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DVD. House of Flying Daggers (Yimou, 2004)

enero 16, 2009

Con esta cinta arrancamos una larga lista de DVD’s pendientes de crítica en CarlosDragonne.COM. Y lo hacemos con este título porque bien vale la pena arrancar con el pie derecho con una película que pone en claro tres cosas fundamentales. 1. El cine chino tiene historias hermosas que pueden ser contadas con magistral delicadeza; 2. Zhang Yimou es, quizá, uno de los tres mejores directores que hay en ese lado del planeta; y 3. Hollywood tiene aún mucho que aprender. Esto es Shi mian mai fu o, si lo prefieren en su título internacional, House of Flying Daggers.

hfdLa película nos ubica en los años en los que el reino de la dinastía Tang está en franca decadencia y una organización secreta, conocida como “La Casa de los Cuchillos Voladores” se levanta para oponerse y luchar contra el gobierno. En un rincón del país, el oficial Jin (Takeshi Kaneshiro) busca descubrir quién es el nuevo líder de la organización y terminar, de una vez por todas, con este grupo. Para ello, buscará ganarse la confianza de una joven bailarina llamada Mei (una cada día más hermosa Zhang Ziyi) quien, según Jin y su capitán Leo (Andy Lau) es la hija perdida del líder recientemente asesinado por el gobierno quien, tras la muerte de su padre, decidió abandonar la organización y buscar venganza. Cuando Mei es arrestada, Jin la libera para iniciar su misión encubierta y ganarse la confianza de la chica quien podría guiarlo a terminar con este grupo de asesinos y conspiradores. Juntos, Jin y Mei, atravesarán los campos y paisajes de China en espera de huir de los soldados del reino que los persiguen pero, en el camino, las cosas habrán de complicarse más de lo que todos creían. El amor, la lealtad, la traición y la búsqueda de la verdad estarán en donde menos lo imaginaron. Hasta ahí con la sinopsis porque quienes no la hayan visto tienen que salir corriendo a su videoclub más cercano ahora. Vamos a la crítica. Lo haremos conforme a los tres puntos que les puse al principio del texto.

1. El cine chino tiene historias hermosas que pueden ser contadas con magistral delicadeza. Una de las culturas con más leyendas y cuentos tradicionales es, precisamente, la cultura china. Y el cine de ese país ha sabido aprovechar ese factor para entregarnos un género cinematográfico que ha trascendido a algo más allá que un simple cine de artes marciales. Detrás de las elaboradas secuencias de acción y peleas que vemos en cintas como Ying Xiong (traducida como Hero y protagonizada por Jet Li) o Huo Yuan Jia (también protagonizada por Li y traducida como Fearless), hay una intrincada y muy cuidada historia por contar. Hay un guión digno que tiene varios méritos difíciles de encontrar en otras cinematografías. Los escritores no tienen miedo al silencio, pues las palabras que se dicen en la cinta son las exactas, logrando que haya secuencias muy largas sin diálogo que nos permiten observar en toda su magnitud lo que está ocurriendo en pantalla. Esto no es casual. El cine de Yimou se caracteriza por incluir a los paisajes, la dirección de arte y el vestuario como parte importantísima de la historia, elevándolos de simples elementos a extensiones irrenunciables de los personajes o, en el caso de los paisajes, volviéndolos un nuevo personaje que atestigua las escenas. La historia por contar es una simple historia de amor entre dos opuestos, como muchas de las historias que conocemos y que hemos visto una y otra vez en el cine. Son dos personajes que, sin pensarlo y sin sospecharlo, se enamoran en el peor de los momentos y en el lugar más equivocado. Pero, como hemos dicho en muchas ocasiones, es el cómo contar la historia lo que verdaderamente importa. Aquí, Yimou se sirve de dos extraordinarios actores que llevarán el peso de las imágenes y que, con una simple expresión, sin palabras inútiles o sobrantes, nos demostrarán lo que el escritor quiere que sintamos en determinado momento. Y es ahí donde se nota la mano de un director con oficio.

