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Salud. La duración de la Psicoterapia

agosto 19, 2008

Por: Enrique Sánchez, Psicoanalista Clínico

Es común escuchar críticas sobre la larga duración de una psicoterapia, sobre todo de aquellas líneas de tratamiento más profundas como el psicoanálisis. Actualmente, el surgimiento de terapias más breves, aunado a la creciente filosofía de los logros fáciles, está robándole a la psicoterapia su verdadera esencia.

Encendamos el televisor pasadas las doce o una de la madrugada. Lo que vamos a encontrar son remedios fáciles a problemas difíciles. Aparatos, jabones y pomadas para bajar de peso de manera fácil, sin hacer ejercicio, sin “odiosas” dietas, sin esfuerzo, sin sacrificio. Tales líneas de venta se comunican como promesas y lo peor es que hay quienes llegan a creerlas. Pero peor son las soluciones fáciles a problemas complejos de la vida y los sentimientos, en este caso fácilmente solucionados por pastores religiosos brasileños que, desde su “Santuario de la Fe”, comunican a México la solución fácil por medio de entregar a Cristo la vida y el corazón.

Un amigo mío, católico comprometido, dice que atrapados en la fuerte corriente de un río furioso hay que rezar, pero sin dejar de remar hacia la orilla. Justamente lo contrario de lo que ofrecen estos religiosos, que presentan un complejo entramado de conflictos familiares y afirman que tan solo con visitar a los pastores y entregar su vida a Cristo el problema se esfumó como por arte de magia (o milagro, en este caso.)

“Oiga, pero no me dirá que toda la sociedad está influida por esos anuncios…” No desde luego que no, al contrario, esos productos y servicios religiosos son el resultado de una sociedad que requiere de la rapidez, que busca la facilidad y que no está dispuesta ya a esperar un poco o hacer un mínimo sacrificio para alcanzar ninguna clase de objetivo. Muchas profesiones sufren por esta clase de impaciencia social, si me permiten llamarla así. Desde la música, con grupos de “cantantes” de creación rápida y remuneración asegurada, hasta la medicina, la psicoterapia o incluso los tratamientos de consulta en nutrición.

Si una persona sufre de una enfermedad grave como el cáncer, que requiere de visitas regulares al médico, no tiene el menor reparo en llevarlas a cabo. En cambio, la consulta en nutrición y la psicoterapia son de los dos tratamientos más subestimados por los pacientes en general. Los psicoterapeutas y los nutriólogos, comprometidos con la salud mental o nutricional del paciente, son percibidos como persecutores que nada más quieren dañar al paciente, ya sea cobrándoles mucho, haciéndolos ir una o dos veces por semana, pidiendo datos privados sobre su vida o haciéndolos comer cosas que no les gustan.

Uno de los verdaderos problemas de fondo con estas disciplinas es que no se reconoce la gravedad de lo que ellas curan. Los problemas nutricionales no resultan un problema hasta que las coronarias se tapan con grasa y los problemas de la conducta en ocasiones ni siquiera son percibidos como tal, aun cuando las personas pueden estar pasando por etapas de profundo sufrimiento afectivo.

Cuando finalmente la persona decide entrar a un tratamiento psicoterapéutico o nutricional, entonces el profesional que los atiende se convierte en un malévolo ser que exige de ellos lo que no quieren dar, que sólo desean su dinero, que los hace ir a la fuerza e incluso se llegan a formar ideas de “me hace lenta la terapia para que no deje de pagarle nunca” o de “cada que adelgazo me hace engordar de nuevo para que le siga pagando”. Ideas que son, obviamente, fantasías de persecución que varían de paciente a paciente y que no necesariamente se desarrollan en todos.

Dejo aquí la especialidad en nutrición porque no tengo ninguna experiencia profesional en ese campo y me remito directamente a explicar de manera breve y simplificada el porqué de la larga duración de las psicoterapias de verdadero funcionamiento. Digo esto porque allá afuera hay muchas líneas de tratamiento psicoterapéutico que presumirán tratar las problemáticas en diez o quince sesiones, afirmando al mismo tiempo que las terapias largas son algo del pasado, que se quedaron en la edad de piedra junto a sus formulaciones teóricas, supuestamente superadas y obsoletas.

Antes de seguir, no hago menos la terapia breve y de emergencia. Hay problemáticas psicológicas que no requieren tratamientos largos, o motivos de consulta que, una vez superados, no necesitan del seguimiento de la terapia. Sin embargo, la psicoterapia hace más que cambiarle el aceite al motor, es una afinación completa.

