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Brújula para el Antojo. Brasserie Lipp

abril 20, 2009

La expectativa era alta. Después de todo, el Brasserie Lipp lleva algo así como 120 años enclavado en Saint Germaine de Près y sus mesas han sido ocupadas por personajes como Marcel Proust y Jean Paul Sartre quienes, con el tiempo, le heredaron sus lugares en esta brasserie a Jack Nicholson, Jean Paul Belmondo y el mismo Bill Clinton. Si a eso le sumamos que es la primera vez que el lugar sale de París y se instala en el interior del JW Marriot, es imposible negar la urgencia de conocerlo. ¿Cumplieron la expectativa?

mexjw_phototour23Primera recomendación de este lugar: reserve. Era miércoles a las 8 de la noche y no cabía nadie más en el lugar. La decoración es todo lo que podríamos haber imaginado y, quizá, aún mas. Los espacios altos, con esa pequeña barra al centro -que hace recordar mucho al estilo parisino y que, además, parecía llena en su totalidad de comensales-, la ambientación y un extraordinario par de paredes armadas en su totalidad como dos grandes cavas vigilantes de las mesas de alrededor, nos reciben para esta experiencia mientras escuchamos, sutilmente, melodías puramente francesas con acordeones y violines en el ambiente. Ya instalados en la terraza, arrancamos nuestro paseo por la cocina imaginada y creada por el chef Jaques Olivier-Borja con unos Ostiones Kumamoto ($180) cuyo sabor delicado se mantiene unos segundos en el paladar para hacernos partícipes de la calidad del producto. Pero, versátiles al fin, ¿por qué no acompañar también con un Carpaccio de Res Kobe al Aceite de Olivo Extra Virgen y Parmesano Gran Padano ($200)? Si usted se está imaginando un corte de Wagyu directamente traído de Japón, no me aventuraría a esperarlo, pues estoy seguro que la res Kobe que maneja es aquella que ya está siendo criada en Estados Unidos y que, si bien no desmerece el platillo en su totalidad, sí nos hace preguntarnos si no deberían especificar en el menú el origen del corte. Eso sí, hay que aceptar que las láminas de parmesano acompañan el carpaccio de manera justa y no batallan entre ambos ingredientes para resaltar el uno sobre el otro, sino que se complementan correctamente. Decidimos por la Ensalada de Endivia con Pera y Roquefort ($115) gracias a la recomendación de la casa. El queso era, como puede esperarse, de primera calidad pero, a diferencia de lo sucedido con el carpaccio, aquí se pierden los ingredientes por una pera sin la acidez y fuerza necesarias para congeniar con un elemento tan característico de la cocina de la región este de Francia.

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Para el plato siguiente, como ya lo hemos platicado en posts anteriores, tengo un problema cuando aparece la palabra “pato” en cualquier menú que me pongan en las manos. Y es que es un ingrediente al cual me resulta imposible negarme. Por tal razón, el Parmentier de Pato Confitado con Ensalada Crujiente ($180) lo decidí en cuestión de segundos. Podría aplaudir la presentación del plato si no fuera por un solo detalle: la “ensalada crujiente” que lo acompaña es la misma que ya había probado en el Carpaccio y que me había parecido perfecta combinación para el mismo por su sencillez, cosa que no comparto para un plato fuerte. ¿Falta creatividad en la estación de ensaladas del Brasserie Lipp? Sin embargo, el pato está en su punto y se descubre como una linda sopresa dentro de las capas del parmentier. A estas alturas de la noche, no había mucho espacio para otra cosa pero mi acompañante no puede evadirse del Crème Brûlée ($75) así que nos dimos a la tarea de compartirlo y no nos arrepentimos. Hecho con vaina de vainilla y no con esencia o extracto, detalle culinario que cada vez escasea más, y acompañado con una deliciosa y sencilla teja de almendras, fue el perfecto postre para cerrar la noche.

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En resúmen, Brasserie Lipp me deja un extraño contraste de sabores mientras me alejo del lugar. En primera instancia, uno pensaría que la enorme cantidad de meseros del lugar evitaría un mal servicio pero, lamentablemente, no es así. Parecen enfocados en todo menos en los comensales y ese es, sin lugar a dudas, el mayor conflicto, aún por encima de su alta relación de costos pues, aunque la cena fue buena, no lo suficiente como para el número final de la cuenta. Aunque, después de todo, la expectativa quizá sea alta e injusta pues nadie nos asegura que Jack Nicholson, además de un excelente actor, sea también un exigente culinario.

BRASSERIE LIPP
Dentro del hotel JW Marriott
Andres Bello 29, Col. Polanco
5281.3538

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