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Psicología. La dificultad con el manejo de los sentimientos

marzo 5, 2011

Por: Dr. Enrique Sánchez, Psicoanalista Clínico

Seguramente usted ha conocido a una o varias personas que parecen no tener sentimientos. Y no me refiero a gente “mala”. Estoy hablando de personas que, sencillamente, no saben qué hacer con sus sentimientos o, en ocasiones, no saben ni siquiera qué es lo que están sintiendo.

En México tenemos el famoso caso del machismo, el convencionalismo de este hombre del norte que no muestra sus sentimientos porque “eso es de viejas”. En realidad no sabe la manera de comunicarlos. Lo mismo sucede con las personas en un velorio, que le dicen a los deudos frases prediseñadas para momentos difíciles, como “el Señor sabe porque hace las cosas” o “estoy para lo que necesites”. Pocas veces estas personas saben lo que dicen y en realidad lo único que están haciendo es salir del momento complicado. ¿Por qué? Pues porque no saben cómo manejar sus sentimientos.

Porque aunque la cosa suene sencilla, no lo es tanto. Por ejemplo, volvamos al caso del velorio. Falleció el papá de un buen amigo, pero nunca conociste al muerto. Sientes que “estás triste por tu amigo”, ¿pero qué diablos significa eso? Si eres honesto contigo mismo y si no conociste a su papá realmente no te va a importar un bledo, no es doloroso para ti. Pero es doloroso para tu amigo… ¿no se supone que debería dolerte? Entonces como tu amigo espera que te duela o que de menos no estés echando chistes en el funeral de su padre, te le acercas con una cara de compunción mayormente fingida y le dices una “frase de velorio” de repertorio, una de diez o doce que todo el mundo dice.

¿Pero por qué todo ese circo? Porque desde nuestro proceso de socialización “se supone” que debemos sentirnos de cierto modo en ciertas circunstancias. Entonces empezamos a hacer juicios (conscientes o inconscientes) sobre lo que es correcto o incorrecto sentir en unas u otras circunstancias. La cultura, la religión y las costumbres sociales construyen guías, caminos y trabas a muchos de nuestros sentimientos. Y entonces la mujer que siente un enorme deseo sexual (y lo expresa) es una zorra. El hombre que llora en el cine es un “maricón”, la mujer que se muestra fuerte e independiente es una machorra”, entre otros casos.

“Oiga”, podrían decirme, “pero esos son clichés baratos”. Y tendrían razón, me estoy agarrando de casos convencionalistas para que se pueda entender a qué me refiero. Pero los ejemplos sobran. En una ocasión, un paciente me decía que no sabía qué sentía hacia su padre, que no sabía cómo comprenderlo, como elaborarlo o cómo comunicárselo. En pocas palabras quería reclamarle a su padre algo que sentía pero que no sabía ni qué era, ni porque lo sentía y, por lo mismo, no tenía la menor idea de cómo reclamárselo. ¡Que cosa tan complicada!

¿Qué hacer en estos casos? Primero es necesario que la persona pueda reconocer sus sentimientos antes de intentar comunicarlos, de otro modo lo único que logrará será frustrarse y dejar confundido al otro. ¿Y cómo hacemos eso? Puedo decir que es un proceso complejo que no tiene garantía; hay personas que aprenden a nombrar y comprender sus sentimientos muy rápido, mientras que otros no hacen más que intentarlo durante años sin lograr vencer las barreras que los tienen dominados.

“¿Pero esas malditas barreras como para qué sirven o de dónde vienen?, me podrían preguntar. Son defensas del sistema mental. ¿Defensas contra qué? Pues depende de cada caso, no hay dos personas iguales y con las mismas motivaciones mentales. Por ejemplo, el paciente que cité anteriormente había sido muy lastimado por sus padres por demostrar sus sentimientos durante la infancia. Su padre no sabía recibir la ternura que él le entregaba, entonces lo hacía a un lado. Algo similar sucedía con su madre. El paciente aprendió que cada vez que abría su corazón resultaba lastimado. ¿Qué hizo entonces? Aprendió a cerrar su corazón. Era tan lastimoso abrirlo que mejor lo dejó cerrado por siempre.

Y esto podría sonar a un mecanismo convincente y eficiente, al fin y al cabo gente como este paciente ya no van a sufrir ese dolor que sintieron en el pasado. El problema es que tampoco van a tener la capacidad de demostrar amor, de acariciar a su pareja, de darle un apapacho a sus hijos, etcétera. Su mente estará confundida, confundirá los sentimientos de cariño con los agresivos y al cerrarle la puerta a unos, se la cierra a todos. Lo podremos ver en una relación de pareja en donde no puede ser cariñoso, decir “te amo” o ni siquiera contarle a su esposa cómo le fue en su día de trabajo.

