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Cinecrítica. Prometeo (Prometheus – Scott, 2012)

junio 21, 2012

Por: Carlos Dragonné

Antes de comenzar este artículo creo importante dejar en claro un tema personal con ustedes. Tengo tatuado en la espalda un Xenomorfo (o, como es conocido comúnmente, un Alien) por diversas razones personales y de fascinación por el personaje. De hecho, es tal mi respeto a la creación de Hans Rudolf Giger e inmortalizado en el cine por Ridley Scott allá por 1979 que cuando estrenaron en 1997 Alien Resurrection con cambios fundamentales en la física y, por lo tanto, en la esencia del personaje, me levanté de la sala de cine y me salí, desconociendo, hasta el día de hoy, cómo termina la cinta dirigida por Jean Pierre Jeunet. Habiendo hecho esta declaración de subjetividad –si bien no existe crítica objetiva–, podemos enfocarnos en el artículo de hoy. Esto es: Prometheus.

Ridley Scott regresa al cine de ciencia ficción que ayudó a definir con Alien y Blade Runner. Un cine que se aleja de las fórmulas clásicas y veraniegas que han hecho grande a Steven Spielberg (dicho esto sin el menor atisbo de menosprecio sino, muy al contrario, con admiración por el llamado Rey Midas del cine) y que se enfoca más en la profundidad de los personajes y las analogías sociales dentro de cualquier espacio y tiempo alterno al que estamos viviendo en las salas de cine. Este cine que utiliza a la ciencia ficción como un elemento y no como un fin y que ha tenido, en la literatura, a grandes exponentes como H. G. Wells, Isaac Asimov y Philip K. Dick y que, sin duda, no es coincidencia que estos autores se hayan convertido en inspiración y base de grandes cineastas para explorar el género.

33 años después, Scott nos regresa a la corporación Weyland a contarnos una historia dentro del mismo universo de su creación pero unos años antes de cuándo la conocimos. Hoy no hay Ellen Ripley como personaje hilo de la historia –en el universo Alien, Ripley tiene 1 año de edad y está todavía a 22 años de ser reclutada por Weyland-Yutani y a 29 años de su primer encuentro con esta raza alienígena en LV-426–, por lo que el protagonismo recae en la Dra. Elizabeth Shaw (Noomi Rapace) y en Charlie Holloway, arqueólogos que han encontrado lo que parece ser el origen de la humanidad en diversas representaciones gráficas de civilizaciones antiguas adorando a gigantes que señalan una configuración específica de planetas en todas las pinturas rupestres, grabados y esculturas halladas. Convencido de que la respuesta a la pregunta más importante del ser humano está en manos de la Dra. Shaw y el Dr. Holloway, Peter Weyland pone en marcha la expedición Prometeo para buscar lo que los arqueólogos han denominado “Ingenieros” en LV-223, una luna a más de 340mil millones de kilómetros de la tierra. Junto a Meredith Vickers (Charlize Theron) y un equipo de especialistas, científicos y soldados –casi rayando en el mercenarismo espacial, lugar común de la ciencia ficción–, la expedición llega a LV-223 para enfrentarse con una terrible verdad.

Importante: Si no has visto la cinta, sigue leyendo con cautela, pues si bien no te cuento la cinta, sí menciono elementos de la historia que puede que prefieras ver primero en la pantalla de cine y no en la de tu computadora. 

A partir de este momento, la cinta se convierte en una experiencia de lucha y supervivencia digna del cine de suspenso/ficción al que la gran taquilla nos ha acostumbrado en los últimos años, con una gama de personajes creados a partir de moldes perfectamente establecidos en el género y que funcionan correctamente según los tiempos de la narrativa tradicional. Meredith Vickers se presenta como el personaje de contrapeso económico de las grandes corporaciones que, por supuesto, no comparte el romanticismo de la misión científica. Dura y con un objetivo claro únicamente para ella (y que se medio descubre al avanzar la cinta), Vickers es, justamente, eso: la agenda alterna de la misión y que, a su vez, tiene en David, un robot creado por Peter Weyland –y magníficamente interpretado por Michael Fassbender– a su contrincante natural.

David tiene claras sus órdenes y el objetivo de su presencia a bordo de la nave Prometheus, y hará lo que tenga que hacer para llevar a cabo este objetivo. Incapaz de sentir culpas, temores o apegos a los integrantes de la tripulación, David es el Ash de esta entrega. No se trata de un personaje sin escrúpulos, sino de un personaje sin los grises de las emociones humanas que definen las decisiones. Es el maquiavelismo de la misión y en él se repite el mensaje de Asimov sobre nuestra incapacidad, como raza humana, de perseguir los fines a costa de todo, ese pequeño espacio de humanidad restante que Asimov siempre le otorgó al ser humano en esta ironía de necesitar un factor externo e inhumano para poder conseguir los fines inhumanos que por simple definición, no puede lograr. Es un evidente espejo de Ash de la saga anterior –con una secuencia claramente de homenaje cerca del final de la cinta– y el vehículo narrativo que nos ayudará, como espectadores, a descubrir los matices emocionales de los personajes, sus límites y las consecuencias de ellos para, en su momento, demostrar que es esta capacidad inhumana lo que lo puede transformar de enemigo imperdonable al aliado perfecto en una decisión racional.

