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Cinecrítica. Harry Potter and the Deathly Hallows, Part 2 (Yates, 2011).

julio 18, 2011

Por: Enrique Lores    

En 2007 la última novela de Harry Potter, “Harry Potter y las Reliquias de la Muerte” llegó a las librerías de todo el mundo. Rompió los récords de la novela anterior, vendiendo once millones de copias el día de su publicación. En la mayoría de las librerías de Inglaterra y Estados Unidos el libro ni siquiera llegó a las estanterías, sino que pasaba de las cajas a las manos de los fanáticos compradores, ávidos por saber en qué terminaba la saga que tomó diez años en contarse. Este viernes, las salas cinematográficas presentaron la última película, la octava desde que empezamos a seguir, en el año 2000, las aventuras fílmicas del joven mago. Aquí les dejo mis apreciaciones sobre “Harry Potter y las Reliquias de la Muerte”.

La película anterior había terminado con la muerte de Dobby el elfo y con Voldemort haciéndose con la Varita de Sauco, el arma mágica más poderosa del mundo. Ahora Harry tiene que destruir todavía otros tres Horcruxes (los objetos en donde Voldemort tiene escondidos pedazos de su alma) si pretende poder acabar con la vida del mago oscuro más famoso de la historia de la literatura.

Apenas iniciada la película Harry se entera que uno de los Horcruxes está en el banco de Gringotts (el banco de los gnomos) y el otro en la escuela de Hogwartz. Sobre el tercero y último, nadie tiene la menor idea. Antes de que nos demos cuenta, Harry está de vuelta en el colegio que fue el escenario de sus primeras seis aventuras. El problema es que Voldemort, sabiendo que Harry se encuentra ahí, ataca la escuela acompañado de todos sus oscuros seguidores. Los amigos, compañeros y profesores de Harry se enlistan para defender el colegio del ataque de los mortífagos.

La Batalla de Hogwartz ocupa la mayoría del tiempo de la película. Pero ello no significa que todo sea un enfrentamiento interminable, la película le da el suficiente espacio al desarrollo de algunos personajes y logra cerrar de manera adecuada la gran mayoría de los cabos sueltos. Los misterios de la primera mitad de la película son resueltos, aunque no todos de la manera más satisfactoria.

Después de la pésima adaptación que fue la sexta película (“Harry Potter y el Misterio del Príncipe”), esta última entrega hace lo posible por resolver la historia sin la capacidad de utilizar datos importantes que debieron presentarse en la sexta película y que, lamentablemente, no aparecieron por ningún lado. Me refiero al conocimiento de los Horcruxes. Después de la sexta historia, Harry tenía muy claros cuáles eran y dónde podían estar. Aquí el guionista tuvo que arreglárselas para que Harry los encontrara sin saber siquiera qué eran. Me parece que la manera en que resolvieron es aceptable para no quedarnos atorados en los graves pecados de la sexta entrega.

A pesar de los maravillosos y realistas efectos especiales que llenan toda la película (empezando por uno de los más realistas dragones puestos en película y terminando por un Hogwartz escenario  batalla que se siente real segundo a segundo), los personajes no dejan de tener momentos que pueden sacarle un par de lágrimas a los seguidores más asiduos de la serie. En lo personal, me parece que los tres jóvenes actores han crecido maravillosamente a lo largo de estos diez años y las actuaciones que nos brindan en este filme son extraordinarias.

Pero en el campo de las actuaciones no puedo sino aplaudir incansablemente el trabajo de Alan Rickman y Ralph Fiennes. En cuanto a Fiennes es la primera vez que podemos ver a Lord Voldemort aparecer más de diez minutos. Aquí tenemos a Voldemort en toda la extensión de su maldad. Extraordinaria la actuación que brinda este gran británico. Pero aun mejor es la de Rickman, que merece una nominación al mejor actor de soporte.  Aunque es el mismo Snape de siempre, con gesto plano y discurso pausado, por primera vez vemos en sus ojos el verdadero conflicto que hace a este personaje uno de los más interesantes de toda la obra. Aunque su gesto sigue siendo mudo, en sus ojos podemos ver el miedo, la decepción, el dolor y la tristeza. ¡Extraordinario!

Estoy lejos de ser fan de la manera en la que David Yates dirigió las tres películas de Harry Potter anteriores a ésta. Creo que la cinco estuvo plagada de errores y la seis fue una verdadera desgracia. Sin embargo, en la séptima comenzó a corregir el camino y en ésta, finalmente, nos entregó el filme de Harry Potter que habíamos querido ver desde hace mucho. Personalmente, lo bien que logró ésta no me ayuda a perdonarle las anteriores y creo que los productores debieron haberlo sacado de la silla de director hace tres películas. No puedo dejar de imaginarme las últimas tres en manos más hábiles, como fueron las de Cuarón y las de Newell en la tercera y la cuarta, respectivamente.

De nuevo, la musicalización fue responsabilidad de Alexandre Desplat, quien le dio música a la primera parte de “Harry Potter y las Reliquias de la Muerte”. Aunque el señor se ganó el Óscar por su trabajo en “El Discurso del Rey” sigo sin encontrar en su trabajo la emoción necesaria para un filme de este estilo. Aunque la música apoya los hechos en la pantalla, no pasa de ahí y mucho menos se acerca a la fuerza que tuvieron las composiciones de Patrick Doyle para la cuarta entrega, la mejor banda sonora de toda la saga, desde mi punto de vista.

Creo que no hay mucho más que decir. La saga del niño mago tomó once años y ocho películas para su fin. En el 2007, cuando terminamos la última novela, los fans aun teníamos las películas para seguir siendo atrapados por ese mundo de magia y fantasía que funcionaba, en sus propios términos, como un símil de nuestro mundo, real, sin magia y sin fantasía.

Hoy Harry Potter se ha terminado para siempre, pero deja tras de sí un maravilloso legado: esta historia no sólo ha convertido en lectores a millones de niños que antes no tocaban un libro, sino que revivió un género y trajo de vuelta aquellos elementos de la mitología medieval germano-escandinava que las nuevas generaciones se estaban perdiendo.

Creo que estas novelas y estos filmes se mantendrán vivos para siempre y espero que sigan inspirando a generaciones venideras así como inspiraron durante una década completa a niños que, de la mano de Harry, se hicieron adolescentes. Pero más importante aun, creo que las historias de Harry Potter acompañarán más que a nadie a todos los adultos que, de la mano de Harry, sin pena ni pesar, nos hicimos niños.

¡Buena Suerte!

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