Estos procesos son mayormente inconscientes, aunque también puede darse como proceso consciente. En estas ocasiones lo que se hace es suprimir el sentimiento, hacernos “de la vista gorda” sobre la existencia de ese afecto. Fingir que no está pensando (torpemente) que va a desaparecer. Al revés, es como una cría de león encerrado con nosotros en una jaula: si cerramos los ojos no lo vemos, pero eso no hace desaparecer al animal, al contrario, crecerá sin que hagamos nada al respecto y un buen día nos va a comer de una mordida.

¿Por qué la gente suprimiría un sentimiento? Doy la misma respuesta que arriba: las razones son muchas, diferentes para cada persona y tantas como seres humanos en la tierra. Principalmente suprimimos sentimientos con la idea de que son negativos, rechazados, socialmente inaceptados, políticamente incorrectos, etcétera. Si una chica se enamora de un hombre que su familia considera “poca cosa” puede callarse y tragarse ese amor para no recibir el juicio de la familia; si un sentimiento te hace juzgarte a ti mismo como “malo” o “descorazonado” muy probablemente lo guardes.

Y quisiera terminar comunicando algo que es bastante peculiar: en la enorme mayoría de las ocasiones la gente que niega o ignora sus propios sentimientos desconoce el origen de estas gruesas armaduras afectivas. Entonces se da cuenta que está rechazando a una pareja o que está alejándose de su madre pero no saben por qué lo están haciendo, sólo saben que “no se siente bien” y que es el camino más fácil a tomar. En ocasiones toman ese camino por la confusión que los sentimientos (no muy comunes en sus vidas) les acarrean, y entonces no saben si sienten, si no sienten, qué sienten, qué deberían sentir, si se supone que deberían sentir algo, si lo que sienten es correcto, etcétera, etcétera.

El problema es que se cometen muchos errores en el camino, se pierde a gente valiosa, se agrede a personas que no lo merecían y, en general, no hay una respuesta madura respecto a los sentimientos: no se enojan cuando deberían, no muestran amor cuando se supone que es momento, no sufren con desgracias, no se alegran con las buenas noticias (o se alegran de manera tímida y deslavada), etcétera.

“¿Pero entonces qué hacemos los que sufrimos eso o si conocemos a alguien que lo sufre?”. Pues ya saben que no creo en las recetas y que no hay un A-B-C al respecto. Puedo recomendarles que, si el problema ya está afectando su calidad de vida y la de aquellos que lo rodean, asista a terapia para descubrir cuál es la razón por la cual no tiene una relación limpia con sus sentimientos, por qué no los conoce, reconoce y aprehende. Jugarle al “yo solo puedo” en cuestión de sentimientos es tan ridículo e ineficiente como querer arreglarse sus propios dientes en lugar de ir con el dentista.

Me despido, pero no sin antes desearles que esta noche tengan un sueño reparador y constructivo.

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5 comentarios

  1. Muy cierto e interesante lo que dices,
    saludos ^^


  2. Muy interesante y muy real, nos pasa a diario. Lo mas difícil hacer que la persona en cuestión entienda que no solo es el (o ella) el que sufre, sino el resto de las personas con las que convive.
    Es realmente muy triste saber que alguien se pueda hacer tanto daño a si mismo.


  3. Es totalmente cierto lo que se dice aqui…. Y a veces, se esconden tanto los sentimientos que despues da miedo expresarlo, o uno se siente ridiculo al hacerlo…. creo que el no demostrar los sentimientos va de la mano con inseguridad… y el miedo que nos lastimaran como lo hicieron en cierto momento de nuestras vidas… Y lo peor es que cuando tienes un problema muy grande, con la tipica frasecita “yo solo puedo” te haces mas daño aún…Porque te das cuenta que no eres auto-suficiente y que necesitas un abrazos de esos que sin palabras te hacen sentir que todo ira bien y unas palabras de aliento que que provoquen que tengas nuevamente esperanzas….


  4. yo opino k esto es muy cierto a veces aunque quieras demostrar tu cariño hay algo que lo lo impide creo que me pasa igual me siento rara cuando me abrazan personas que apenas acabo de conocer o salir con algun chico como se tratar de ser mas cariñosa


  5. y si todo esto lo has descubierto en tu pareja y se lo has pedido amorosamente ( el por que de su falta de entrega) te puedo decir que he luchado mucho por ella y sigo asiéndolo; su respuesta es yo no pago por palabras.



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