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Televisa, ¡sal del clóset!; TV Azteca, ¡sal del clóset!

junio 8, 2012

Por: Genaro Lozano. 
Publicado originalmente en Reforma.

La nostalgia del pasado. La marcha del orgullo lésbico-gay-bisexual-transgénero (LGBT) en la Ciudad de México, la más grande y antigua del país, se mercantiliza cada vez más. Los camiones de los antros son hoy el alma de las multitudes que se congregan ahí. La politización parece haber quedado fuera este año.

Para no variar, los organizadores de la marcha se pelearon, pero este 2012 llevaron sus diferencias a un nuevo nivel: en lugar de una sola marcha, como siempre, este año serán dos. Tradicionalmente la marcha se realiza el último sábado de junio, que esta vez cae un día antes de la elección presidencial y sujeto a la “Ley Seca”, ya que el Estado mexicano nos sigue tratando a tod@s -heteros y gays- como menores de edad y piensa que uno no puede ir a votar con cruda. Por tanto, los dueños de los antros- al no ver negocio en la fecha tradicional- propusieron adelantar la marcha al 2 de junio. Los “actimismos” –como llaman despectivamente a los activistas LGBT históricos- pegaron el grito en el cielo.

Al final, se lanzan dos páginas web, dos cuentas de Twitter, dos páginas de Facebook y dos convocatorias. Y ¿por qué no? Esta ciudad es tan grande y tan orgullosa de su diversidad que si tiene matrimonio gay, con todo y adopción, ¿por qué no dos marchas? Una se convoca para el 2 de junio y la otra para el 30… y empieza la guerrita por ver cuál tiene más pegue.

Llega la primera fecha. En los alrededores de La Diana hay desde temprano cientos de personas que empiezan el hechizo. Sentad@s en las bancas neoclásicas de Reforma se transforman. De sus bolsas y mochilas sacan el rimmel, el lipstick bermellón, las pelucas, los tacones que desafían la gravedad; otros sacan el panteón YMCA: los disfraces de apache, policías, militares, vaqueros y leathers. Unos más van en sentido contrario, en lugar de sacar ropa, la guardan, se quedan en tangas unihilo, sólo sacan el bronceador que se embarran en las carnes. Los policías, los albañiles de las torres contiguas en construcción, los ciclistas de la ciclovía, los taxis con pasaje y los autos con conductores de repente chiflan, gritan, unos más tocan el cláxon, todos en tono celebratorio. Es todo un performance de respeto. Los insultos de “pinches putos” han sido sustituidos por esas muestras de apoyo y por los albures de los albañiles que invitan a alguna trans a que suba a las construcciones, quizás sólo para ver desde lo alto cómo se empieza a formar un océano humano.

Es la carne. Son los cuerpos exhibidos, que calientan más el ambiente, ya de por sí ardiente por los más de 30 grados registrados: los pechos con silicones al aire, las tangas con nalgas brasileñas – o de aspirina- y los enormes bultos – a veces con calcetines. Es un carnaval, una exhibición del cuerpo y sus posibilidades, del cuerpo y sus descuidos, del cuerpo y sus lamentos, del cuerpo y sus deseos. La música de las “reinas gays” superando los decibeles permitidos en los altavoces: Madonna, Kylie y la Gaga y, claro, también las región 4: Paulina, Yuri y la Trevi.

Este año las consignas políticas no se oyen con la misma fuerza. Ahora no es el 2009, ni David Razú está presentando una iniciativa de matrimonio gay. A lo largo de la marcha se escuchan esporádicamente los gritos que nunca faltan: “¡Derechos, iguales, lesbianas y homosexuales!” “Va a caer, va a caer, la homofobia va a caer”. Un hombre vestido de negro, que resulta ser el organizador de la primera marcha gay del DF, no permitirá que las consignas dejen de oírse. De repente lanza diatribas contra Peña Nieto, grita desaforadamente: “¡Ni un voto al PRI!, pero poc@s replican. En los alrededores, los ambulantes adelantan el calendario y hacen su agosto: gritan “agua, refrescos” y con la mano extienden cervezas heladas. Los marchantes consumen, beben, bailan a ritmo de batucada.

La novedad: un colectivo de estudiantes- presumo heterosexuales- se une a la protesta. Son las estrellas del momento y se convierten en las estrellas de la marcha del orgullo. Son los universitarios del #Yosoy132. Son unas esponjas que etnográficamente absorben el repertorio de la protesta LGBT. Primero se muestran curiosos, contentos de ver a la diversidad sexual en su máxima expresión. Son inteligentes, se mimetizan: toman una, dos, diez banderas del arcoiris y les pintan las leyendas #Yosoy132 y “Somos más de 131”. En pocos segundos escuchan y gritan: “matrimonio y adopción, para toda la Nación” e innovan: “¡Soy buga, pero no pendejo!” “Televisa, ¡sal del clóset!” “TV Azteca, ¡sal del clóset!” (en referencia al presunto favoritismo de las televisoras a Enrique Peña). Sus consignas tienen eco, son virales. Al verlos pasar, los marchantes los alaban. Antonio Attolini grita “¡Formación, formación!”. Todos se agrupan y posan para la foto. La escena se repite unas 12 veces.

El futuro inmediato. Bienvenid@s a una nueva era. La brecha generacional es enorme. L@s nuevos activistas extienden apoyos, están fuera del clóset: son aliados claros de la diversidad y a ell@s no les importan las peleas entre empresarios y activistas LGBT. Irán a las dos marchas…

Twitter: @genarolozano

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