El cerebro es el órgano más complejo del cuerpo humano, sin duda alguna; un órgano que a estas fechas aun no se conoce del todo. Más complejo se convierte en sus dos divisiones, la biológica y la psicológica. Porque el cerebro es neuronas, electricidad y fenómenos bioquímicos; pero también es pensamiento, ilusiones, metáforas, introyecciones, proyecciones, comprensiones y muchas otras cosas que no se pueden extirpar o ni siquiera ver claramente.

“Pero los pensamientos, las fantasías y los sueños los conocemos”, pudieran decir. Desde luego ¿pero qué significan? El contenido real de los problemas psicológicos y de conducta se encuentra en el inconsciente. La existencia de esta instancia, el inconsciente, ya es aceptada por la mayoría de la comunidad científica en general, es la base de muchas de las líneas de tratamiento psicoterapéutico e incluso las religiones han aceptado su influencia en la mente humana.

¿Cómo dificulta esto el tratamiento psicoterapéutico? Pues bueno, básicamente el inconsciente es inaccesible. Una persona no puede saber lo que hay en su inconsciente, lo que hace compleja la curación de los padecimientos psicológicos, no es fácil decir “oiga, doctor, me duele aquí” si no sabes qué es lo que duele, ni mucho menos tienes la certeza de qué es un “aquí.”

El psicoterapeuta debe llegar al inconsciente por medio del consciente, reconstruyendo el pasado del paciente, pasado del que muchas veces el paciente no está enterado. Hay herramientas psicológicas para lograr esto, pero cada ser humano es único e irrepetible, la aplicación de estas herramientas requiere de gran habilidad y no se pueden aplicar todas igual con diferentes pacientes.

Aunado a esto están las resistencias del paciente. No debemos dudar ni por un segundo que el paciente se resistirá, consciente o inconscientemente, al tratamiento. Resistencias conscientes como el no querer pagar o el dejar de ir; resistencias inconscientes como llegar tarde, olvidar las sesiones o no tener nada que decir durante el desarrollo de las mismas. El terapeuta debe luchar contra estas resistencias.

Pero, como si fuera poco, la relación psicoterapéutica no tiene absolutamente nada en medio. No hay un bisturí, unas pinzas, un tablero de letras pequeñas, una linterna, un taladro de diamante… la relación psicoterapéutica es un vínculo entre dos personas. Esto hace que la terapia requiera, de parte del paciente, la construcción de una confianza y un pacto con su psicoterapeuta. Sin estas características no se puede trabajar de manera eficiente.

Entonces sume usted: la construcción de la confianza, la apertura hacia el terapeuta, el hallazgo y combate de las resistencias, la reconstrucción del pasado y la búsqueda de los elementos inconscientes que estén causando los sufrimientos psicológicos del paciente. Quizá se empezará a dar cuenta que no es algo que pueda lograrse en diez sesiones. No de manera real y eficiente. Por cierto, los pasos puestos arriba no son lineales, hay momentos en los que ya entrados en la búsqueda del inconsciente vuelven las resistencias, se pierde la confianza, se reinstauran los mecanismos de huída.

Además de todo esto, el inconsciente y su influencia en la conducta no son contenidos que salgan a la superficie con facilidad pues aun vencidas todas las barreras queda muchísimo trabajo por realizar. Ahora me dirá usted si el tratamiento psicoterapéutico real puede ser corto. Si lo quiere corto, entonces no funcionará de la manera adecuada. Si quiere que funcione de la manera adecuada no será corto ni será un paseo por el parque. No porque a los terapeutas nos convenga, sino porque sencillamente así funciona la mente.

La próxima vez que piense en la longitud de una terapia, recuerde que son sus elementos los que la hacen larga. No podemos pedirle a un cirujano plástico que reconstruya una nariz en media hora. La operación toma el tiempo que toma, sin cuestionamientos. La psicoterapia también. Respetémosle a la clínica psicológica lo que respetamos, sin problemática, en otros tratamientos clínicos y/o médicos.

Me despido, pero no sin antes desearte que esta noche tengas un sueño que resulte reparador y constructivo.

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5 comentarios

  1. doctor sanchez. seguramente usted debe entender que no es tanto la facilidad sino la epoca actual la que nos lleva a buscar la terapia breve. no es berrinche ni nada por el estilo, mas que nada es porque el mundo actual ya no es como en el siglo pasado en donde todo podia tomarse su tiempo, ya no hay tiempo, el estres de la vida no lo permite. le mando un saludo. toño.


