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Salud. El Deseo Inconciente

mayo 12, 2009

Por: Dr. Enrique Sánchez, Psicoanalista Clínico

Es muy común escuchar que la psicoterapia no cambia a las personas, que no las cura, que no las ayuda. De hecho, son millones los que aun no creen en las terapias psicológicas, y por eso prefieren visitar a un neurólogo o a un psiquiatra, con la idea de que una pastillita debe ser mejor que estar sentado (o recostado) platicando sus contenidos mentales.

1202795599_fEl problema es que la psicoterapia no puede cuantificarse como se hace con los medicamentos. Es claro que quien tiene cierta enfermedad y toma X medicina se cura, pueden contabilizarse los casos e incluso considerar las excepciones, los efectos secundarios, etcétera. En el caso de la mente humana, son muchísimos los factores que llevan a que “la medicina” funcione o no funcione.

En primera, hay estructuras psicológicas incurables, como la psicosis. El tratamiento psicoterapéutico de la psicosis no busca la curación, pues es utópica. Busca ciertas mejoras, pretende que el paciente tenga la capacidad de funcionar socialmente. Entonces los padres, familiares o el mismo enfermo pueden decir “es que la terapia no me ha curado” y tendrían razón, no puede curarlos como ellos lo quisieran. Es como si alguien pierde una pierna en un accidente de trabajo y le exige al ortopedista que se la devuelva. Es sencillamente imposible, lo que se puede hacer es darle terapia y práctica de cómo llevar una vida lo más normal posible con sólo una pierna.

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En segunda, las problemáticas psicológicas son en muchas ocasiones (si no todas) crónicas o incurables. Se piensa generalmente que la patología mental puede curarse, que un buen tratamiento lleva a la extinción de los síntomas… No en realidad. De hecho, hay pacientes a los que se les considera de “pronóstico reservado”, pues hay cambios que no van a poder realizar, miedos que no podrán superar, comportamientos que no podrán poner en la práctica. Cada caso en psicoterapia es diferente y único, no todos se curan con lo mismo y no todos superan sus abismos. Esta clase de personas pueden curar muchas áreas de sus patologías psíquicas, pero se quedaran con otras tantas intactas por más que las trabajen.

“¿Pero por qué, por qué aun trabajándolas durante años no pueden cambiarlas?”. La respuesta es sencilla, aunque su contenido es complejo: al ser humano le encanta el “mejor malo por conocido que bueno por conocer.” En el fondo… y déjenme subrayar esto, EN EL FONDO, la persona no desea cambiar de verdad, el deseo de cambio en los seres humanos no es lo suficientemente fuerte para modificar sus estructuras mentales. A lo largo de nuestra vida, ponemos los elementos de nuestra existencia en un orden que luego no estamos dispuestas a cambiar. En palabras del psicoanalista Bruce Fink: “aunque el paciente inicialmente pueda afirmar que desea ser aliviado de sus síntomas, en última instancia está decidido a no agitar las aguas”.

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Los padecimientos psíquicos son placenteros para el que los sufre, aunque la misma persona no se da cuenta. “Oiga, qué clase de necedad es esa”, podrían decirme, “si los sufre, si incluso lo llevan a terapia, no pueden ser placenteros”. Y aquí viene el porqué del título de este texto. El deseo es inconsciente, oculto a los ojos del enfermo (y quienes lo rodean). “Pero si es inconsciente, ¿cómo es que nos afecta?” ¡Ah, pues he ahí el meollo que nos ha tenido trabajando a miles de terapeutas desde Freud hasta un servidor! El inconsciente afecta la conducta, los sueños, los deseos, las ideas y los pensamientos, a pesar de que no lo veamos ni sepamos cuál es su contenido.

“Bueno, entonces estamos fastidiados”, pueden decirme, pues si el enfermo no tiene deseos de cambiar, ¿entonces qué caso tiene la terapia? Y aquí es donde entramos los profesionales de la salud mental. El deseo de cambio del paciente fluctúa. Pasa de inexistente a débil, a fuerte, a débil de nuevo. El deseo fuerte por lograr el cambio está en el terapeuta. Es éste quien se mantiene siempre fuerte, siempre al pie del cañón, siempre provocando en el paciente el deseo, metiéndose a lo más profundo de la mente de sus pacientes para mover ahí las estructuras; luchando para no permitir que el deseo se caiga e incluso cuando el deseo desaparece (lo que sucede forzosamente como parte del proceso), poniendo su propia fuerza y deseo para que funcione por los dos.

