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Salud. Algunas aclaraciones sobre el proceso psicoterapéutico

noviembre 24, 2008

Por: Enrique Sánchez, Psicoanalista Clínico

La psicología profunda (y con ella la psicoterapia) llegó al mundo apenas hace unos cien años, aproximadamente. Sí, hubo intentos en el pasado por tratar las enfermedades mentales, pero la revisión de cualquier libro nos mostrará que antes del siglo XIX las patologías psicológicas eran reservadas y tratadas como la lepra en el mejor de los casos o bien señaladas como posesiones de espíritus metafísicos, en el peor de los mismos.

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Por ello, no es nada raro que no exista aun en nuestro mundo una verdadera cultura de la psicoterapia. Países como Estados Unidos, Francia y Argentina están dando pasos importantes en este camino, y allá un psicoterapeuta ya no es un “loquero”, sino un profesional de la salud mental tan necesario y/o útil como cualquier otro especialista clínico.

En México, aun hay muchas personas que piensan que la psicoterapia es sólo para los locos. La gente dice: “no estoy tan loco como para ir a psicoterapia” demostrando un total desconocimiento del proceso psicoterapéutico, que de entrada está diseñado para las personas neuróticas y no para las psicosis más graves (los “locos”, si nos vemos forzados a usar el feo término.)

Uno de los topes que me he encontrado en cuanto a la reticencia que las personas tienen hacia la terapia tiene que ver con la dependencia. Las personas al parecer creen que el psicoterapeuta les creará dependencia y se asustan por ello, no desean estar en terapia la vida entera. Nadie se preocupa de la dependencia a los psicofármacos o a las medicinas que mantienen el corazón funcionando correctamente, pero la psicoterapia es un tratamiento al que la gente verdaderamente teme a volverse dependiente.

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Primero vamos con la mente de los seres humanos. En la enorme mayoría de los casos, este argumento de “no quiero la dependencia” es sólo una manera de entender racionalmente un temor que llega más profundo y que va más allá de la lógica. El psicoterapeuta da miedo… de hecho es el experto de la salud más temido, aun por sobre el dentista, lo que ya es mucho decir. Vamos a terapia a que un extraño escuche nuestros secretos, nuestros más hondos deseos, a mostrarle sin límite nuestro lado más oscuro. ¡Es claro que nos da miedo! Miedo de lo que el otro pueda pensar, juzgar y señalar… pero aun más miedo de ver esa parte de nosotros que preferiríamos dejar encerrada en una oscura mazmorra.

¿Estos dos temores son fundados? No en realidad. En primera, porque el psicoterapeuta no es sacerdote, profesor de secundaria ni guía moral. El psicoterapeuta no juzga, no señala, no piensa “que persona tan torpe” ni “ah, ¿cómo se le ocurrió hacer esa cosa tan mala?” No. Porque la moralidad de un acto no es parte de la terapia, porque el bien y el mal no son parte de la terapia. Lo humano, lo psicológico… eso es la base de la terapia. Si un paciente se pelea con su esposa no juzgamos si está mal o bien, quién tiene la razón o la culpa. Investigamos los detalles y encontramos los mecanismos que llevaron a esos problemas, los hacemos ver al paciente y, sobre todo, le hacemos ver SU parte del problema para que pueda empezar a corregir su vida desde él, no desde el otro. El psicoterapeuta no dice a su paciente qué tiene que hacer, no le da consejo, no le deja tarea, le dice lo que está pasando y respeta lo que su paciente decida hacer al respecto, ya con la información completa en su cabeza.

“Oiga, pero el ver nuestro lado oscuro sí es de dar miedo”, podrían objetarme y tendrían razón. Da miedo. Enterarnos de nuestros lados más tétricos, de nuestros núcleos enterrados, de los sentimientos reales que escondemos sin darnos cuenta… Todo eso puede darnos miedo. Pero caramba, también da miedo que a uno lo abran en dos pedazos para operarlo del corazón y sin embargo lo hacemos porque ahí está la cura. En el caso del tratamiento psicoterapéutico, ¿cómo pensamos limpiar nuestros cajones si no los abrimos en primera instancia?

