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Salud. ¿Es la homosexualidad una enfermedad?

diciembre 29, 2009

Por: Dr. Enrique Sánchez, Psicoanalista Clínico

En la ciudad capital de México se ha legalizado el matrimonio homosexual y la adopción de niños por parte de parejas homosexuales. Esto ha causado un revuelo en todo el país, los medios de comunicación lo discuten, los políticos no han dejado el tema… todos tienen algo que decir al respecto. Y creo, a título personal, que es un tema en el que no todos pueden poner sus verdaderas motivaciones y opiniones sobre la mesa por temor al señalamiento público. Por ejemplo, hay políticos que, bien sabemos, no apoyan las bodas homosexuales por posturas personales. Sin embargo, su discurso mediático ni siquiera toca las verdaderas razones de fondo, como son la estabilidad familiar, la homosexualidad como perversión, la ofensa al funcionamiento natural de la humanidad, etcétera.

Pero dejemos a los políticos y los medios con sus discusiones al respecto y vayamos al campo de la psicología humana, donde creo yo que reside la base de todos estos fenómenos. Es muy fácil: los políticos y los medios discuten el tema partiendo, se supone, de la igualdad de derechos, en el caso de los que aplauden la decisión y del respeto a la naturaleza de la familia y la base de la sociedad, en el caso de quienes la rechazan. En realidad, creo que ambas opiniones parten de lo que es para la psique de cada uno el tema de la homosexualidad. Me refiero específicamente a relaciones inconscientes con la idea de lo homosexual y su práctica, cada vez más común, menos escondida.

Porque le pido al lector que no dude un segundo en considerar lo dicho como un hecho: es imposible para un ser humano observar el tema de la homosexualidad y/o las prácticas homosexuales desde un punto de vista objetivo. Todos tenemos en nuestra psique elementos femeninos y masculinos (ser hombres no elimina que tengamos elementos femeninos y viceversa). Qué tanto estemos en paz con ese lado nuestro que tiene más que ver con el sexo opuesto será problema de cada uno y lo trataré en otra ocasión. Pero la homosexualidad más miedo nos da mientras más sintamos, consciente o inconscientemente, que estamos cerca de ella. O como se dice en términos de psicología profunda: quien rechaza profundamente (diría fanáticamente) a los homosexuales, en realidad tiene un profundo temor a su propia homosexualidad, sea ésta real o no.

Por ello, cuando un político se yergue en una tribuna para hablar sobre las razones que él considera para que los matrimonios homosexuales sean o no sean aceptados está, quizá sin saberlo, actuando bajo lo que para él, en su inconsciente, representa la homosexualidad. Patrañas con el interés partidista o las necesidades de la sociedad.

Y, aunque públicamente la discusión no se está inclinando hacia el argumento de la homosexualidad como una enfermedad psíquica, una perversión o un acto antinatural, sé que detrás de cada argumento socialmente aceptable, están esta clase de bases o puntos de partida. Por eso creo que es preciso e importante hacer una breve introducción hacia lo que la homosexualidad representa, desde mi postura clínica, en el amplio mundo de la psique y el comportamiento. Es un tema harto vasto y con este breve texto no pretendo (pues sería una necedad) abarcar todo lo que puede decirse al respecto. Pero creo que una introducción, por breve que sea, ayudará a algunos en sus ideas, sus posturas y el cuestionamiento de posiciones rajatabla en cualquiera de los dos campos opuestos.

¿Es la homosexualidad una enfermedad? Depende qué entendemos por enfermedad. En el psiquismo la enfermedad es bastante compleja, porque no es un virus, una bacteria, un hueso roto o un órgano que funciona mal. Tampoco toda desviación psíquica representa una enfermedad y definitivamente los traumas no siempre llegan a crear una patología. Tomemos un ejemplo: las obsesiones. Una persona exageradamente ordenada no necesariamente será rechazada por considerarse enferma, sino que su problema en el desarrollo psíquico le atraerá quizá un buen trabajo e incluso la admiración de sus amigos, compañeros y familiares, sobre todo en esta cultura que idolatra la organización por sobre muchas otras cosas. El mismo “enfermo” obsesivo podrá amar sus obsesiones. ¿Es un problema en el desarrollo psíquico? Sí. ¿Parte de un “trauma”? Probablemente sí. Sin embargo, no es considerado enfermedad. Y como ese ejemplo hay otros tantos.

¿Entonces cómo saber cuando un padecimiento psíquico sí es una enfermedad?, podría preguntarme alguien y sería una buena pregunta. No existe aún un criterio unificado, menos aun en las patologías neuróticas. Yo, en lo personal, considero que algo es patológico en la medida en la que nos limita y/o nos hace sufrir. Una persona puede tener un gran puesto y ser amado por sus obsesiones, pero si éstas lo limitan y le dan problemas personales, si éstas lo hacen sufrir, entonces ya estaríamos hablando de un comportamiento patológico del que habría que revisar sus causas. Ahí es donde yo señalaría una enfermedad psíquica.

Ah, qué fácil, podrían decir, ahora resulta que sólo lo que hace sufrir es enfermedad. Pues no es tanto eso, más bien lo que hace sufrir es aquello por lo que buscamos tratamiento. Y aquí hay que poner el acento. Quien no puede mover un brazo puede ir con un fisioterapeuta, porque hay algo que no funciona. Pero en la psique humana hay cosas que no funcionan y que no por eso dejan incapacitada a la persona. Por ejemplo, en la época actual una persona virgen de más de treinta años tiene seguramente alguna clase de patología, pero si no sufre por ello, si no la incapacita a seguir su vida y su desarrollo, si no la hace sufrir, ¿podríamos decir que está enferma? Pues de poder podríamos, pero ¿con qué finalidad? ¿Etiquetarla? Me parece inadecuado, impráctico e injusto.