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Por eso el cambio sí requiere de un tratamiento y un terapeuta (patrañas aquello de “yo solo puedo”). Pero más allá de eso, los pacientes de una psicoterapia deben comprender la dureza del terapeuta, las exigencias e incluso los regaños. El terapeuta sostiene la salud, sostiene el deseo. El paciente buscará cualquier pretexto (causado por deseos inconscientes de no “agitar las aguas”) para dejar la terapia y es en buena parte trabajo del terapeuta el evitar que el inconsciente gane y el paciente huya de la salud.

Me despido, pero no sin desearles que esta noche tengan un sueño que resulte reparador y constructivo.

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5 comentarios

  1. Estoy totalmente de acuerdo, la mente es lo mas complicado, dificil e interesante que hay. En mi caso muy particular tengo algo que ni yo misma lo entiendo, de repente actuo, digo o hago cosas que no quiero y despues de que las digo, hago o actuo me arrepiento y siento un dolor y vacio en el pecho por que yo no queria actuar asi pero ya lo hice ya no hay vuelta atras. Muchas gracias por sus ense;anzas DR. Sanchez


  2. Puedo preguntar, que pasa si, a pesar de todos los intentos y de todos los apoyos y de todas las terapias y de todas las medicinas, etc…… Que pasa si el paciente no encuentra el camino de regreso. Que se hace en esos casos? Cómo identificar si a pesar de lo que en superficie parece normal, el paciente simplemente no tiene mejoría alguna. Para aquellos que deseamos tengan una vida próxima a la felicidad tanto como sea posible ¿qué hacer?

    M J


  3. MJ:

    Su pregunta es muy buena. El problema es que lamentablemente hay muchos casos como el que usted menciona y son pacientes que no pueden hallar el camino de regreso. Estos pacientes (o sus familiares) buscan tratamientos diversos hasta el extremo de llegar a la religión, la mística, las limpias, etcétera.

    Algunos de ellos hallan curas superficiales o elementos que engloban y encierran su enfermedad (como las religiones fanatizantes), pero ello no significa que estén curados.

    La respuesta sería, entonces, buscar un equilibro. Puedo decirle, no sin pesar, que la mayoría de los pacientes que usted describe están itnernados en psiquiátricos o lamentables granjas mentales.

    Por favor siga visitando los textos de CarlosDragonne.COM.

    Que tenga buenos sueños.


  4. mi maestro dice que todos los seres humanos tenemos tres deseos inconsientemente.
    1. EL MATAR
    2. INCESTO
    3. CANIVALISMO
    Esto es cierto?


  5. Mariana:

    Concuerdo mayormente con tu maestro. Estos tres primeros deseos primitivos son tratados a profundidad por Freud en su texto “Tótem y Tabú”. En él, Freud hace una reconstrucción analítica sobre el origen de estos tres deseos inconscientes, rastreándolos a la época en la que el ser humano estaba en sus etapas más primitivas del desarrollo como especie.

    El primer deseo, el asesinato, es el deseo reprimido que más asoma a la consciencia. Lo vemos en películas, donde el asesino es el “bueno” y de quien esperamos que logre el asesinato (lo que es una proyección de nuestro deseo). Asesinamos en sueños, en fantasías diurnas, en juegos de video, el juegos infantiles, etcétera. No todos asesinamos porque la salud mental representa una buena represión de los deseos. De ese modo, el deseo no se realiza, pero eso no quita que lo deseemos y que incluso sintamos ganas de matar a alguien cuando enfurecemos o nos vemos acorralados de diversas maneras.

    El deseo del incesto tiene una represión tan fuerte en los seres humanos sanos que incluso podríamos pensar que es una fantasía. Pero, en realidad, podemos ver en patologías menos evolucionadas que el deseo no-reprimido del incesto vive constantemente y amenaza al sujeto con su ataque repentino. Este deseo que en los sanos es inconsciente y reprimido, en los psictóticos es una constante amenaza que se hace presente, por ejemplo, cuando una persona entra en crisis al quedarse sola con su mamá o sus heramas; pero un mejor ejemplo son las personas que, literalmente, tienen relaciones sexuales (forzadas o no) con su madre, su padre o sus hermanos y/o hermanas.

    Finalmente, el deseo del canivalismo proviene de nuestra tierna infancia, donde el alimento llegaba a nosotros por medio de chupar, morder y succionar el pezón materno. Las reacciones más enfermas (menos reprimidas) de este deseo son los casos literales de canivalismo. Pero aun en las personas sanas se hace presente en los besos, las mordidas durante los juegos sexuales, el placer por los pezones femeninos y masculinos como zona erógena e incluso el simple placer sexual de la alimentación.

    Aunque el tema es mucho más profundo y detallado que esto, espero que estas líneas te ayuden a entender mejor las palabras de tu profesor.

    Gracias por tu pregunta y no olvides visitar otros artículos de CarlosDragonne.COM. ¡Que tengas buenos sueños!

    Enrique Sánchez.



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