Es ahí donde debemos tener claridad de lo que sucede con los personajes de la cinta que estamos viendo pues, si bien Elizabeth Shaw es a todas luces el personaje protagónico, no significa que sea el principal. Shaw se convierte en una herramienta más para conseguir el objetivo, en un elemento más dentro de un tablero de situaciones predeterminadas por un ente superior en la jerarquía y que terminará por demostrar una línea narrativa común: la consecución de un fin personal a costa de la vida, si es necesario, de quienes ayudaron a conseguirlo.

Ahora bien, la historia sobre los “ingenieros”, su muerte y las razones de la misma es una analogía del ser humano que hemos visto hasta el cansancio y que, cuando queda en evidencia, cansa por el lugar común en el que se ve creada. La muerte nos alcanza de manera sorpresiva porque nosotros mismos la causamos. Ridley Scott juega a declarar que la autodestrucción como raza la tenemos en los genes desde tiempos inmemoriales y es ese punto de la historia el que más me causa un conflicto de gusto y disfrute de esta cinta, porque entra en un terreno en el que, personalmente, creo que no debió haber entrado: el terreno de la explicación y la justificación del personaje.

Déjenme dejar clara una cosa: no siempre es negativo explicar el origen de un ícono narrativo. Terminator 3: Rise of the Machines tiene uno de los 10 mejores finales que he visto dentro de la ciencia ficción –a pesar de ser precedido por dos horas de franca basura que aún me sigue sorprendiendo que no haya conseguido sacarme de la sala– pues explica, en 4 minutos, la existencia de toda la saga hasta ese momento. Sin embargo, hay personajes e historias que no requieren de esa explicación y que, cuando sus autores juegan a intentarlo, rara vez logran el cometido. Ya fallaron Thomas Harris, Anne Rice y George Lucas en el intento –de hecho, me atrevo a decir que es éste último quien más ha fallado al hacerlo–, y muchas cintas han sido un absoluto fracaso en el tema, como X-Men First Generation, The Exorcist y The Texas Chainsaw Massacre.

Saliéndome un poco del género en el que estamos y completamente de la cinta que estamos discutiendo, déjenme recordar la segunda parte de la trilogía sobre Batman de Christopher Nolan: The Dark Knight. En esta cinta, avisados desde el final de la primera parte, el villano en cuestión es el némesis por excelencia del Caballero Nocturno: The Joker. Este personaje creado en 1940 por Jerry Robinson, Bob Kane y Bill Finger ha evolucionado en sus 72 años de existencia y, a raíz de los relanzamientos narrativos de DC Comics ha tenido diferentes historias de origen, mismas que han sido exploradas en casi todos los formatos de entretenimiento audiovisual. Burton utilizó, quizá, la historia más celebrada por los lectores para la creación del personaje en su particular visión de 1989. Sin embargo, Nolan evita entrar en el juego de crearle un origen y lo hace de la mano de un motivo fundamental: The Joker es un personaje absoluto que no requiere justificación humana para su psicopatía, misma que queda en total evidencia durante los primeros minutos de su presencia en pantalla. Nolan sabe que este personaje es dominado por el público y se ha convertido en un ícono de la cultura popular, por lo que no pierde el tiempo imponiendo una visión específica sobre su creación, sino que deja el espacio abierto para que cada quien decida o imagine el espectro de acción que ha causado la disociación de la parte humana con el asesino vigente. Y, no sólo eso, sino que el director y el guionista juegan a demostrar esta búsqueda de origen de personaje como una parte más de su enfermedad mental con sólo dos secuencias en el guión, evitando el abuso o la sobrecarga de elementos. Dicho lo cual, volvamos a LV-223 y a la tripulación de Prometheus.