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2. Zhang Yimou es, quizá, uno de los tres mejores directores que hay en ese lado del planeta.
No exagero. Yimou logra algo que muy pocos cineastas son capaces de hacer. Sabe dividir la importancia de cada elemento de su película y darle su lugar en cada momento del metraje de la misma. Cuando es la historia de amor que comienza a florecer entre Mei y Jin y que sabemos que los conducirá a una batalla interna y a una decisión inevitable, podemos sentir la presencia del director en cada uno de los gestos de los actores que están al frente del proyecto. Pero es la técnica cinematográfica detrás que sabe enmarcar la emoción y la cadencia de cada una de las emociones humanas. Hay rapidez donde debe haber y una suave y lenta danza donde es necesario usarla. Tres secuencias ejemplifican perfecto lo que les comento. El juego de Eco (en sus dos versiones… ya verán a qué me refiero), la batalla final y la escena de amor. En cada una de ellas, Yimou explota visualmente los escenarios para transportarnos su visión de lo que los personajes representan. Es de aplaudir el ritmo de las imágenes pero, más aún, ¿me creerían si les digo que en las tres secuencias -la menor de ellas de unos 3 minutos de duración- no existe un sólo diálogo mientras se desarrollan? No hay palabras que ensucien el momento, que echen a perder con inverosimilitud lo que estamos escuchando. Y es ahí donde viene el tercer y último punto.

3. Hollywood tiene aún mucho que aprender. El cine cantonés es, para muchos, un cine lento, aburrido y sin sentido. La realidad es que es un cine que se sirve de largos movimientos de cámara, imágenes estáticas con los personajes expresando sus emociones en silencio, recorridos cambiantes por su enorme y exquisito abanico de paisajes. En este lado del mundo, no existe miedo a los largos momentos de reflexión del personaje pues parece intuirse la intención del director de llevarnos a esas reflexiones como audiencia. Es un cine, además, que pone una especial atención en la música -en esta ocasión conducida con gran acierto por Shigeru Umebayashi- y, sobretodo, en el respeto del fondo de la historia por contar. Las artes marciales que aquí vemos no son las mismas que le vemos a Jet Li en The One o a Jackie Chan en… cualquiera de las que ha hecho en los últimos 10 años. Aquí las artes marciales son místicas, un verdadero privilegio y honor que engrandece a quien las practica, una danza de contacto con el espíritu de la tierra y la energía que nos rodea como seres vivos. Aquí, cuando uno pelea, abre el alma y el honor para mostrarse cuan libre es uno y no existe el espacio para oxidar tan hermosa y honorable lucha con diálogos acartonados o arquetípicos. El cine cantonés tiende a respetar lo que está contando y a lograr una conjunción de los elementos visuales y auditivos que en otras latitudes parecería inconcebible. ¿Quieren un ejemplo? Piensen en una secuenca de artes marciales dirigida por Tony Scott e imaginen la música que la acompañaría. ¿Guitarras con distorisón? ¿Electrónico en beat de más de 160? Probablemente… Y lo aceptamos porque estamos viendo un cine de acción que busca emocionarnos y activar nuestros puntos de adrenalina. Aquí la diferencia es que la música es una orquesta de cuerdas, lenta, suave y relajada que sirve como pergamino para el homenaje épico que Yimou está por lograr. Es un cine que respeta y venera la historia que está contando porque sabe que, antes que ser una herramienta para el séptimo arte, es una tradición que ha prevalecido por generaciones.

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En resúmen, Shi mian mai fu es una cinta que debería estar en todas las colecciones por diversas razones. Por su belleza visual que, si bien no es tan exhuberante como la mostrada en la ya mencionada Ying Xiong, acompaña perfectamente las secuencias que estamos viendo, siendo las más destacadas aquella del segundo Juego de Eco y la batalla final. Por las actuaciones de Kaneshiro y Ziyi, quienes demuestran por qué son de los principales y mejores actores del cine oriental con un manejo de personajes que a muchos de este lado del océano les  hace falta. Por la música de Umebayashi que no le pide nada a compositores como Zimmer -y miren que Zimmer es uno de mis favoritos personales-, Gregson-Williams, Mansell o Rabin y que, con un lento y pausado tempo de cuerdas es capaz de recorrer nuestras fibras internas. Por su manejo de la técnica cinematográfica que no invade ni se confunde entre las secuencias por contar y en la que podemos pasar de la rapidez de una persecución a la delicadeza de una batalla con una sutileza que hace falta en el cine. Y, sobretodo, porque la historia que los guionistas Feng Li y Bin Wang, junto con el propio Zhang Yimou es, al final del día, una historia que bien vale la pena ver pues cumple con una premisa importante y fundamental de los buenos guiones. Sabemos que no existirá un final feliz o un final triste. Dentro de nosotros sabemos que el final será, simplemente, inevitable.

hofd_finalCalificación: 8.5
Recomendación: Aléjense de las típicas películas de artes marciales y vean esta cinta que no sólo tiene forma, sino que también presume el fondo. Vale la pena que la compren.

Saludos,
D

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One comment

  1. Vaya, vaya… Cuando la vi recuerdo que me resistía exactamente por pensar que me aburriría, y ahora agradezco a quien la eligió en el momento… Gran película, yo también la recomiendo. Gracias por tan magnífica selección y tan buena reseña. Saludos!
    Kik



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