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La Importancia de la Apariencia en Hombres y Mujeres. 2da Parte

agosto 10, 2008

Por: Dr. Enrique Sánchez, Psicoanalista Clínico

La semana pasada revisamos las razones por las que la mujer requiere de llamar la atención más de lo que lo necesita el hombre. A manera de resumen, durante su desarrollo psicológico la niña debe buscar la atención de su padre, a diferencia del niño, que tiene de manera directa, clara y segura el amor de su madre (un amor que se inicia desde el útero.) El amor del padre no es tan directo ni puede darse por sentado, la niña tiene que cubrir una distancia entre ellos, debe llamar la atención del padre desde la orilla opuesta del río. Esta es una de las razones por las que la mujer se ha preocupado, desde siempre, por la belleza externa más de lo que lo ha hecho el hombre.

Claro, hay épocas en las que los hombres se han emperifollado tanto como las mujeres, no olvidemos aquellas pelucas blancas con caras polveadas y labios pintados o incluso los famosos metrosexuales de nuestros días. Sin embargo, esas son modas que vienen y van con el tiempo. La necesidad femenina de mostrarse, de captar la atención, nunca ha desaparecido. Y por cada peluca blanca de un hombre, existía una peluca del doble de altura para la mujer. ¿Cuántos productos de belleza femenina pueden existir, contra los productos de belleza masculina buscados por los metrosexuales? La diferencia sigue siendo vasta.

Aun así, no debemos pensar que toda mujer es femenina por definición y todo hombre debe ser masculino. La psicología profunda divide el desarrollo sexual en tres etapas: el género, la sexualidad y la elección de amor. Una mujer no necesariamente tiene que ser femenina ni necesariamente tiene que inclinarse al amor por los hombres. Un hombre puede ser afeminado y amar a las mujeres. Un hombre puede ser muy masculino y amar a otros hombres. El desarrollo psicosexual otorga a cada quien estas tres características, que comúnmente (aunque no necesariamente) quedan fijadas pasada la época de la pubertad. Si a esto le sumamos que la psicología humana tiene partes de ambos sexos (todos tenemos contenidos mentales masculinos y femeninos), pues entenderemos mejor a qué se deben estas actividades femeninas en hombres y algunas actividades masculinas en mujeres (sí, las mujeres boxeadoras, por ejemplo, tienen un contacto especial con su parte masculina y no por eso dejan de ser mujeres.)

Varias lectoras comentaron, como lo había previsto desde el texto anterior, que la cosa seguía siendo injusta. “Las mujeres siempre lo tienen más difícil.” Tienen razón, en parte. ¿Por qué sólo en parte? Porque soy leal seguidor de la idea de que en este mundo todo lo que pasa se divide en dos. ¿Las mujeres lo tienen difícil? Desde luego, pero eso no hace que el desarrollo psicosexual de los hombres sea un paseo por el parque. Porque, si bien el desarrollo psicosexual de las mujeres es más complejo por los cambios que experimentan (físicos y psicológicos), en ellas no hay un juicio posterior por ninguna de sus dos naturalezas psicológicas.

¿Cuáles son estas dos naturalezas psicológicas? La mujer cuidada y cuidadora. Por un lado, en la búsqueda del amor del padre, desea se cuidada, mimada, observada y atendida. Por el otro, la mujer tiene en sí la naturaleza de la maternidad, lo que la hace, al mismo tiempo, cuidadora, educadora, proveedora, etcétera. Nadie dice nada de estas dos posturas de la mujer. Vayamos a un puesto de revistas para encontrar las dos naturalezas psicológicas: las mujeres posando en traje de baño o vestidos ajustados (la mujer adorada) o las mujeres en revistas de tejido, de familia, de bebés, de novias (la mujer cuidadora.) A la mujer socialmente se le permiten ambos roles. ¿Con los hombres sucede lo mismo? Desde luego que no.

