peticiones específicas. Es la sección de libros. Y lo hacemos con el texto de un libro que hace algún tiempo leí y que hoy, por azares del destino, volvió a mis manos. Memoria de mis putas tristes de Gabriel García Márquez. Lo que haremos con ésta sección será armar una especie de ensayo/artículo acerca del título en cuestión y lo pondremos a su disposición, no con el afán de enarbolarnos en la única verdad, sino como una opinión de lo que nos vayamos topando en las estanterías. Ojalá lo disfruten.

RASCANDO LOS NOVENTA AÑOS.
Memoria de mis putas tristes.
Gabriel García Márquez

“Y sigo esperando,
con las canas de mierda que me devoran,

con las arrugas en la frente,
haciéndome viejo, senil, marchito,
y no llegas, y no puedo ni masturbarme.”

Hotel de Paso

-Carlos Dragonné


La vejez es ingrata y traicionera. Deja a los humanos en medio de la incertidumbre de lo que puede ser su último día, su último respiro. Ese momento en que se van de éste mundo y se dan cuenta que nunca tuvieron tiempo de hacer lo que más deseaban o de cumplir esa tentación de los segundos que se terminan. García Márquez es capaz de llevarnos por ese camino de incertidumbre en “Memoria de mis putas tristes”. Siguiendo con su línea literaria de realismo mágico, juega a presentarnos a un olvidado por si mismo, alguien a quien la vida le ha pasado de tal manera por encima que sabe con certeza que los noventa no van a llegar y necesita desahogar los temores, los fetiches acumulados durante tanto tiempo en una sociedad remilgada y justiciera. Y no parece que exista nada mejor que jugar con la vida y negociar con la muerte unos minutos para el placer. Salvador Dalí dijo que “Muchas personas no cumplen los ochenta porque intentan durante demasiado tiempo quedarse en los cuarenta”.En la historia del “Gabo” hay una clara referencia a no dejar las cosas enterradas por los remilgos. Y es ese amor el que permite que se reencuentre nuestro personaje. Ese misterio de inventar el nombre y decirle como la princesa de sus canciones infantiles, aferrandose a los momentos de su felicidad pausada y fugaz, a pesar de ser una prostituta. El amor se puede encontrar de diversas maneras y sin que importe la diferencia de edad, el onirismo con el que se maneja la psicología del personaje, no existe nada más real que las palabras dichas en medio del sueño, los juegos de Delgadita con el lapiz labial sobre el espejo de un baño que nunca compartieron, a pesar de compartir la cama en medio de un ambiente de protección y ternura.

Las relaciones de éste personaje no han sido fáciles. Todo ha sido un juego de escribir las memorias de las mujeres pagadas en busca de ése virilismo estúpido que tenemos los hombres. Y rellenar cuadernos con estos amores de paso mientras se juega al sabio en una columna periodística que importa y que el público que la lee la recibe como canon para vivir es un jugueteo de incongruencia que termina por volverse real. Por eso, quizá, el momento de intensidad es la renuncia a manera de carta de despedida sincera y completamente transparente. Pues nuestro periodista ha encontrado la manera de vivir: en medio del sueño de tener a Delgadita en su vida, correteando por la casa con su vestido empapado mientras rescataba los libros afectados por un tubo roto de una casa abandonada desde hace tanto a pesar de no estar sola. Siempre la soledad resulta una compañera de doble filo, pues a pesar de los momentos de encuentro con uno mismo que puede ofrecer, también ofrece esos rastros de verdad que hieren, que flagelan las entrañas y nos pierden en las sombras. Y en medio de esas sombras, una llamada telefónica a la buena amiga que siempre tendrá un cuerpo listo para nosotros puede ser el camino correcto para encontrar un amor perfecto aunque sea demasiado tarde.

Jugar a ser niño, a tener un amor adolescente condenado al lirismo no requiere ser niño o adolescente. Siempre hemos vivido en la realidad de que “…comenzamos a pensar que hay una edad en que el amor se vuelve indecente”, como lo dijo el mismo García Márquez en su obra El Amor en los Tiempos del Cólera. Y no podemos darnos cuenta que durante nuestra vida hemos dejado de vivir para ocuparnos de las cosas intrascendentes. García Márquez juega a hacerle caso a Pablo Picasso en “Memoria de mis Putas Tristes”, cuando Picasso respondía que “Cuando me dicen que soy demasiado viejo para hacer una cosa, procuro hacerla enseguida“, pues, ¿quién decide los límites de edad para hacer las cosas? ¿Cuándo deja de estar permitido para los seres humanos enamorarse profundamente, cambiar los estilos de vida, sentir celos, comparar, jugar a ser el malo y regresar corriendo en busca de un perdón que nunca debimos pedir? El perdón es el ejemplo claro de la búsqueda que realiza nuestro personaje. Pero no es un perdón a Delgadita por su profesión. No se trata de perdonar a todas las mujeres que pasaron por su vida. Se trata de perdonarse a si mismo, por las voces calladas, por los tiempos perdidos, por la hipocresía de una idiosincrasia latinoamericana del siglo pasado. Es buscar el perdón de todas aquellas oportunidades desperdiciadas bajo el argumento del “no se vale”. Porque hemos convertido en verdad lo que Montaigne avizoró como un conflicto para la vida cuando dijo que “Las arrugas del espíritu nos hacen más viejos que las de la cara”. No hay que preguntarnos cuánto tiempo falta para llegar a ese final del camino, porque llegaremos a él más rápido. Por eso, deberíamos imaginar que podremos despertar una mañana con los años a los que no sabíamos si llegaríamos, con lo que nunca se quiso y ahora se entiende, con los amores sin besos furtivos o pláticas largas, pero llenos de esa magia que nos recargue la esperanza.

Nunca se debe contar el final de un libro. Pero la esperanza de sonreír por la mañana un día y voltear a ver el pasado escrito en esas “Memorias de mis Putas Tristes” mientras se sueña con una muñeca que nunca habla pero que juega con nosotros a través de un lápiz labial resulta extremadamente tentadora. Y si de esperanza se trata, habrá que pensar que, en el fondo, todos queremos quitarnos la incertidumbre de los días que pasan. Sólo teniendo la meta de lo que queremos que pase podremos guardar la fuerza para buscarlo y conseguirlo.

Saludos,
D

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4 comentarios

  1. […] Octavio Paz, Juan Goytisolo, Jorge Semprún o Carlos Fuentes rompieron con la revolución cubana; Gabriel García Márquez, Julio Cortázar o Salvador Garmendia mantuvieron su adhesión. Pero esa es otra historia, sobre la […]


  2. pues a lo que yo he leido se me hace que es una novela muy divertida que relata el enamoramiento de un anciano a sus 90 años .


  3. pues alo que yo he leido se me hace una novela muy intersante al relatar el enamoramiento de un anciano de 90años


  4. pues a lo que yo he leido se me hizo muy interesante y divertida



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