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Cinecrítica. Revisando los Oscares. Black Swan (Aronofsky, 2010)

marzo 6, 2011

Por: Enrique Lores

Este domingo no pude esperar más y corrí al cine a ver la última película de Darren Aronofsky. No sobra comentar que soy un gran fan de este director desde que vi su Requiem for a Dream. Luego de disfrutar Pi, The Fountain y The Wrestler me quedó claro que este hombre es uno de los mejores cineastas de su generación. Por ello es que, aunque un poco tarde, logré hacerme de un boleto para Black Swan.

La película nos habla de una joven bailarina de ballet llamada Nina. Hija de una mujer que dedicó su vida al baile sin lograr nunca un papel protagónico, Nina está obsesionada con lograr lo que su madre nunca alcanzó y hacerse del papel principal en la nueva puesta en escena de “El Lago de los Cisnes” de Tchaikovsky.

Sin embargo el director de la compañía, Thomas, no está muy satisfecho con el trabajo de Nina. Se da cuenta que es muy buena bailarina y que domina el papel del “Cisne Blanco” con su bondad y su entrega. Sin embargo, siente que es demasiado dura para poder retratar al Cisne Negro, personaje que requiere de una mayor soltura y pasión. Para Thomas, Nina está tan preocupada por ser perfecta que es incapaz de dejarse ir y permitir que el espíritu libre del Cisne Negro la invada en escena.

La película nos narra de la mano de Nina sus intentos por hacerse del papel principal y los problemas que vienen con ello, desde los problemas personales que tiene con su propio deseo de perfección, las luchas internas con otras bailarinas de la compañía y la necesidad constante de darle gusto a una madre que salta de la compasión y el amor a la crueldad y la exigencia como un metrónomo. Poco a poco, el cruel perfeccionismo que Nina vive empieza a convertir su vida en un caos en donde nada es lo que parece y cada paso hacia el triunfo resulta un espejismo.

Como todas las películas de Aronofsky, Black Swan toma la totalidad de su argumento de las complejidades psicológicas del ser humano, de sus deseos, de sus frustraciones, de sus miedos y, en el caso de Nina, del boicot que ella hace de su propia felicidad, de sus propias capacidades y de su gozo. El personaje, sencillamente, pierde la noción de qué es la perfección, qué es la pasión y cuándo puede o no aplicar estas cualidades en su vida.

Nina va minando su propia vida poco a poco hasta que llega un momento de la historia en el que está completamente transtornada, paranóica, rechazando y dañando a quienes le rodean a través de conclusiones derivadas de alucinaciones y delirios. Nosotros, los espectadores, la seguimos en este viaje por una vida brillante que es, sin embargo, una historia de terror a través de los ojos de la joven bailarina.

Natalie Portman está excelsa en su papel. Creo que ella es una actriz muy maleable y demuestra en sus roles la capacidad del director con el que está trabajando. La joven actriz tiene papeles brillantes y tiene también roles acartonados, muertos, más duros que una figura de engrudo. Me parece, al ver su carrera, que transfiere para sí la pasión que el director tiene hacia el proyecto. Por ello es que un Aronofsky con una historia humana de tragedia, obsesión y pasión por el baile puede sacar lo mejor de ella mientras que un Lucas que no tiene nada que decir es el responsable de las peores actuaciones que Natalie Portman ha ofrecido en toda su carrera.

Aronofsky sacó lo mejor de Portman como sacó lo mejor de Burstyn en Requiem for a Dream. Toma actrices con un enorme talento y las hace desarrollarlo a toda su capacidad. Portman nos atrapa desde el primer momento y vivimos con ella su angustia, su alegría, su miedo, su sensualidad. Vemos el mundo a través de sus ojos y, aunque comprendemos que es un mundo trastornado, estamos con ella, nos relacionamos con ella, deseamos seguirla hasta el final de su camino. Bravo a Natalie Portman por entregarnos un personaje con tanta pasión y con tanta vida.

Quiero también resaltar la actuación de Barbara Hershey, quien le da vida a la madre de Nina. Creo que es uno de los personajes mejor escritos que he visto en mucho tiempo. Su locura, aquella que cala a Nina hasta lo más profundo, se aleja de la obviedad, es más la amenaza de una marea que va y viene. En ocasiones es una mujer amorosa que apoya a su hija; en otras es una dictadora cruel que mina la seguridad y la felicidad de su hija de maneras escuetas que podemos sentir pero no ver ni identificar del todo.

El resto de los personajes no hacen otra cosa que acompañar a Natalie en su viaje por la locura. Vincent Cassel hace buen papel como el amoroso y exigente director de la compañía de baile, una actuación sobria pero efectiva. Mila Kunis es un personaje cliché, la adolescente despreocupada que exuda pasión, sensualidad y gozo por la vida. Esta chica apoya a Nina a pesar de todo, a pesar de ser agredida o simplemente ignorada. Ese personaje ya lo conocemos, pero no nos estorba porque no es sino un mecanismo del director para el quiebre de la protagonista.

Celebro una vez más a Aronofsky como usuario de los efectos especiales. Creo que fue Ron Howard quien dijo que los efectos especiales bien usados no debían notarse; no deben saltar a la vista para provocar un “guau, que buenos efectos especiales”, como sucede con la nueva moda de superproducciones en tercera dimensión que trabajan bajo la premisa de que una película es buena por cuántas cosas saltan hacia el espectador y no por la historia que están contando.

En realidad, los efectos deben saltar a la vista como medios que nos unen más a los personajes. En este caso, nos comunican de manera prístina lo que pasa por la cabeza de Nina y, aun mejor, cómo se está sintiendo ante cierta situación. Sin ridículos monólogos, voces en off o música obvia, Aronofsky nos enseña cómo se siente su protagonista sin dejar la menor duda. Sea en un momento de miedo o en el goce sin ataduras de un baile apasionado, los efectos especiales no se notan, se nota su intención y eso es de aplaudirse.

Finalmente, no puedo terminar sin agradecer un filme en donde la música de Tchaikovsky llena el ambiente una y otra vez. El poder de “El Lago de los Cisnes” completa todos los elementos que construyen escenas poderosas y memorables.

Sin duda que Black Swan tiene un 10, es una de las mejores películas del 2010 y un triunfo más en la filmografía de este ya de por sí brillante director. Por favor, corran a verla, véanla en la pantalla grande, déjense llevar por el poder de esta película. ¡Buena suerte!

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