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Libros. Arráncame la Vida (Mastretta)

octubre 5, 2008

Les mentiría si les digo que leí este libro hace años, cuando estuvo en su apogeo. La realidad es que, hace unos días que publicamos aquí el trailer de la cinta Arráncame la Vida de Roberto Sneider, me topé con el libro de manera casi casual y, por respeto a la cinta y la historia que está contando, lo abrí para devorarlo antes de meterme al cine a ver la adaptación, de la que les tendré los pormenores el día de mañana. Pues bien, evitando los libros con portada de película -que, como dice Enrique Lores, demuestran una derrama creativa digna de terapia de choque- me aventuré a viajar a la Puebla de finales de los 20 y principios de los 30 para conocer a Andrés Ascencio, Catalina Guzmán y, unos años después, a Carlos Vives en una historia de amor, entrega, pasiones -unas exacerbadas, otras reprimidas- que se centra en un periodo de la historia nacional que nos duele por brutal y que nos definió como país. ¿Mis impresiones? Sigan leyendo

Arranquemos -y no la vida- con lo bueno de la obra. Angeles Mastretta -de quien también es recomendable Mujeres de Ojos Grandes– nos hace un retrato muy sólido del México posrevolucionario en el que los caciques estaban en su máximo nivel y en el que la cultura del hombre sobre la mujer aún era el día con día de abuso emocional que era, lamentablemente, tan normal en esos días. México es visto no a través de los ojos de Andrés Ascencio, pues él representa a ese México, sino a través de Catalina Guzmán, poblana pueblerina que tendrá que entender que la vida le pega a uno todos los días con la realidad, que no hay mucho que hacer para escapar de ella y que, a veces, el amor lo agarra a uno por la espalda y sin aviso. Catalina Guzmán representa esta inocencia de todo un pueblo que fue arrastrado a la revolución sin previo aviso y que, antes de darse cuenta, ya había salido de ella, empoderando detrás del maquillaje de la victoria, a personajes tan o más tiránicos que los viejos dictadores, salvo por el hecho de su carisma y su constante seducción. Por eso Andrés Ascencio se convierte de Andrés a Mi General con una facilidad que no sorprende pero sí abruma. Porque parece una hermosa analogía de la velocidad con la que el pueblo de los años 30 decidió entregarle su suerte a viejos caciques que sólo supieron cambiarse de uniforme a tiempo para entrar en la nueva fotografía de los salvadores y revolucionarios de la patria, dejando en la misma miseria ideológica, económica, política y social al país. Detrás de los discursos de aquellos viejos políticos estaban las carencias y necesidades afectivas de un pueblo numeroso y sin rumbo, al igual que una Catalina que se entretiene engañándose con las múltiples justificaciones cínicas y sin pudor de un Andrés Ascencio que todo mundo señala con dureza pero nadie con el valor suficiente de hacerlo de frente. Catalina es este fantasma detrás de las consecuencias de una ignorancia y una inocencia desmedidas que tendrán que irse rompiendo con el paso de los años y a través de los mismos golpes que sorteará. El problema es que, como todos, Catalina se queda prendida en el torbellino que representa el cambio y la entrada a la vida política de Puebla para luego darse cuenta de que ya no podrá escapar tan facilmente como lo habría hecho en un principio, en claro juego a este torbellino de derechos políticos que fuimos ganando como sociedad al mismo tiempo que, sin medir las propias consecuencias, entregamos el poder a un grupo político que se encargó de minar nuestras posibilidades de desarrollo y se burló en nuestra cara tras ello.

Pero no todo está perdido. Aún hay una especie de esperanza de encontrar el amor y la pasión incontrolable, como siempre la ha habido de descubrir en esa oposición natural los ideales que tanto tiempo atrás se quedaron atorados. Carlos Vives es el amante, ese hombre que puede tocar a Catalina y recordarle el escalofrío de la primera lección de amor de aquella vieja gitana -hermosa escena del libro que no olvidarán por su símbolica crudeza-, esa voz que tiene el coraje suficiente como para hablar al mismo nivel con el General. Carlos es ese cinismo seductor -sí, como Andrés, pero más honesto y directo- que tratará como igual a Catalina para decirle la cosa más simple del mundo mientras la pinta de amarillo por los pétalos de cempazuchil y rogarle que cuando muera lo entierren entre esas flores que ahora le huelen a Catalina. Carlos es, en otras palabras, esa oposición naciente y deseada de una sociedad que se sabe comprometida con el peor elemento y busca, con urgencia y desesperación, cualquier otra institución que le salve de las garras del viejo conocido al que, aderezado con la falta de amor y con una nueva pasión nacida en los ojos de otra persona, ahora le podemos encontrar mil defectos y lugares comunes que no estamos dispuestos a seguir soportando sin un aliciente que, al menos, nos transporte fuera de la peligrosa monotonía. Ese debe ser el mayor mérito de Ángeles Mastretta: contando una historia de amor y de pasiones extraordinarias, nos hace también un recorrido por el México bronco posrevolucionario en el que aún no terminamos de encontrar el sentido de país y de sociedad para sobrevivir la turbulenta década de los 30. A partir de ahí, las conjeturas políticas y los nombres reales con los que podemos jugar a adivinar son lo de menos. En medio de la crónica de estos 15 años, Catalina nos platicará en viva voz sus momentos junto a Agustín Lara y el entramado para llegar a ser presidente que Andrés esta intentando desde el día uno. Y, en el proceso, Caralina crecerá para seguir pidiendo a gritos esa pasión que por años la abandonó y, de un día para otro, en manos de un joven director de orquesta, pareció regresar con todas sus fuerzas.

