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Cinecrítica. Pirates of the Caribbean: On Stranger Tides (Marshall, 2011).

junio 29, 2011

Por: Enrique Lores    

Fui a ver los piratas por algo que podría pasar como “lealtad a la saga”, aunque desde antes de sentarme en la butaca estaba seguro de que el filme que se desarrollaría ante mis ojos sería terrible. Terrible aun contando los enormes huecos y errores en la tercera parte de la trilogía. Un director nuevo venido de dos películas musicales, un protagonista que dijo abiertamente que ya estaba cansado de hacer al personaje emblema de la serie y un capítulo que continúa una historia que ya terminó… pensé que nada podía salir bien.

No fue un prejuicio, nunca había estado tan atinado en mi vida. Los “Piratas del Caribe: Navegando Aguas Misteriosas” es todo lo que no se debe hacer en un filme, un majestuoso ejemplo de cómo no hacer películas. Todo en ella es un caos. Eliminaron lo que servía de las otras películas de la serie, deslavaron el humor, la desnudaron de la emoción… vaya, quitando un par de brevísimos detalles graciosos, la película no tiene nada bien.

Comúnmente el cine norteamericano de las franquicias funciona de la siguiente manera: haces una película con un final que parezca cerrarlo todo, una historia única en sí misma. Si le va muy bien en el mercado, entonces se producen otras dos. La segunda parte retoma algunos de los personajes o temáticas de la primera y les da continuidad, además de agregar otros elementos y otros personajes que se vinculan con los que ya conocemos (en ocasiones de maneras más eficientes que otras).

Siempre dejan la dos en suspenso y terminan todo en la tercera, que tiene un climax global. La tres suele ser la más ruidosa, la más emocionante y la que finaliza las cosas de manera tajante. Y no sólo es más emocionante por su manufactura (más compleja, más grande, más ruidosa) sino porque llevamos años siguiendo a esos personajes, quizá hasta casi una década. Ver lo que será de ellos al final es excitante porque ya creamos con todos un vínculo sentimental bien definido.

La cosa funciona cuando la uno es sola y luego vienen la dos y la tres. Una cuarta sola ya no funciona. Apesta, se siente rígida, se siente fuera de lugar. Menos cuando (y esto pasa muy seguido) la cuarta es menos ruidosa, menos espectacular y menos afectiva que la anterior. Las franquicias van creciendo, cada vez mejores efectos, cada vez más complejas, cada vez más emocionantes. Sacar una cuarta que reduce la tensión, la emoción y la espectacularidad al nivel de la primera (o incluso menor) es una mala idea ya de entrada. Y eso está por todos lados en esta cinta.

Empecemos por el gran protagonista, Jack Sparrow. Johnny Depp ha dicho en entrevista que ya se cansó de hacer al sobresaliente pirata y eso se nota en toda la película. Jack se ve igual pero se siente diferente, se ve deslavado. Es curioso, pero ya no tan curioso, es chistoso, pero no mucho y su cinismo aparece poco y en circunstancias en las que se siente forzado, metido con calzador diría yo.

Luego está el “villano”, un afamado pirata legendario llamado Barbanegra. De nuevo, la historia se hace de leyendas y mitos marinos para llenar el guión, sólo que esta vez no nos entrega nada nuevo y “el villano más malvado de la saga” (en palabras de Bruckheimer, el productor) resulta un personaje que ni se ve malvado, ni actúa malvado. El guión es tan ridículo que tiene que usar artilugios de cine chafa para mostrarnos la “maldad” de Barbanegra, limitados como están los guionistas para mostrárnoslo de alguna manera mucho más creativa y eficiente. ¿Qué artilugio de cine chafa? Cinco minutos de una escena en la que el villano muestra un artilugio que nunca más volverá a usar, todo para que veamos que es un verdadero malote, locote y cruelote (pero sin el menor fondo).

Si nos vamos a las películas anteriores vemos que los villanos tenían motivaciones claras y creíbles. Barbossa sufría de insatisfacción crónica, David Jones estaba carcomido por la venganza contra la mujer a la que amó y a la que traicionó al sentirse (equivocadamente) abandonado y, finalmente, Lord Beckett deseaba un negocio próspero y no podía tenerlo si había cientos de malditos piratas asaltando sus barcos.

¿Qué motiva a Barbanegra? El personaje de Penélope Cruz (que es hija del villano) nos informa que su padre tiene mucho miedo de morir y que por eso hará lo que sea para alcanzar la fuente de la juventud. Suena lógico, seguramente el personaje está enfermo. ¡Pues no! Lo que pasa es que un zombi vidente se lo dijo… La razón es estúpida, pero podría pasar por válida si viéramos al zombi leer el futuro constantemente (y de manera atinada). Pero no, jamás lo vemos hacer tal cosa, así que como espectadores tenemos que creerle a su palabra (y al parecer, Barbanegra también). Tenemos, entonces, a un villano con una motivación que se pierde entre las sombras porque, sencillamente, no la vemos.

Y ya que saqué el asunto de la fuente de la juventud, quisiera hablar un poco de esto. La fuente de la juventud, dice la leyenda, tiene aguas milagrosas que devuelven la edad a quien se baña en ellas. Marshall, sin embargo, nos presenta una fuente de la juventud “alternativa” que, ya pensándolo, resulta una completa necedad.