Los hombres también desarrollan estas dos naturalezas. Cuando el hombre es cuidador se le considera masculino, protector, gallardo, y podemos ver al hombre fuerte en revistas de modelos, de carros, de armas, de caza. A ese hombre que sale diario por el alimento, ese hombre que es capaz sexualmente, que protege, que lleva el dinero a la casa y el pan en la mesa, que arregla los problemas y se mantiene fuerte mientras la esposa se siente necesitada. En resumen, el hombre que es cuidador. ¿Pero y el otro, el hombre cuidado? ¡Jamás veremos una revista sobre el “hijo de mami”! Es más, el hijo de mami, en contraposición a la “hija de papi” es uno de los elementos más odiados de la sociedad. No tenemos problemas viendo a mujeres acompañadas por sus padres o mimadas por ellos, es más, nadie se queja de que su esposa corra a los brazos de su padre. ¿Pero el hombre? ¡Cuidado y se le ocurra hablar de mamá! Hasta las prostitutas han sobrevivido durante siglos a un odio acérrimo que los hombres enmadrados no son capaces de torear.

¿Pero de dónde surge este acercamiento con la madre que tan odioso le parece a cualquier mujer adulta con dos dedos de frente? Exactamente del mismo desarrollo del que hablamos en el texto anterior. Mientras la mujer busca al padre como ser amado, llamando su atención y buscando su mirada, el hombre tiene a la madre sin mayor esfuerzo. La relación carnal entre madre e hijo varón no cambia, continúa después del nacimiento. El niño se enamora de su madre y ella se convierte en su base de elección sexual en el futuro, tanto como las niñas eligen a un hombre en la búsqueda inconsciente de “uno como su papá.”

Esto lleva al hombre a un largo y doloroso proceso que puede extenderse a lo largo de toda su vida. Créanme, es doloroso y lleva al desarrollo de muchas patologías y problemas inconscientes que quizá ni siquiera se vinculen con el problema base en su momento. Este proceso es el estire y afloje del acercamiento con la madre y el miedo a terminar en sus brazos. El deseo siempre oculto, como un crimen, de volver a ser protegidos por la madre. El hombre toda su vida lucha contra la dependencia de la madre y, sin embargo, toda su naturaleza psíquica lo obliga a volver a ella (ya sea directamente su madre o cualquiera de sus representantes inconscientes: amigas, esposa, novia, etcétera.)

La mujer que ve en su esposo a su padre-cuidador no tiene mayor problema. Cuidado cuando alguien descubre que el hombre busca en su esposa a su madre-cuidadora. El hombre se convierte al instante en un inmaduro, escuincle poco-hombre, “hijo de mami”, dependiente, y otras tantas cosas bastante feas. Pero en realidad, el proceso no es tan diferente. Incluso en la mujer es más sencillo porque ella tiene que buscar al padre, es un paso que ella da hacia adelante, ella tiene que llamar la atención del hombre. El hombre, en cambio, se ve jalado hacia su madre como un campo gravitacional del que toda su vida desea escapar, aun cuando su mayor deseo (a veces consciente y a veces inconsciente) es correr hacia él. Un ejemplo que me viene sobre esto es la guerra, en donde hasta el soldado más aguerrido, al sentirse totalmente desamparado, llama a su madre a gritos.

¿Y qué hace el hombre en esta lucha? Pues sus defensas no son maravillosas que digamos. Ante este temor y este deseo de volver a la madre, pone en funcionamiento mecanismos de defensa que, si bien le funcionan, han creado uno de los más horribles arquetipos de la historia humana: el machista.

¿Qué pasa cuando el hombre siente este temor del que venimos hablando? Pues tiene que dividir sus dos naturalezas (cuidador y cuidado) a rajatabla. Entonces la mujer de la que es cuidador (su esposa) es la “puta” y la mujer a la que no quiere regresar (su madre) es santa, intachable. El hombre desea hermosa a su esposa porque mientras más sensual y bella, menos le representa a la madre de la que está huyendo. El hombre “cosifica” a las mujeres porque mientras sean objetos sexuales no son su madre y por tanto no sienten el terror de estar volviendo al seno materno. La búsqueda que hacen los hombres de mujeres hermosas y sensuales no es sino la huida de la madre.

