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Salud. ¿Es la navidad una época deprimente?

diciembre 27, 2008

Por. Enrique Sánchez, Psicoanalista Clínico

Es muy común encontrarse con gente que odia la Navidad, gente que es comúnmente llamada “Grinch”, en honor del famoso personaje del Dr. Seuss que deseaba echarle a perder la Navidad a todos los habitantes de su pueblo. Y estas personas no son pocas, cada vez nos enteramos de más amigos, familiares y conocidos que odian esta época final del año. Las razones psicológicas del odio a la Navidad son muy diversas y aquí trataré sólo algunas de las más comunes.

1951-xmas-humbug-scroogeLa primera de ellas es que la Navidad es una época de unión familiar. México es un país de tradiciones católicas, creamos o no, practiquemos o no. Los mexicanos, sigan la religión que sigan se unen en Navidad; no necesariamente a celebrar el nacimiento de Jesucristo, sino sencillamente a estar juntos con su familia. Para algunos esta reunión es una maravilla, otros la odian como una cena a la que se ven arrastrados por medio de chantajes o una sonrisa que brilla sólo en Navidad para estar ausente el resto del año.

En este caso, muchas personas ven en la Navidad una reedición de la dependencia infantil, en la que vuelven al seno materno a que mamita los alimente y les sirva su cena como en tiempos ya dejados atrás: o quizá, tiempos que no han quedado atrás y que sólo intensifican el sentimiento de dependencia que, aun sin la Navidad, los hace padecer día tras día.

Otros sencillamente no soportan que su familia sólo tenga una actitud de alegría y apertura un día determinado del año sin que esta actitud se mantenga el resto del día. La Navidad se torna, pues, en un acontecimiento de hipocresía, falsedad y sentimientos forzados. En la cena navideña todos se aman, abren sus sentimientos y prometen no repetir las agresiones del pasado… aunque dos días después vuelvan al camino acostumbrado.

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Una razón poderosa para el odio hacia la Navidad es la pérdida de un ser querido. Ya sea una pérdida como la muerte o una pérdida como el divorcio o la separación, la Navidad es el símbolo de la unión familiar y la falta de un miembro se siente con mayor intensidad en esta clase de celebraciones. Si es la primera Navidad desde la pérdida, o desde el divorcio, la celebración se torna aun más complicada. Para las familias o las personas que viven este caso, la Navidad representaba una unión perdida, la presencia de un ser querido que, antes presente, ahora ya no está. La Navidad es, pues, el recordatorio de la pérdida, la reedición de la soledad, la vivencia de la ausencia con una percepción más despierta de ello.

Pero no sólo la pérdida de un ser querido es lo que puede deprimir a muchas personas en la Navidad. No olvidemos también el hecho de que la Navidad es el claro símbolo de un año que ha muerto, un año que se ha terminado. La Navidad es el día escogido por la tradición para simbolizar el momento de sopesar lo que el año representó. ¿Fue un año de triunfos y placeres o resultó ser otro puñado de meses en los que seguimos trabajando sin caminar hacia adelante, en los que perdimos más de lo que ganamos? Al final del año, la Navidad nos recuerda que somos doce meses más viejos. Suena obvio, sí, pero en el símbolo psicológico es un año que nos acerca más a la muerte y eso lo hace difícil de entrada.

Aunque la religión cristiana que abarca nuestra tradición y cultura mexicana subraya la Navidad como un momento de alegría y de renacimiento (el nacimiento del Salvador), es en realidad una época de muerte. La muerte de un año, la muerte de los propósitos, el final de los días sin mayor oportunidad de poder recuperar el tiempo perdido, la vida vivida sin intensidad, un año más en el que no hicimos más que trabajar sin ponerle pasión a la vida.

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El año ha fallecido, el año ha terminado y nunca más se podrá volver a vivir. Ha quedado atrás y el sentimiento de nostalgia puede también hacer mella, sobre todo en la gente mayor, que recuerda las Navidades de sus años mozos, cuando todo “era mejor”, cuando sus padres estaban presentes y la vida era mucho más fácil.

La Navidad es una época que requiere de muchas compras, muchos adornos y muchos Santa Clauses en las calles para distraer a la gente de lo real que es la depresión que a muchos invade en estas épocas. El vino y la fiesta lograr distraernos de lo que no pudimos hacer, de que seguimos viviendo hacia adelante sin poder dar un paso atrás, corregir los errores y seguir adelante con un mejor camino.

“Oiga”, podrían decirme, “habla usted como si todos hubiéramos tenido un año espantoso”. Y tendrían razón. También hay quienes toman la Navidad y el fin del año como una oportunidad, como un nuevo comienzo, como la manera en la que se puede reiniciar en los intentos, en la pasión por la vida, en hacer en el año venidero lo que no se hizo en el anterior. La Navidad para muchas familias representa ver a los seres queridos que no pudo ver durante todo el año porque las circunstancias no lo permitieron. La Navidad, para la gente sana, es una reunión más en la que la familia se sienta alrededor de la mesa a sonreír y compartir historias y sentimientos. Una reunión más como la de todos los días, sin hipocresías, sin falsedades ni sonrisas postizas.

depression_by_thirsty5Esa es la Navidad que debemos buscar. Una Navidad en la que estemos alegres seamos o no cristianos. Alegres porque estamos vivos, porque estamos sanos y porque estamos con nuestros seres queridos. Podemos ser “Grichs” de la Navidad en la medida en la que nosotros lo busquemos y el estado de ánimo con que nos tomemos la fecha, podemos usarla para llorar a nuestro ser querido o para recordarlo; para ver en el divorcio el rechazo y le pérdida o bien la oportunidad de buscar un nuevo amor.

Sí, hay Navidades difíciles. Pero su dificultad y el símbolo que ella encarna tienen la fuerza y el poder que cada uno de nosotros le ponga. Ni más, ni menos.

Me despido, pero no sin antes desearles que tengan esta Noche Buena un sueño que resulte reparador y constructivo.

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One comment

  1. Estimado Dr. Sánchez:

    Justo estas fiestas he decidido tomar vacaciones, debo confesar en un berrinche de la navidad que se aproximaba, pues bien, sin tener eso en mente he descubierto a muchos infelices y otros no tanto por estas fechas.

    Este es un reconocimiento para aquellos que, sin necesidad de un abrazo o beso fingido de la abuela que no ven en todo el año, deciden DISFRUTAR los días que son disfrutables, así un exhorto pues a los que padecemos estas fechas, la constancia como en todo, nos hará buenos en esto también.

    Gracias por explicarnos al Grinch que seguro (Al menos en parte) todos llevamos dentro.

    Una sonrisa.

    M. G.



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