Aquí es donde está, en mi opinión, el mayor error de la historia de Prometheus. Ridley Scott sintió la necesidad de contarnos el origen de un personaje épico y fundamental de la historia del cine de ciencia ficción y falla en el intento pues lo hace a través de una analogía de autodestrucción que minimiza al personaje y que le otorga un matiz de simple consecuencia de los actos humanos y no, por lo tanto, como un catalizador y causa de las acciones de nosotros como raza humana. Ellen Ripley tiene una motivación en la saga: evitar la destrucción de la raza humana a manos de los Xenomorfos, criaturas concebidas como la máquina asesina perfecta, sin inhibiciones ni emociones que se contrapongan ante la sed elemental de muerte y destrucción que van creando. De ahí que la cuarta parte de la serie me haya parecido tan insultante que me sacó de la sala indignado con el resultado de Jean Pierre Jeunet. En el entendido de la configuración genética del Xenomorfo tras la clonación de las células rescatadas de Ellen Ripley tras su suicidio/sacrificio en Fiorina 161, el Xenomorfo resultante ahora comparte capacidades humanas dentro de sus genes, siendo estas capacidades emocionales utilizadas para la concepción y manipulación de sus víctimas. Y es este giro de tuerca en torno al personaje principal de 4 cintas lo que justifica narrativamente la existencia de esta cinta en su totalidad. Sin embargo, Prometheus nos enfrenta con un hecho fundamental que minimiza la imponente personalidad del personaje creado y, peor aún, lo hace con una escena que ya se siente innecesaria dentro del desarrollo de la cinta. Pero es esa escena, de apenas 30 segundos de duración, la que termina por eliminar varios factores de un solo plumazo. En primer lugar, Scott se dedicó a declarar que ésta cinta, a pesar de llevarse a cabo en el mismo universo narrativo, no representaba, de ninguna manera, una precuela o explicación de Alien, lo que se elimina de manera sistemática, sino que presenta un dilema dentro de la misma historia que hemos visto los últimos 120 minutos: si estamos siendo testigos de la creación genética y aleatoria de una raza, como una consecuencia kármica de la búsqueda del poder y la destrucción, ¿por qué, entonces, la presencia visual y referencial, a manera de ícono cultura e histórico, de la misma raza dentro del escenario virtual creado por la raza que terminó siendo víctima de su propia creación? Además, Scott cae en el juego de presentarnos una metáfora de moraleja sobre la existencia humana y las patologías autodestructivas que no termina de cuajar y que, además, se ve disminuída con la aparición del Deus Ex Machina tradicional del cine de ciencia ficción de entretenimiento sin profundidad al que más bien nos acostumbró Spielberg. Esta extraña moralidad quiere presentarnos una crítica a la humanidad como factor negativo en el transcurso del universo y la transgresión del orden natural como parte de la genética misma enclaustrada en la raza y su creación, sólo que la consecuencia final se da a través de una supervivencia como un accidente casual que termina por no confrontar el discurso de la autodestrucción, casi cobardemente.

Scott, en consecuencia, termina por caer víctima de la superficialidad de una explicación no solicitada para un público nuevo que, a todas luces, desconoce la mítica detrás de la obra reinante de esta narrativa. Al creador le sucede lo mismo que a George Lucas quien, en un afán de querer satisfacer a sus seguidores –y de atraer a nuevas generaciones–, olvida los pequeños detalles que le dan sustentabilidad histórica a su obra. Y es que, al igual que Star Wars, Terminator o Lord of the Rings, Alien es un universo creado que trascendió más allá de su punto de origen para convertirse en parte referencial de la historia del entretenimiento, la cultura y las artes visuales. Se construyó a través de la creación de dogmas sustentados en 117 minutos de tensión, horror y personajes redondos que fueron alimentándose de las consecuencias convertidas en 3 películas más. Jugar a cambiar lo que el imaginario colectivo –a través de fanfictions, videojuegos, novelas gráficas y otras tantas expresiones artísticas– ha definido como verdad es meterse en un terreno en donde uno ya no es dueño de su creación, sino simple testigo de su crecimiento y proliferación como cultura desarrollada y catalizadora de otras subculturas. A Scott se le fue de las manos su creación ya que, como el alien mismo, ha evolucionado hasta un punto en el que se puede convertir en su enemigo más peligroso.

Entonces, ¿Prometheus vale la pena? Como parte del cine de ciencia ficción, sí, pues nos muestra una historia sin mayores complicaciones que cumple a cabalidad con el fin último del séptimo arte: entretener. Como cinta de Ridley Scott, tendrá público al que le guste y, por supuesto, público al que no, pues falta la profundidad de los personajes a los que el director nos tiene acostumbrados en su vasta filmografía. Se extrañará ese reto a la mente que sus cintas nos presentan para descubrir, capa tras capa, las motivaciones de quienes nos van guiando. Porque, además, en el terreno de las actuaciones, la cinta sí falla de manera importante con una Noomi Rapace que ha demostrado estar todavía demasiado verde para cargar con el papel principal y una Charlize Theron presa de un personaje que no le da demasiado espacio para explorar. Lo único aplaudible en este espacio es la profunda y extraordinaria actuación de Michael Fassbender, actuación justificada al ser el único personaje con la necesidad de impactar al ser, como ya comentamos, el verdadero hilo conductor de la historia más allá de un espectáculo visual que sí merece ser llamado de esa manera, demostrando por qué WETA Digital se ha convertido en la empresa de efectos especiales y digitales más importante actualmente, desbancando de ese lugar a ILM desde hace ya varios años. Como cinta dentro del universo Alien me atrevo a decir que difícilmente es una cinta importante.