“Sí, claro, ¿entonces por qué diantres el machista ve en la virginidad uno de los atributos más deseados?”, se preguntarán. Pues precisamente por la naturaleza de esta lucha. Esta torpe división entre mujer/madre, puta/santa, cuidada/cuidadora, dista mucho de ser pulcra o del todo funcional. El hombre, que en fondo sí quiere regresar a su madre, exige en la mujer la virginidad y pureza que, en la idea escindida, tiene su madre. O bien, nunca falla que se casa con una mujer a la que luego considera “puta” porque la que al principio requirió de ser voluptuosa para no ser su madre, no alcanza después las características fantaseadas de la pureza materna.

En resumen, durante toda su vida el hombre tiene que vivir siendo un cuidador que lucha día a día con el deseo de volverse, de nuevo, cuidado. Pero a la vez, la dependencia y la poca hombría del ser cuidado es para él intolerable y el círculo vicioso no se detiene nunca. De este círculo nacen los machos (que escinden ambas posturas), los poco afectivos (que se quedan mayormente siendo cuidadores) y los detestados “hijos de mami” (que se quedan mayormente siendo cuidados), entre todas las combinaciones intermedias que a ustedes se les ocurran.

Me despido, pero no sin antes desearte que esta noche tengas un sueño que resulte reparador y constructivo.

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2 comentarios

  1. Estimado Dr. Sánchez:

    Encuentro en su escribir de hoy la angustia de la exigencia que pareciera actual, grato es desmentir la vigencia de estas teorías, por razones de crecimiento la mujer ha dejado de buscar al Príncipe Azul que le resuelva todos sus pesares y que la proteja de los monstruos que han venido metiendo bajo su cama las adoradas abuelas en sus cuentos de antes de dormir.

    Aquellos cuentos donde la razón sustancial de la princesa para crecer era esperar Dormida a que alguien “Guapo, fuerte, valiente e indudablemente lleno de riquezas” viniera a despertarle con un beso. . . entregándole así sentido a sus días. . . . Pues…

    Para que achacar lo obvio; el resultado de estas historias tiene por sentado a un gran porcentaje de mujeres sin encontrar al Príncipe Encantador (Que si reparamos en la lista de beneficios automáticamente continuamos con la de las deficiencias del sujeto de nuestro estudio).

    Entonces las que hemos reconocido que el Príncipe Encantador (El muñeco de revista, con marcados tintes de envidia de nuestras vaginas y necesidades maternas) no resuelve la primera necesidad en la mujer de hoy “Tener en tu cama al hombre que comparta tus sueños (no el de ser primera bailarina ó por favor cambien el modelo) no necesariamente por entenderlos más que por verte plena y sonriente al llevarles a cabo, que te permita entrar en su mundo, aquel donde los sentimientos propios y en pareja valen por ser y no por demostrar algo.

    Desafortunadamente en este mundo de aparentar que practicamos por “modernidad” auque es más una historia vieja con herramientas nuevas como Internet y la maravillosa cantidad de páginas para “conocer y enamorarte”, practicamos pues con individuos que no somos, mentiras que ni a nosotros nos creeríamos (menos al interlocutor) y por temor o falta de tiempo cada vez evitamos con más fuerza relacionarnos con el chico que se cruza en el elevador contigo cada mañana o la mujer que sale a correr justo a la misma hora que tú.

    Entonces no es de extrañar que hombres y mujeres renuncien a la libertad que representa el ser uno mismo, con fallas, con genialidades tiernas y con los errores que son evidencia de crecimiento y no de estupidez; Prefiriendo así argumentar lo que ya todos sabemos: Que se puede culpar a nuestros padres de nuestros errores, pero una vez terminada la lista que tenías para justificarte este año QUEDA LO QUE TU QUIERES HACER DE TU VIDA, en ese sentir, ni el maquillaje, ropa o coche del año te llevará a donde deseas.