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“Pero óigame”, me podrían seguir diciendo, “si yo hablo mis problemas, ¿no puede hacerme más daño, no es mejor olvidarlos?” La respuesta es NO, rotundamente. Se cree, tristemente, que ocultar los sentimientos, tragárselos, es una manera de mantenerse “sano” y actuando correctamente. Se le dice a una persona que llora amargamente que “se tranquilice”, a un ser humano furioso que “se calme o le hace daño”. Al contrario, los cien años de investigación en psicología profunda han demostrado que todos los afectos que no se desahogan saldrán por otras vías. Cada enojo contra nuestro jefe que nos tragamos saldrá contra nuestras esposas. Si no sale contra nuestras esposas, entonces podemos chocar, tropezarnos, lastimarnos. Si no sale ni así entonces se hará presente en el cuerpo, en una semana tendremos intensos dolores de cabeza, gastritis, padecimientos musculares, manchas en la piel, granos, erupciones y todo lo que ustedes se imaginen.

Claro que una cosa es desahogarse y otra cosa es saber cómo y dónde desahogarse. Es un acto infantil que un hombre despedido empiece a soltar improperios en el vagón de metro en donde viaja. En saber controlar el desahogo se encuentra también la madurez psicológica. ¿Y cómo hacer esto, qué es un correcto desahogo? El poder comunicar, clara y directamente, lo que se siente. No a un oído desatento o ignorante, sino a un oído capaz de escuchar, de sentir lo que sentimos, de ser el respaldo de nuestros sentimientos. Hablarlo antes de actuarlo. Decir lo enojados que estamos antes de romper la puerta a patadas, por poner un ejemplo.

La psicoterapia no sólo es ese espacio de escucha y comprensión, sino que además tenemos que sumarle que no hay juicios de moral, ni gestos de desacuerdo. Hay una comprensión no sólo como si lo platicáramos con una buena amiga, porque en terapia se escucha con una técnica y un conocimiento de los mecanismos que están poniendo en funcionamiento. “Te entiendo”, nos dice un amigo que escucha con bondadosa y honesta paciencia, pero la realidad es que no entiende nada. ¿Comprende qué llevó a la persona a cometer tal o cual cosa, a sentirse de tal o cual manera? A lo mucho podrá saberlo de manera consciente… lo que es un problema si tomamos en cuenta que 80% del comportamiento tiene su base en el inconsciente.

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La semana próxima recuperaré el tema de la dependencia hacia la psicoterapia y profundizaré un poco en ello. Del mismo modo, pido a nuestros lectores me envíen cualquier pregunta que tengan o me indiquen que tema sobre psicología y psicoterapia les interesa, de modo que en otros textos pueda ir desarrollando todo ello que necesita saber el lector de CarlosDragonne.COM

Mientras tanto, te deseo que esta noche tengas un sueño que resulte reparador y constructivo.

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3 comentarios

  1. Justo, leyendo su artículo me doy cuenta que tal vez no necesito la terapia de hipnosis, complicado, pero quisiera saber si para un desorden alimenticio funciona mejor otro tipo de terapia.

    Gracias.

    M.G.


  2. M.G.:

    Dependiendo de su desorden alimenticio podría recomendársele cierto tipo de terapia. Para algunos desórdenes no muy profundos la hipnoterapia funciona.

    Si los problemas son más profundos y complejos, quizá hasta el extremo del peligro físico y mental, el psicoanálisis es recomendado en conjunción con terapia psiquiátrica.

    Aunque para ello debe usted visitar a un experto de la nutrición y la salud mental. Los padecimientos psíquicos no son generalizables y lo mejor es visitar a un especialista y tomar en consideración sus consejos.

    Que tenga buenos sueños.

    Enrique Sánchez


  3. Un artículo grandioso. Tan claro como el agua y tan profundo como el océano.



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