Porque, además, no existe una sola persona psíquicamente sana. Hasta la persona más “normal” tiene algún tipo y grado de neurosis. Por ello ni para etiquetar funciona, pues si algún patán quiere etiquetar a alguien, seguramente él tendrá también sus propias etiquetas que echarse al cuello.

Y ha sido una explicación muy larga para decir: la homosexualidad que hace sufrir al homosexual puede ser considerada una enfermedad. Si el homosexual se acepta y es capaz de tener una vida lo más plena posible con su orientación sexual, entonces no por ello llegará a psicoterapia y no por ello debe ser tratado. Un homosexual que no se acepta y que sufre su orientación con grandes penurias entonces podría ser considerado enfermo y la psicoterapia sería aconsejable para su caso. Y no para “quitarle” la homosexualidad, como muchas terapias “reparativas” afirman como posible, sino para ayudarlo a que acepte su orientación y decida qué quiere hacer con su vida partiendo de ese punto.

¿Por qué no revertir su homosexualidad? Pues porque no se puede. Las terapias reparativas basan su “eficacia” en casos de homosexuales que dicen haber dejado la homosexualidad sin que eso sea cierto o casos de homosexuales que creen haber dejado la homosexualidad que aun tienen, enterrada o negada. No hay un profesional serio de la salud mental que respalde estos tratamientos. Por ello esta línea es mayormente promovida por instituciones tradicionalistas e iglesias cristianas, en la que buena parte de sus psicólogos son, además, sacerdotes o ministros.

Y con esto termino por ahora. Más adelante presentaré un texto sobre los orígenes de la homosexualidad, que no es genética ni de nacimiento, ni viene inscrita en el ADN  ni nada por el estilo. El homosexual se hace, no nace. Pero ojo, “se hace” no es un acto intencional. El homosexual se hace por medio de procesos inconscientes, no es algo que él elija. Por ello rechazo el término de “elección sexual”. Un homosexual que se acepte está, como un heterosexual, negado a hacer una “elección” al respecto. Sí, existe la bisexualidad y existen aquellos que fueron heterosexuales mucho tiempo y se convirtieron en homosexuales. Desde mi punto de vista estos son casos de aceptación de la orientación sexual real, no casos de “cambio” per se. En otras situaciones, el cambio de una orientación sexual a otra puede deberse a factores traumáticos, problemas de identidad o incluso dificultades de adaptación. Pero quisiera hablar de estos otros temas en mi próximo texto.

Me retiro, pero no sin antes desearte que esta noche tengas un sueño que resulte reparador y constructivo.

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3 comentarios

  1. Me gusto mucho su escrito facil de entender. Tengo una hija de casi 35 anos, bonita, dulce e inteligente. Hace solo un mes atras nos confeso que vivia con su pareja (mujer) y nos ha afectado mas aun a su padre que a mi. No teniamos idea pues no le faltaban los novios. Se caso pero se divorcio al ano y 5 meses por motivos economicos. (El chico no queria trabajar). Todo esto ella lo confeso bajo un ataque de ansiedad violento que fue hospitalizada. Cualquier comentario en cuanto a esta situacion se lo agradeceria. De todos modos estare pendiente a sus proximos articulos. Gracias.


  2. Teresa,

    Ya le hicimos lelgar al Dr. Sánchez su comentario. En breve estará contestando su pregunta.

    Muchas gracias por su confianza y por seguir leyendo nuestros artículos.

    Carlos Dragonné


  3. Teresa:

    Aunque los motivos económicos debieron ser importantes, hay otras parejas que funcionan bien aun cuando el hombre no quiere trabajar. No conozco mucho el caso del matrimonio de su hija y por ello sería irresponsable hablar sobre las condiciones psíquicas de su final. Pero sí puedo decirle que, si su hija se casó por intentar cubrir su homosexualidad a los demás o por quererse engañar, seguramente eso fue un mayor precipitante de su divorcio.

    No puedo dejar de decir que me da gusto, porque los homosexuales que se casan y fingen ser heterosexuales se causan un gran daño a sí mismos, pero también pueden llegar a destruir a sus parejas y a sus hijos.

    Ahora bien, por lo que me cuenta, su hija declaró su homosexualidad en una situación de crisis. Tal situación pudo hacerla mentir para lastimar o bien pudo generarle un estado de sinceridad espontánea en la que, finalmente, tuvo el coraje para decir la verdad. Eso no puedo saberlo con certeza porque no conozco a fondo su caso y no sé qué clase de crisis fue la que la atacó.

    Mi recomendación es que hablen con ella en cuanto salga de la crisis, le recuerden qué fue lo que dijo y, con mucho cariño y comprensión, le pregunten sobre su preferencia sexual. Si su hija es homosexual, entonces es una gran muestra de coraje de parte suya el comunicarle a ustedes ese hecho. Tómenlo en cuenta y recuerden que, homosexual o no, es su hija, la misma hija a la que amaban y aceptaban antaño.

    Cualquier otra cosa, no duden en preguntarla y visiten otros textos de Carlosdragonne.COM.

    Que tenga buenos sueños,
    Enrique Sánchez



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