h1

Noticias. La Supuesta Epidemia de Influenza le pega a la gastronomía

abril 26, 2009

Partamos de un punto básico: no creo en la existencia de esta “pandemia” y no lo creo no por llevar la contraria o unirme a los grandes teorólogos de la conspiración, sino porque las matemáticas me hacen no creerlo. Están hablando de 20 muertos en un rango de 120 millones de habitantes, de los cuales, por lo menos la mitad son personas en extrema pobreza que no tienen acceso a un sistema de salud medianamente digno. Si hacemos los números más específicos, 20 muertos entre 1,004 “presuntos portadores del virus”  (donde la palabra clave es “presuntos”) es hablar de un 2% de mortandad en un brote que afecta a 0.0001% de la población nacional, por lo que la palabra “pandemia” o, siquiera, “epidemia”, está brutalmente exagerada. Sin embargo, estamos viendo una epidemia mucho más grave y que ya teníamos síntomas de ella desde hace rato: la epidemia del miedo. No quería tocar el tema, pero me obliga a hacerlo el hecho de que ya empieza a afectar al mundo de la gastronomía nacional. ¿Cómo? Dejen les cuento.

Platicaba hace un rato con José Ramón Castillo y hablábamos, con buen humor, de lo que ha sucedido en estos días de multiplicacion de tapabocas y compradores de pánico en los supermercados y, ya adentrados en la plática, me contó que, haciendo uso del decreto presidencial firmado por la “contingencia”, Protección Civil del Distrito Federal llegó a los restaurantes y boutiques de la zona de Polanco y, con una autoridad que nunca habían sentido y que, seguramente, los embriagó durante un momento, decidieron cerrar los lugares que encontraron abiertos. Pujol, Izote, Biko, Que Bo! y otros tantos lugares fueron cerrados bajo el pretexto del “contagio potencial”. Claro… no han cerrado los cines, las plazas comerciales, tiendas y supermercados -donde, créanme, hay una multitud ridícula y digna del surrealismo absurdo que Kafka no soñó ni en sus peores sueños eróticos-, pero han decidido que los restaurantes de toda la zona de Polanco (y, estoy seguro, de otras zonas de la ciudad como la Condesa) eran focos de urgente atención. ¿Por qué? Es una pregunta que queda al aire, en medio de incongruencias y decisiones absurdas que no podemos obviar. ¿Quién pagará los costos de esto? ¿Quién pagará los productos perecederos que se desperdiciarán? ¿Quién pagará los sueldos de miles de meseros, hostess, capitanes, bartenders, cocineros, garroteros y demás engranes de la industria restaurantera? ¿Se han fijado que siempre, ante las decisiones de los gobiernos locales y federales, los restauranteros son los primeros que sufren? ¿Qué opinan Enrique Olvera (Pujol, Eno), José Ramón Castillo (Que Bo!), Jaques Olivier (Brasserie Lipp), Eduardo Osuna (Solea), Stephan Legros (Au Pied de Cochon), Mikel Alonso (Biko), Patricia Quitana (Izote), Olivier Lombard (L’Olivier y Terrase Renault), Monica Patiño (MP, Naos) y los demás chefs que hoy, por algo externo y potencialmente falso, ven clausuradas sus cocinas por tiempo indefinido?

¿Por qué, me pregunto y seguro usted también, cerrar lugares como Biko y Que Bo! basados en el pánico y la desinformación? Porque, dando el beneficio de la duda… si en realidad es una pandemia, ¿sólo las escuelas se cierran y todo el engranaje de la ciudad puede seguir funcionando a la normalidad? ¿No han pensado que, por ejemplo, si un padre de familia es contagiado en la oficina, llegará a su casa en donde vive con 4 miembros de la familia, se quitará el cubrebocas -estúpido e innecesario, porque el cubrebocas de 50 centavos dudo que tenga la capacidad de detener a una cepa mutante de un virus como el H1N1- y besará a su mujer y sus hijos? Esa familia se contagiará y, bajo la confianza de que han seguido las “disposiciones que dijeron en la TV”, probablemente no recibirán atención a tiempo.

Si es cierta la existencia de esta “epidemia”, cerrar los restaurantes no es la respuesta. Hay que tomar el valor de aplicar medidas que, en verdad, creen un estado de excepción y no lo van a hacer porque la preocupación es mediática, no institucional. Y, si la “epidemia” no es verdad, quedan una pregunta -entre muchísimas otras- que pone a temblar a todos: ¿Por qué?

Mientras tanto, su restaurante favorito está cerrado hoy. Y mañana… y el día después de mañana también.  Regocíjese ante la estupidez del mensaje que están enviando con estas acciones: Vaya usted a trabajar, súbase al metro, use el Metrobus y aproveche el Tren Suburbano antes de que vuelva a chocar. Ahí es usted inmune al virus. Pero no vaya a Que Bo! por un huevo de chocolate o un bombón de mole, no se pare en Biko por unos Txipirones ni vaya a Pujol por un Venado en Recaudo Negro porque, después de millones gastados en investigaciones, especialistas en la materia y un sesudo y concienzudo análisis de toda nuestra clase política, hemos llegado a la siguiente conclusión: El fin del mundo tiene sabor a alta cocina. Yo insisto: Si Franz Kafka hubiera vivido en México, se hubiera convertido en un escritor costumbrista.