Esta fuente no devuelve la juventud, sino que le pasa a una persona los años de otra. Es decir, la que da los años muere (porque ya no los tiene) y la que recibió esos años vivirá de más aquellos que al muerto le quedaran. ¡Qué clase de idiotez es esa! Y se pone mejor… para poder hacer funcionar a la fuente se deben utilizar dos copas especiales que estuvieron en poder del conquistador Pizarro y una lágrima de sirena. A estas alturas me preguntaba ¿qué tan mágica es la “fuente de la juventud” si el truquito lo hacen las copas y la lágrima?

Y con esto llegamos a otra grandiosa estupidez del filme: las sirenas. De nuevo Marshall toma prestado (y usa pésimamente) elementos de la mitología. Aquí las sirenas se presentan primero como hermosas damas que cantan con voces angelicales para luego transformarse en una especie de vampiresas de ojos malvados y colmillos afilados que hunden a los marineros al fondo del océano. Toda la secuencia de las sirenas supone ser “emocionante” con música épica y personajes cayendo a diestra y siniestra (personajes por los que no damos un bledo, sirenas por las que no damos un bledo y un Jack Sparrow que nunca parece estar en peligro).

Yo creo que el amor entre Elizabeth Swann y Will Turner sí funcionó en la primera trilogía. Se conocieron de niños y han vivido juntos toda una vida en la que no se atreven a declarar su amor. Cuando por fin la vida de pirata le da a Will la madurez de declarar sus sentimientos, la boda se ve frustrada por los hechos. A pesar de sus mejores intentos, ellos no pueden estar juntos. La más bella ironía es que nunca lo logran, pues aunque se casan Will termina destinado a vivir en el mundo espiritual. Su amor se convierte en un amor eterno, ellos logran lo que Jones y Caplypso jamás lograron. Y todo esto lo seguimos a través de años y horas de película.

Aquí hay una pareja romántica que son la sirena y un misionero, pero esta pareja nunca funciona. ¿Por qué? Porque primero no sabemos quién es él, no sólo es un personaje nuevo y desconocido sino que desde que abre la boca se convierte en un cliché moralista desagradable. Ella nos importa un bledo porque es una sirena que odia a los seres humanos y ya… es todo lo que sabemos de ella y su carita de inocente sufrida no nos ayuda, en lo absoluto, a acercarnos al personaje.

Por cierto, Marshall debe creer que su audiencia es idiota, necesita hacer tomas de las colas de las sirenas todo el tiempo. ¡Gracias, ya entendimos que todas las mujeres desnudas y con los pezones borrados en Photoshop son sirenas! No necesitamos movimientos de cámara una y otra vez para comprobarlo.

El clímax es poco emocionante, las peleas con espadas son entre personajes por los que no damos un bledo (además de que son trucos de espadazos hacia la cámara sin que veamos a personajes realmente luchando entre ellos) y el destino de la fuente de la juventud no podría importarnos menos. Estamos ahí como espectadores sólo esperando a que la maldita cosa termine.

Creo que ha sido una crítica muy larga, pero hay todavía un par de cosas que decir de este pobre intento de cuarta parte.

El “Perla Negra” es parte importante de la historia. En la segunda parte, cuando la hunde el Kraken, resulta toda una tragedia, como la muerte de uno más de los protagonistas. Sin embargo, en esta película ni sale. Está hundida desde el inicio de la historia. Claro, Marshall no es idiota y sabe que tiene que mencionarla (siendo ésta el punto de partida de toda la franquicia) así que el filme nos expone toda una temática ridícula de cómo es que, aunque Barbanegra la hundió, Jack puede recuperarla.

Y, finalmente, la música. Yo pensé que, siendo Hans Zimmer el músico de esta cuarta entrega, la música al menos sería rescatable. Al escucharla, tuve la impresión de que ya había tenido esa impresión antes: ¡es la misma, son temas reciclados de las tres películas anteriores! Y que sea la misma música reciclada no es lo peor, lo peor es dónde decidió ponerla el director. Música que era emblemática de momentos intensos de las primeras tres partes está puesta en momentos que no calzan lo suficiente. ´

Además, para quienes sí ponemos atención a la música de un filme, esto resulta engañoso y distractor. Ver la caza de sirenas con el tema que ya es emblemático de la muerte de Lord Beckett, por poner sólo un ejemplo, no es sólo un escupitajo a la película anterior y las emociones que ésta generó musical y cinematográficamente, sino que además nos lleva a relacionar la secuencia de ésta con la secuencia de aquella, perdernos entre ambas y… bueno, un caos estrafalario.

Ya mejor no hablar de los otros personajes, como el de Penélope Cruz por quien no damos nunca un bledo, (ni al pretexto de historia romántica con Jack); o el de Barbossa, que regresa con una pata de palo y nuevas motivaciones sacadas de la manga (claro, si ya no está maldito y si ya no tiene que pagarle a Calypso su vuelta a la vida, pues algo tenían que inventarle… supongo).

Calificación: 5. Evítenla a toda costa, más si les gustaron las primeras tres películas de la saga. Algunos dicen que se divirtieron, pero yo no entiendo cómo le hicieron. La cosa es predecible, aburrida, no es simpática, no es emocionante, ninguno de los personajes nos interesa… No es nada, no logra nada. Nunca había visto un peor ejemplo de Hollywood sacándole las últimas tres gotas de leche a una vaca muerta.

¡Buena Suerte!

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