Arráncame la Vida es un buen libro. Quizá no es el mejor libro que he leído y, definitivamente, se queda muy corto para quienes han asegurado -sin que yo logre comprender por qué- que Angeles Mastretta es la Isabel Allende mexicana. Tildar la obra de esa manera ya me parece una franca exageración patriotera. Porque, más allá de los simbolismos, no podemos obviar que la novela también sufre de mucha repetición y llega un punto en el que uno quisiera que Catalina no fuera tan evidentemente estúpida o que Andrés no jugara a ser tan impactantemente cínico. Los personajes, eso sí, están desarrollados con inteligencia y responsabilidad. Más allá de los tres principales -que ya definimos en parrafos anteriores-, se disfrutan mucho los personajes que acompañan al matrimonio en los 15 años de historia y las relaciones que se van fincando con ellos. Y también aquellos nombres esporádicos con los que uno juega a adivinar en qué personaje específico de la historia de nuestro país está basado. Podría contarles mucho de lo que sucede conla evolución del personaje de Catalina y de Andrés pero sería imposible hacerlo sin contarles partes específicas y muy importantes de la trama.

En resúmen, Arráncame la Vida es un libro que no decepciona pero que no está dentro de la categoría de básicos e infaltables. El estreno de la película es una buena oportunidad o un buen pretexto para darle una lectura y disfrutarlo o, en su caso, cerrarlo y pasar a otras cosas. No podemos decir que tenga una trascendencia absoluta o extraordinaria pero, sin duda, no es una pérdida de tiempo.

Calificación: 7
Recomendación:
Si tienen pensado ver la película, léanlo antes. Si no, bien pueden pedir que se los regalen en alguna festividad cercana o pídanlo prestado a su lector compulsivo más cercano.

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4 comentarios

  1. ese titulo no es digno de utilizar el mismo de la cancion de agustin lara:

    http://acidconga.com/queda-poco-que-arrancar/


  2. Mira, te me adelantaste a la idea. :>

    Yo también pensaba en poner en mi blog una reseñita de este libro (porque la película la mera verdad se me antoja para video, si acaso), pues lo leí por allá a finales de los 90. Aunque mira, probablemente yo lo despedazaría. Lo detesté entonces y no estoy segura de cómo me lo tomaría ahora… me parecía Guadalupe Loaeza en tiempos post revolución o algo así. Pfffff…

    Fíjate que no me había fijado en el contenido simbólico que señalas… definitivamente voy a releerlo a ver si cambio de idea sobre él. Aunque cada que lo veo en librerías me sigue doliendo el codo (lo leí porque una amiga me prestó su ejemplar e insistió en que lo hiciera).

    De Mujeres de ojos grandes… bueno, sólo he leído algunos cuentos (porque no logro encontrar el libro completo), y esos pocos los he odiado también. Si encuentro quién me lo preste, pues a reseñar se ha dicho también.

    De Arráncame, no tuve ninguna simpatía por el personaje de Catalina. Más que tonta, se me hizo muy cobarde… se la pasa anhelando cosas pero se le hace más fácil ponerle los cuernos al marido que abandonar la vida de lujo y comodidades que le ofrece un matrimonio semejante. Otra vez, pfffff…

    (¿Por qué rayos se llama a este libro “feminista” cuando sus mujeres son tan pasivas, y por qué mi autor favorito, un inglés nacido en Sudáfrica que hacía fantasía, ha sido acusado repetidamente de machismo cuando sus mujeres se atreven a dejar su casa y luchar por lo que realmente quieren?)


  3. este fue uno de los tantos libros k mi mama me prohibio leer cuando eran mas chica. yo tenia solo 15 anos y resulttaba fascinante el leer un libro “prohibido” mi ma comento alguna vez k este libro staba absado en hechos reales y me gustaria saber mas al respecto,les agradeceria info 🙂


  4. es el mejor libro que e leido en toda mi vida



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