Sin duda, véanla, pues el cine es, como lo dijo Stanley Kubrick, un arte imperfecto y, a su vez, como cualquier expresión artística, permite que ningún público esté equivocado en sus impresiones. Véanla porque Ridley Scott es y será parte de la historia del cine a través de cintas que han marcado el desarrollo del séptimo arte. Y ya que la hayan visto, regresen por acá y dejen sus comentarios para saber qué les pareció.

Calificación: Díficil… pero entendiendo el primer párrafo de éste artículo, le daría un 5 sobre 10.

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4 comentarios

  1. Estimado, me gusto tu comentario respecto a la película; sin embargo, creo que es una ensalada de ideas y a mi consideración pecaste de exceso de expectativas.

    Sinceramente es difícil creer que pudieras tener la expectativa que Scott no se dejara encantar por los argumentos y presentaciones taquilleras que le abrieran la puerta a próximos estrenos. Pero dejando de lado este tema, creo que la idea “central” (creo que es no porque sea el centro de tu critica, sino porque creo es lo que más te indigno) es la simplicidad con la que le dan origen a tan mítica criatura.

    Ya dentro de la película nos dan un adelanto cuando David le pregunta al arqueólogo “preparado” (y lo pongo así porque a lo largo de la película nos deja claro el personaje de Holloway es un simple fanático de sus ideas, pero sin argumentos sólidos que sustenten una vida de investigación y dedicación y que busca soslayar dejando en los ingenieros todas las respuestas) la razón por la que fue creado y Holloway se limita a decir la simpleza de “porque podemos”.

    Si resumes la creación a un berrinche existencial y de “poder”, nos da un argumento, simple, de la razón existencial de los Aliens. Ahora bien la creación fortuita de esta raza después de varias mutaciones no hace otra cosa que referencia a nuestra creación misma. Creo que Scott de una manera elegante nos da una dirección en la que aprendemos que no necesariamente la vida y los objetivos se logran como uno quiere, y que en realidad nuestra vida esta llena de la aleatoriedad, una que eventualmente define nuestro destino y así como pudo morir la doctora Shaw aplastada por la nave, como no. Y es en esta aleatoriedad, que por definición y concepción de la idea misma nos molesta e incomoda, la que le da un sentimiento de realidad y aterriza la ficción en un mundo terrenal que le da validez y entonces te lleva a enfocar tu atención en la búsqueda de la verdadera pregunta, esa pregunta que genera la respuesta correcta, esa pregunta que puedes llevar a la Biblia.

    El problema no es nuestra razón de ser en este mundo, nuestro problema es entender porque nos quieren destruir con un Apocalipsis, porque destruir a tu misma creación y de una manera tan violenta. Creo que es la idea importante que nos plantea la película y que espero les llame la atención.

    Si yo la calificara, estaría pensando por lo menos un 8!!!!!!

    Saludos.

    att
    @Joshua_Zen


  2. Estimado Guillermo:

    Agradezco mucho tu comentario y sí, coincido contigo en el exceso de expectativa. Como lo comenté en el artículo, tiene que ver con un asunto de fascinación especial por el personaje y todo lo que se ha creado en la mística del mismo.

    Te mando un abrazo y espero podamos seguir comentando otras películas, libros y demás artículos con los que retomaremos este blog.

    Saludos,


  3. Me encantaron los trajes / diseño de vestimenta, especialmente el vistro amarillo del canio robot.
    El aporte de HR Giger es verdaderamente magistral, más que el área del cráneo, la de los controles de la nave es tan buena, que hace que valga la pena haberla visto en 3D.
    Las (para mi) claras /inevitables referencias a “2001” y “Alien” me hacen seriamente pensar en verla de nuevo. Por cierto, me puso también en la mente a Predator 2, grueso!
    Charlize mi ex, guapísima y cumple a cabalidad su papel.

    Habrá saga del filme?


  4. No lo se. Lo mismo me preguntaron saliendo, pero quizá el tema de la “saga” ya esté, en realidad, hecho. Recordemos que hay muy poca diferencia de tiempo entre estos hechos y los que conocemos.

    Efectivamente, el diseño de producción es una parte extraordinaria de la cinta -mea culpa de no señalarlo en el artículo- y hay aportaciones en este departamento que se volverán un claro referente en cintas por venir.

    Saludos!



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