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Cinecrítica. Harry Potter and the Half-Bloof Prince (Yates, 2009) 1ra Parte

julio 28, 2009

Han sido ya dos semanas desde que se estrenó en todo el mundo la sexta entrega de la saga de Harry Potter. En esta ocasión, tal como en la entrega anterior, la dirección quedó a cargo del británico David Yates y las opiniones que se han vertido en torno a la cinta son, como en todo, completamente distintas. Sin embargo, y partiendo de la base de que, aunque son dos lenguajes distintos (el libro y la película), entré al cine con la mayor objetividad posible y sí, con un poco de aderezo negativo pues la película anterior me dejó un muy mal sabor de boca en cuanto al tratamiento que Yates había hecho del quinto libro. La sala se volvió oscura y tras presenciar tres avances de cintas que espero con un poco de ansiedad, la música de Nicholas Hopper me dió la bienvenida al mundo creado por Rowling y, sin que hubiera pasado un solo minuto, a la primera libertad creativa que Yates y Steve Kloves -guionista de la cinta y de quien hablaremos bastante- se dieron para esta cinta. Esto es Harry Potter and the Half-Blood Prince.

harry_potter_and_the_half_blood_princeHarry ha vencido, con ayuda de Dumbledore a los mortífagos en la Sala de las Profecías y el Ministerio de Magia ha aceptado, después de las evidencias imposibles de ignorar, el regreso de Lord Voldemort al poder. Los mortífagos que aún están libres hacen de las suyas sin que, al parecer, exista nadie capaz de detenerlos y han rebasado las fronteras del mundo mágico para causar estragos también en el mundo muggle. Han atacado Diagon Alley y raptado a Ollivander y tienen un nuevo miembro entre sus filas: Draco Malfoy. Al menos, Harry está enteramente seguro de esto último y así regresan a Hogwarts, para enfrentar un sexto año de escuela y el más peligroso hasta el momento. Dumbledore ha encargado a Harry la misión de hacerse de un pedazo de memoria del nuevo profesor de Pociones, Horace Slughorn quien queda admirado por Harry y su extraordinaria capacidad para realizar pociones. Este nuevo don, sin embargo, se debe al hallazgo de un antiguo libro de pociones con correcciones hechas por quien fuera su dueño y que se hace llamar el Príncipe Mestizo. Mientras Harry continúa avanzando en Pociones, Draco Malfoy parece estar dedicado a una tarea misteriosa en Hogwarts y Dumbledore parece a la espera de esa memoria para arrancar el proceso de destruir a Lord Voldemort.

Eso es, a grandes rasgos, lo que está sucediendo en el mundo de Potter. Ahora, a la crítica como tal. Desde el primer momento se intuye que David Yates hará su propia y alternativa versión de la historia contada por J. K. Rowling, al eliminar puntos valiosísimos dentro de la trama del libro, inventarse un par que no venían mucho al caso, jugar con las subtramas a su simple gusto y, en el más excesivo momento, destruir la esencia de varios personajes importantes. Independientemente de que el cine y la literatura son dos lenguajes distintos, hay historias que no pueden sufrir tal modificación al ser trasladadas a la pantalla grande pues, o bien existe ya un apego importante a los personajes que se verán o, por otro lado, hay un profundo desarrollo psicológico que se ha gestado durante años en la mente y la interpretación del público. En este caso, ambas razones se ven totalmente ignoradas por el director quien nos presenta lo que bien podría ser una de las peores adaptaciones cinematográficas de los últimos 20 años de una obra literaria.

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Y no se trata de purismos como quienes atacan al hartazgo la ausencia de Tom Bombadil en The Lord of the Rings, o la simpleza de la adaptación hecha de Arráncame la Vida por Roberto Sneider. Menos tiene que ver con aquellos fanáticos de hueso colorado que se sienten ofendidos con la adaptación de Les Miserables en la cinta de Bille August (aunque sí queda a años luz de distancia de la adaptación que hiciera Josée Dayan para su miniserie con Gerard Depardieu a la cabeza). Se trata de un simple sentido común en cuanto a que lo que leímos y lo que está en la pantalla no tienen la más mínima conexión. Vamos por partes.