Anuncios

4 comentarios

  1. Totalmente de acuerdo, desgraciadamente vivimos en un país surrealista, literal! y ell poder mediático de la desinformación sumado a la nefasta resolución de nuestro gobierno de “chocolate” dan como resultado venta de tapabocasxal por mayor, que dicho sea paso, no sirven, y esa sí es una realidad.
    Lástima, eso es lo que está situación ha provocado.
    Bravo por ser tan directo!

    Gamboa


  2. Pocas veces había leído una nota tan absurda, aberrante e insensible.

    De hecho, me averguenza profundamente que la firme alguien que lleve el apellido de mi familia.

    Soy crítica y no me dejo llevar por el pánico, pero también es cierto que es algo digno de tomar en consideración.

    Por si no lo has leído, mister “periodista”, no sólo cerraron restaurantes en Polanco (como tanto te agobia, por lo que leo) , no hay escuelas a nivel nacional, se cancelaron conciertos, teatros, cines y eventos masivos.

    Bueno, según tu eres muy bueno en las estadísticas no?

    Si planteas que las personas afectadas por la influenza son el 0.0001% de la población… yo digo que las personas que asisten a los restaurantes de polanco son el 0.0000000000000000000001%.

    Pero bueno, como dices… son personas que viven en la extrema pobreza, y pues no importa que se mueran, porque de todos modos no iban a ir a Izote, ni a Biko, etc. etc.
    Fiuf! no perdiste clientes potenciales!

    La queja (siempre contra el gobierno) es que ahogado el niño, tapan el pozo, pero, ahora que se toman medidas, también se quejan.

    Van 122 muertos…cuántos necesitas para justificar el cierre temporal de un pinche restaurante en polanco?

    La gente se muere y tu preocupándote porque se echen a perder las lechugas?

    Porqué no les preguntas a las personas que perdieron familiares, esposos, hijos, madres, cómo se sienten y no al Enrique Olvera que lo único que puede perder es dinero, lechugas y pescados?

    O mejor aún, porqué no invitas después del funeral a alguien a Que Bo!, a ver si con su super ultra mega comida gourmet le cura la pena?

    Avísame cuántos muertos necesitas, para que cuando se junten, invitarte a comer.


  3. Alejandra:

    Como siempre, hay lectores a los que la rabia no les permite ver con objetividad un texto. En primer lugar, no van 122 muertos por el virus. Los muertos confirmados por este brote en particular apenas alcanzan los 22. Los otros muertos no son catalogados como muertos directamente por el virus.

    Después… nadie habló en este texto de que “no importa que se mueran” quienes están en extrema pobreza. El dato se comparte por el simple hecho de entender que se requiere acceso a servicios de salud medianamente dignos para evitar que cualquier enfermedad -no solo ésta- se pueda convertir en fatal si no es atendida como se debe. Y aquí estamos hablando de un fenómeno social y político que sí tiene a sus responsables en las insituciones gubernamentales. Te recomiendo que leas el artículo de Mike Stoobe para el Washington Post del cual aquí te dejo un link:

    http://www.washingtonpost.com/wp-dyn/content/article/2009/04/25/AR2009042502618.html

    La queja no tiene que ver con que se tomen medidas o no, sino por las medidas absurdas que se están tomando. Y aquí, retomaré algo de tu texto agresivo y confrontativo (síntoma de un enojo y no de una visión objetiva) para hacerte una pregunta. Si el virus es tan contagioso, ¿por qué cerrar un lugar al que solo va el “0.0000000000000000000001%” de la población y mantener abiertos centros comerciales, cines -porque no todos cerraron-, espectáculos -que tampoco cerraron todos-, mercados sobre ruedas, trabajos, transporte público -tan solo el Metro transporta a un promedio de 4.4 millones de usuarios al día-, supermercados y otros tantos lugares que se vieron ahogados de gente en estos días? Aquí la cuestión no es la medida en si misma, sino lo estúpida e innecesaria de la misma por la falta de una política preventiva completa y total. Si van a paralizar la actividad para prevenir este virus, yo seré el primero que lo aplauda, siempre y cuando la parálisis sea pareja y como parte de un plan emergente. Pero, insisto, ¿de qué sirve cerrar 25 restaurantes si la misma cantidad de Metrobuses recorren Insurgentes atestados de “potenciales portadores” -como los llama el Estado- de la supuesta epidemia?

    Claro que me preocupo por lo sucedido, porque se está deteniendo una parte fundamental del engranaje económico de la ciudad, sin mencionar los costos ecológicos tan graves de tal desperdicio. Y no, no son clientes potenciales míos. Ojalá así fuera pero, lamentablemente, ninguno de los restaurantes en Polanco es mío.

    Ah… y una última cosa… Aprende a leer correctamente, estimada Alejandra. Nunca dije “No creo en el virus”, dije “No creo en esta pandemia”. Y no lo hago, insisto, porque matemáticamente, no es, siquiera, una epidemia. Es -y revisa todo el periodismo que quieras- un BROTE EPIDEMIOLÓGICO. Que, dicho sea de paso, no es lo mismo.

    Sin embargo, rescato una cosa positiva de tu texto y es el hecho de que me equivoqué al momento de poner el título. Debió llamarse “La Supuesta EPIDEMIA de Influenza…”, y no solo “La Supuesta Influenza…” cosa que corregiré en unos momentos.

    Saludos,
    D


  4. De acuerdo contigo D… tomemos precauciones, pero seamos coherentes… No es posible que la gente siga usando el transporte público para llegar a sus trabajos, eso en caso de que este brote sea tan peligroso como dicen. Si queremos evitar una tragedia como al vivida en China con el SARS, hay que ser parejos… mejor parar el país una o dos semanas… a enterrar gente sin cesar.



Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: