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Cinecrítica. Invictus (Eastwood, 2009)

febrero 22, 2010

Por: Enrique Lores  

Después de anunciadas las extrañas nominaciones para los Óscares de este año, decidí lanzarme como de rayo a ver la nueva cinta de Clint Eastwood: Invictus. Personalmente pienso que este director es uno de los mejores de Estados Unidos y asisto a todos sus filmes con harto gusto. En este caso, la película me interesaba más que de costumbre, porque el cambio democrático y social que representó para Sudáfrica la presidencia de Nelson Mandela me parece no sólo un ejemplo a seguir en todo el mundo, sino una historia digna de filmarse. Aquí mis impresiones al respecto.

Nelson Mandela ganó las elecciones en una Sudáfrica profundamente dividida por las razas. Un negro no podía utilizar las mismas instalaciones que un blanco, no tenía los mismos derechos y era subestimado básicamente en toda su condición como humano. Los blancos gobernaron sobre los negros durante muchos años con un pesado puño de hierro en el que no cabían concesiones ni misericordia. Los sudafricanos lo tenían muy claro: los blancos y los negros no eran iguales, unos eran gente de bien, los otros eran criminales. Los primeros eran empresarios, políticos y artistas; los segundos eran sólo sirvientes, obreros o malvivientes. La Sudáfrica del Apartheid persiguió a los negros bajo el único argumento de que eran negros.

Nelson Mandela, un hombre negro que estuvo en prisión durante más de veinticinco años por ser activista contra las políticas del Apartheid, llegó a la presidencia de Sudáfrica en 1994. Se le considera el primer presidente de su país elegido por medio de un sistema democrático y uno de los mayores luchadores por la igualdad social en la historia universal.

La película de Eastwood inicia justo en este momento. Vemos a Nelson Mandela hablando con los empleados de la casa de gobierno, todos blancos, todos con un claro gesto de miedo, pues creen que el nuevo presidente negro iniciará una persecución de blancos en justa venganza por sus casi treinta años de cárcel. El presidente, sin embargo, no llegó al poder para vengarse, sino para unir a negros y a blancos en la construcción de una gran Sudáfrica.

Después de unos minutos de presentarnos al presidente y su manera ecuánime y anti-racista de trabajo; luego de que Eastwood nos presenta a uno de los personajes más interesantes de la cinta (un paranoico guardia de seguridad), es cuando en realidad entramos en el conflicto de la película.

El equipo nacional de rugby, los Springboks, están en una de sus peores crisis. Juegan mal y son apaleados partido tras partido. El periodismo de deportes les pasa por encima y pronto el ministerio del deporte se deshace de su director técnico. La presión completa está encima de Francois, el capitán del equipo, que no encuentra cómo hacer para que su equipo, formado casi enteramente por blancos, pueda lograr los resultados esperados.

Ante las constantes fallas, el gobierno sudafricano desea deshacer al equipo, incluso cambiarle el nombre y los colores de su playera, ambos resultado de la época del Apartheid sudafricano.  El presidente Mandela, haciendo de lado todo el protocolo de gobierno, asiste a la junta y defiende el nombre y los colores del equipo. Le pide a sus compatriotas (todos ellos negros) que miren por encima de los colores y que apoyen al equipo representante de su país.

Obviamente muchos se enojan con él, sobre todo aquellos que esperaban que el presidente efectivamente ejerciera sobre los blancos un trato tan terrible como el que ellos habían propinado. Sin embargo, Mandela se mantiene firme y asegura que el Rugby podrá unir a toda la nación entera, sin divisiones raciales y sin prejuicios sociales. Para ello, llama a Francois y lo hace responsable, como capitán, de ganar el campeonato en la Copa Mundial de Rugby de 1995.

A partir de entonces, Eastwood nos lleva de la mano por dos aventuras que nunca dejan de ser una: los primeros días de Mandela en el poder y las dificultades del equipo por superar sus resultados. ¿Podrá Mandela unir al país por medio de uno de los deportes más populares de Sudáfrica? ¿Será capaz un equipo cansado y desmoralizado como los Springboks mejorar sus resultados para hacer en  la copa mundial un papel mejor al que se espera de ellos? Personalmente estas dos líneas me mantuvieron interesado y emocionado durante sus 133 minutos de duración.

Primero lo más sobresaliente: la actuación de Morgan Freeman. Este señor es un gran actor, eso no es un misterio ni estoy descubriendo el hilo negro. En este personaje hace un papel invaluable. A leguas se nota que estudió a profundidad el tono, el acento, los movimientos y los manierismos de Nelson Mandela. Poco transcurre del filme antes de que el espectador olvide que es un actor y empiece a ver ante sus ojos al mismo presidente sudafricano. Pero, por si fuera poco, desde el primer minuto nos conectamos con su perdón, con su motivación y con su compromiso por la unidad nacional.

El otro lado de la película es el rugby. Pocas personas de este lado del mundo conocemos el rugby o sus reglas. Hay quienes lo resumen diciendo, muy equivocadamente, que es un estilo de fútbol americano. Creo que Eastwood lo tiene muy claro y toma una estrategia brillante: en lugar de explicarnos durante secuencias iniciales cómo se juega el rugby, nos pone en los ojos de sus personajes. El presidente, el público, los jugadores y hasta los guardias de seguridad nos sirven de intérpretes durante las secuencias de juego. Un guardaespaldas presidencial que no sigue el rugby le pregunta a uno que sí sabe: “¿Cómo van? ¿Esa es falta? ¿Quién tiene la bola?” de modo que la audiencia, a través de sus ojos, sacie su duda y entienda qué está pasando en pantalla.

Pero que Eastwood no explique el rugby no significa que las secuencias de este juego no estén hermosamente filmadas y que sean claras para quien entiende el juego y puede seguirlo. Podemos ver, además, los sentimientos que están en juego por medio de los gestos de los jugadores, de sus festejos y de las palabras que se comparten durante las reuniones de equipo. Matt Damon hace un buen papel como el sufrido capitán del equipo, dividido entre dos mundos: la nueva Sudáfrica de la igualdad y la herencia deportiva del pasado apartheid. Él es parte de ambos y a ambos tiene que honrarlos.

Y ya hablando de la división entre dos mundos, he escuchado que algunos critican esta película es demasiado obvia en sus mensajes de igualdad, en los planos que simbolizan la unión de razas y en las secuencias cínicas de fraternidad entre blancos y negros. Tienen razón. Son obvias, son cínicas, son claras. Pero creo que fue la intención de Eastwood desde el primer momento. ¿Por qué? Porque en la Sudáfrica de Mandela tales imágenes no sólo eran novedosas, sino que inflamaban el pecho de cualquier sudafricano. Eastwood, con esas secuencias, no comunica una obviedad, sino que nos presenta un poco del sentimiento sudafricano de los noventa, en donde ver en la misma imagen a un negro y a un blanco era, sin duda alguna, algo que no se había visto durante décadas. Invictus no nos presenta un mensaje positivo de unidad en esas imágenes, sino ya una realidad sudafricana, una realidad que costó muchas lágrimas y mucha sangre.

Mi calificación: 95. Si no la han visto, vayan al cine a verla. Es una maravillosa sensación poder entrar como un polizonte a la oficina presidencial de Sudáfrica en los primeros días del mandato de Mandela para ver a un Morgan Freeman en la mejor de sus formas. Además de buenas actuaciones y una extraordinaria dirección (como es común) de Eastwood, podrán enterarse de un poco de historia reciente, pues esta película respeta, en la medida de lo posible, los hechos históricos como se sucedieron apenas hace dieciséis años.

Les mando un abrazo.

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2 comentarios

  1. Disfruté mucho de la película, de acuerdo con su comentario. punto a favor de la película, traernos historia semi actual a los no tan inmiscuidos en los pormenores.

    Un placer leerle, como siempre.

    Ma Georgina Jaramillo


  2. Qué buena película! Excelente Morgan Freeman! Qué bueno y qué complacida quedé con Matt Damon, y por supuesto, qué enooorme director es Clint Eastwood! Como dices, también uno de mis favoritos por lo que logra en cada filme que presenta. Gran maestro, gran mensaje!
    Y bien harían en ponérsela a nuestra selección de fútbol, para que vean a lo que se enfrentarán allá jajaja. Saludos!



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