De entrada, esta cinta hace que uno revalore Episode I: The Phantom Menace en cuanto a la perpetración de los personajes y la falta de respeto a los mismos. Kloves se decidió por crearle nuevas personalidades a personajes que ya estaban perfectamente definidos y que tuvieron un desarrollo psicológico y argumentativo de más de 2,500 páginas, sin contar las casi 700 del sexto libro. El Harry que conocimos durante los cinco volúmenes anteriores (y que, en el cine tiene sus mejores momentos en la tercera parte) no existe en esta visión personal de Kloves. Harry es aquí un simple mago cualquiera, sin ningún sentido de justicia o admiración. Un simple alumno más de Hogwarts que, por lo visto, no tiene una motivación personal para ir detrás del mago más peligroso de todos los tiempos, a pesar de haber perdido a casi todas sus figuras paternas gracias a él. De entrada, Kloves decide quitar de la historia a los Dursley, eliminando así una de los más grandes momentos del argumento potteriano y convirtiendo, en un simple plumazo, a los Dursleys en miserables acompañantes y caricaturas absurdas de si mismos. Con esta acción, Harry ha perdido cualquier rasgo de humanidad pre-mago que es parte fundamental del personaje y ha también roto con el pasado y la importancia del sacrificio de su madre años atrás que lo dejó huérfano en un mundo muggle durante tantos años, ironía que le dio sentido a sus motivaciones durante toda la saga. Ahora Harry es, simplemente, Harry. Pero bien podría ser, John, Lucas, Peter o Robin. El escritor ha partido desde el hecho irresponsable de saber que el público ya tiene una idea preconcebida y aceptada de Harry Potter y que, sin importar lo que se le haga al personaje, el enraizamiento de esa idea será más fuerte que cualquier violación a la esencia del personaje. Algo muy similar a lo que sucedió cuando George Lucas reescribió al personaje de Obi-Wan para su precuela o, en un caso más reciente -y del mismo Lucas- lo sucedido con Indiana Jones en Indiana Jones and the Kingdom of the Crystal Skull.

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De ahí podemos pasar a los demás personajes y descubrir que el efecto Kloves está ahí presente. Hermione deja de ser el cerebro detrás de la aventura para convertirse, simplemente, en una acompañante del año escolar. El guión dejó como única motivación de Hermione la relación con Ron y la convierte de ser la piedra angular del aprendizaje -efecto espejo del movimiento pedagógico dentro de los libros y el equilibrio de la razón frente a la emoción incontenida de lo nuevo que representa Harry y la torpeza de la ignorancia del mundo muggle que siempre ha representado Ron- a ser una simple adolescente dolida y enamoradiza a la que hay que querer por el simple hecho del tiempo pasado con ella. Es una amiga que ha dejado de aportar a Harry pero a la que se mantiene cerca por mera cuestión de costumbre. Lo mismo pasa con Ron Weasley, convertido enteramente en el patiño de las aventuras cinematográficas de Harry. Ron es el Gordo y el Flaco, Igor (no el de Drácula, sino el del Conde Pátula), es Daffy Duck cuando está con Bugs Bunny. Aquí ya nada importa la amistad, la admiración que ha ido equilibrándose en respeto y lealtad entre ellos dos. Ron es una válvula de escape cómico para que cuando el tedio parece superar cualquier límite, una simple sonrisa nos haga volver a acomodarnos en la butaca esperando que lo que estamos viendo en la pantalla mejore sustancialmente. Ron ha sido disminuído para pasar de ser una analogía de Sancho Panza o Dr. Watson a ser Pinky junto a Cerebro o Goofy junto a Mickey. Y, al lograr eso, la relación que se está gestando con Hermione también queda tirada al olvido, en medio de simples berrinches y evidentes notas de desacierto argumental en un guión escrito al azar y sin el menor reconocimiento a la historia contada por Rowling. Se entiende, bajo ese ámbito, que Lavender Brown esté retratada como una estúpida de tres neuronas adnauseam, pues ninguna alumna de Hogwarts con tres dedos de frente sería capaz de acercarse a ese retrato de Ron Weasley que, por su parte, logra en los libros conquistar a una de las alumnas más brillantes. Y si nos vamos a lo más profundo de esta violación de personajes, encontraremos los restos pulverizados de aquella analogía antiracista y anticlasista que J. K. Rowling logró crear con la unión de estos personajes.