  2. Toño:

    Comprendo su argumento totalmente. Pero no porque cambien el estilo de vida cambia el proceso de tratamiento. Es como si le pidiéramos a la varicela o al virus común de la gripa que nos enfermara durante menos tiempo, porque nuestra nueva vida acelerada no nos permite estar en cama durante más de medio día.

    Si bien nuestro tipo de vida cambia, el sistema psicológico no ha cambiado durante siglos (como no ha cambiado el funcionamiento de ningún órgano). No exijamos al cerebro (y sus contenidos psicológicos) lo que no le exigimos al corazón o al páncreas (funciona diferente porque la vida allá afuera ya es diferente.)

    Como lo mencioné en el artículo, el tratamiento no dura lo que el psicoterapeuta quiere, sino lo que los propios procesos mentales permiten. Y esos, tristemente, no podemos acelerarlos o cambiarlos ni nosotros, ni los psiquiatras ni los neurólogos.

    Le agradezco sus comentarios y por favor, no deje de visitar Carlosdragonne.COM.

    Que tenga buenos sueños,
    Enrique Sánchez.


  3. Es cierto que las terpias son prolongadas. Pero es una situacion cromatica pasar de un momento de tratamiento a uno de no tratamiento? Que es lo que marca la diferencia? Justo hoy deje de ir a terapia, fui 8 meses y m dieron la opcion voluntaria de seguir yendo o no, pues comence a hacerlo ksi x obligación. Me fui xq tngo la idea d q es factible que se me genere algo asi como “terapia dependencia” y quedarme en un camino de no solución, sino de mayor conflicto, puesto q creo q me involucro dmasiado con la terapeuta, pues no se si hay un punto que marqu el margen admisible de cariño que se le puede tener, y tampoco quiero seguir yendo “por acostumbramiento”. Sucede?


  4. Verónica:

    A la brevedad, el Dr. Sánchez contestará tu duda. Saludos,
    D


  5. Verónica:

    Mi respuesta será larga, pero quiero contestar a todas tus dudas.

    ¿Pasar de un momento de tratamiento a uno de no-tratamiento? Puede darse por diversas causas. En muchas ocasiones el terapeuta y el paciente fijan un objetivo claro desde el inicio del tratamiento. Alcanzado dicho objetivo, el tratamiento termina. Otro caso es el del paciente que siente que ha alcanzado sus objetivos o siente que los síntomas que lo llevaron a terapia han desaparecido. Todo ello depende del tipo de terapia, no será igual la finalización de la terapia gestalt que la terapia psicoanalítica, por ejemplo.

    Sobre lo que dices de la opción voluntaria, eso es siempre. La psicoterapia se basa en la capacidad de maduración y decisión del paciente, por lo que el terapeuta no puede obligarlo a nada. Todo es por decisión, todo es por deseo del paciente. Una psicoterapia sin el deseo profundo y comprometido del paciente sencillamente no funciona. Lo que es llamado la “alianza con el terapeuta” sólo puede darse desde el deseo consciente y comprometido con el tratamiento.

    El tema de la dependencia a la terapia es un tema constantemente cambiante. En ocasiones los pacientes deben depender, es parte importante del tratamiento y la cura. En otras etapas del tratamiento la dependencia termina. Es el trabajo del terapeuta no permitir la construcción de una dependencia patológica, a la vez que debe enseñar al paciente (si su caso así lo requiere) a poder construir una dependencia adulta, enseñar al paciente que la independencia total no existe. Finalmente, también depende mucho del paciente la entrega hacia la dependencia, no todo es causado o provocado por el terapeuta. Incluso la dependencia del paciente hacia el terapeuta puede ser parte de su patología, asi como enemistarse con el terapeuta, enamorarse de él, etc…

    Sí, lo que dices sucede. La relación agresiva o amorosa puede darse, sin duda. En ocasiones es necesario que se dé para poder descubrir los contenidos inconscientes. Lo importante es que, si se da una relación de enamoramiento u odio hacia el terapeuta, se hable con él de ello, pues así ayudaremos al profesional a arrojar luz sobre partes oscuras de nuestra mente.

    Espero que haya respondido a tus preguntas y si te quedó alguna duda o deseas una áclaración de mi parte, no dudes en comentarlo por este espacio. Y por favor, sigue visitando regularmente Carlosdragonne.COM.

    Que tengas buenos sueños,
    Enrique Sánchez.



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