    Por lo que estudiar el por que nos arreglamos lleva a la consecuencia de preguntarnos ¿Qué haces hoy que te haga sonreír? (No se incluye lo que venga en lata). Que es con certeza lo que te hace más atractivo que una mascarilla de limón y miel.

    A las Princesas y Príncipes que aún existen, favor de reinventar sus historias, no importa cuantas veces cambie el final, lo satisfactorio del cuento el como te envuelve y lo mucho que aprendes de el.

    Con un gran abrazo
    M. J.


  2. M.J.:

    Tengo que discrepar con usted en lo que dice sobre la actualidad, no podemos negar que el “hijo de mami” es aun una de las figuras más odiadas de la sociedad contemporánea (e incluso me atrevería a decir que también de todas las sociedades del pasado) sencillamente porque la visión femenina y masculina encuentran en este conflicto una lucha de intereses infranqueable. La mujer, en la búsqueda del padre, quiere ser cuidada por una figura paterna. El hombre quiere ser cuidado, en la búsqueda de la madre, por una figura materna. Entonces ambos buscan en el otro lo que el otro no está dispuesto a darle. Esto lleva a una lucha en la que socialmente quien debe renunciar a buscar a la madre es el hombre, cuando que la mujer jamás es exigida a renunciar la búsqueda de su padre. Aun la mujer más independiente requiere cuidado, protección y sensación de una compañía fuerte.

    La mujer sigue buscando al príncipe azul, pero de maneras mucho más evolucionadas. Por ejemplo, en la búsqueda de los logros profesionales, la imagen del padre/esposo/fuerza/protección la genera, para el sistema inconsciente, algún otro elemento del sistema vivencial que no necesariamente es un hombre. Puede ser un miembro de la sociedad o incluso una idea. Es intresante una tribu china (le debo a usted el nombre) en la que los niños son separados de los padres hasta lograr la mayoría de edad, pero las historias de sus padres y la ley escrita por los padres llenaban ese espacio paternal que, de manera manifiesta, estaba vacío.

    Yo personalmente creo que las mujeres andan en búsqueda del padre encantador tanto como los hombres andan en búsqueda de la madre encantadora, si me permite usted el término. La diferencia entre la pobre mujer que no vive sin tener a su macho peludo a la derecha y la mujer independiente que busca en su pareja compañía y el compartir un plan de vida es sencillamente un grado de evolución en el proceso psicosexual del contacto con el otro género. Hoy por hoy podemos ver ambas mujeres, aquellas independientes y con una necesidad paterna profunda pero existente y las mujeres que juran no tener vida si no están casadas. En los hombres sucede lo mismo, por cierto. Hay aquellos que pueden tener mil mujeres pero no dejan a su madre nunca (famoso el caso de Mauricio Garcés) y aquellos que tienen una necesidad materna evolucionada que los lleva a poder amar a su mujer sin necesitarla como una reedición del útero materno.

    Estoy totalmente de acuerdo con usted en que cada adulto es responsable de su propia vida. Claro que los problemas psicológicos tienen su origen en los primeros años de vida y las relaciones con los padres, pero hay dos cosas a considerar: la primera es que nacemos ya con ciertas inclinaciones e impulsos que son solo nuestros. La segunda es que, soltada la falda de la madre, lo que resta es hacernos responsables por nuestros propia vida y nuestros propios sentimientos. Renunciar a uno mismo en pos de los demás, tengo la certeza, es una de las mayores patologías a las que el neurótico puede enfrentarse.

    Gracias por su participación y por favor, siga leyendo otros artículos de Carlosdragonne.COM.

    Que tenga buenos sueños,
    Enrique Sánchez



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