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Todavía no termino con los personajes, pero prometo irme más rápido en esta ocasión. Ginny Weasley es ultrajada en la historia que cuenta David Yates. Y aquí puede que sea un buen momento para preguntarse si no estaré exagerando… No, créanme que no. ¿Por qué lo digo? Porque después de su brutal timidez y su estado infatuado en los primeros libros en los que convive con Harry, Ginny emerge en el 5 y 6 como una figura llena de valor, capaz de enfrentar lo que le pongan enfrente, rebelde ante sus hermanos y dispuesta siempre a defender lo que siente y en lo que cree. Ginny se ha convertido en la fuerza interna que a Harry le hace falta en ocasiones y, por axioma, en su más grande motivación ulterior. Sin embargo, Kloves y Yates decidieron que la hermana menor de los Weasley fuera una simple acompañante visual de Potter y que se hundiera en sus propios miedos y prejuicios. Hay una escena en el cuarto del requerimiento -que, cabe señalar, quienes leímos los libros entendemos que es ese cuarto y el profundo significado que éste guarda pero que, aquellos que no lo hicieron, podrán entender como cualquier cuarto de cualquier lugar dentro de Hogwarts- que termina por hundir a Ginny como alguien que, más que luchar por lo que cree, es capaz de ocultarlo y dejarlo en el secretismo. Y miren que el guionista se sacó de la manga una escena a la mitad de la cinta que no viene en los libros pero que, sin duda, entendiendo el lenguaje, se agradece y define a Ginny como este personaje valiente y lleno de vida. Lástima que minutos después lo hiciera pedazos de tal manera. Ya sabrán de la escena de la que hablo. Los demás personajes parecen puestos ahí solo por el simple hecho de que el público sabrá reconocerlos y, en caso de su ausencia, exigirlos. Tonks, Lupin, McGonagall, Hagrid, Snape, Bellatrix, Fred, George e, incluso, Malfoy, no juntan cada uno más de 5 minutos en pantalla en total. Es lamentable ver a una Maggie Smith desperdiciada en toda la cinta con solo dos escenas en las que ordena a los alumnos o que se callen o que se muevan. Y, ¿qué decir del personaje de Fenrir Greyback? Solo aquellos que leyeron el libro entienden su presencia y, sobretodo, su peligrosidad. El personaje no es nombrado en una sola ocasión -y su nombre se devela solo por un poster de “Se Busca” en Diagon Alley-, dejando, además, la importancia de su adhesión a los mortífagos en esta guerra contra Hogwarts. Bien puede ser cualquier otro mortífago. Bellatrix, de igual manera, se desperdicia entre los simples gritos de una Helena Boham Carter que hace todo lo posible por sobresalir y a la que su talento salva de esta debacle -esta secuencia en The Burrow es su mejor momento, aunque es mínimo- en la que parecen todos atrapados más que por la pasión de los personajes, por un contrato firmado.Dumbledore pierde la fuerza y la guía fundamental que es para Harry en toda esta historia y pasa a ser un simple viejo mago que no puede hacer las cosas como deberían ser. Vaya… vemos a Albus Dumbledore como un viejo rendido ante la magia oscura en lugar de un hechicero buscando contrarrestarla a pesar de los riesgos que conlleva. Aún así, un reconocimiento a Michael Gambon quien, tras 3 películas en el papel, al fin logra una secuencia verdaderamente extraordinaria en sus rangos actorales, mientras bebe de la copa en la cueva de los Inferi. Ya verán -o, en su caso, ya vieron- a lo que me refiero. Pero Dumbledore tampoco puede quedar como este mago minimizado y olvidado. La historia de Harry Potter and the Half-Blood Prince gira en torno a la cruzada emprendida por el director de Hogwarts para librar al mundo de la amenaza que representa Lord Voldemort (quien, por cierto, no aparece una sola vez en toda la cinta, así que si esperan ver a Ralph Fiennes en el papel, mejor olvídenlo y no se lleven una decepción). Según Kloves esto no es así. La cinta parece una serie de secuencias tomadas al azar para llenar las poco más de dos horas de duración y conjugar una concatenación de errores de adaptación que busquen engañar, dentro de la dinámica de la preaceptación de los personajes, al público y la historia que ha intentado contar. Y aquí pasamos a otro gran punto de la crítica: las secuencias. Pero como este post está extremadamente largo, se los dejaré para una segunda parte.

Saludos,
D

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