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Salud. ¿Freud ha Muerto?

octubre 13, 2012

Por: Dr. Enrique Sánchez, Psicoanalista Clínico.

Es muy común que en el campo de la psicología se diga que “Freud Ha Muerto”, dando a entender que las teorías freudianas han quedado en el pasado. Muchas líneas que se dedican a la psicoterapia y que no están basadas en el psicoanálisis usan a Freud de tiro al blanco, atacando sus teorías y ofreciendo, siempre, una alternativa dentro de sus propias líneas de tratamiento. Hoy, luego de los enormes avances en la psiquiatría y en la neurología, el psicoanálisis está siendo revisado bajo una nueva luz. Entonces qué, ¿aún tiene validez Freud, o podemos tirarlo a él y a sus teorías a la basura de manera definitiva?

Lo primero que hay que poner sobre la mesa es que Freud sin duda se equivocó. Hay seguidores de las teorías de Freud que las consideran una especie de doctrina inequívoca y se persiguen tan sólo por cuestionarla. Lamentablemente, el psicoanálisis se ha convertido para algunos en una religión más que en una teoría científica. Según el principio de falsabilidad de Popper, toda teoría científica debe tener capacidad de ser demostrada como equivocada. En el momento en que un postulado científico es intocable, deja de ser científico, así de sencillo. De ese modo, el psicoanálisis debería estar bajo escrutinio constante, como lo están la genética, la paleontología, la geología, la química y otras disciplinas que siguen o dicen seguir el método científico.

Pero muchos psicoanalistas y/o seguidores de las ideas de Freud se niegan a poner al psicoanálisis bajo la lupa. Sencillamente afirman que Freud estaba en lo correcto y siguen adelante sin poner absolutamente nada en tela de juicio. Algunos profesores de psicoanálisis, incluso, señalan a sus alumnos si se les ocurre buscar fuentes de información sobre Freud que sean ajenas a Freud y los freudianos, haciéndolos sentir culpables por cuestionar las palabras del todopoderoso maestro. Obviamente esto limita tanto al campo del conocimiento psicoanalítico como a los psicoanalistas y psicoterapeutas psicoanalíticos y, aún peor, a sus pacientes.

Afortunadamente, hay un montón de gente que ha revisado a Freud una y otra vez a lo largo de la historia. Al principio de estas letras decía que muchos no-psicoanalistas estudian a Freud con la intención de destruirlo y llevar agua a su molino. Pero no puedo dejar de mencionar a otros que lo analizan de un modo más sano y honesto; incluso, muchos de estos revisores y críticos son psicoanalistas que, a diferencia de sus colegas dogmatizados, buscan darle crecimiento y nuevo conocimiento al psicoanálisis como ciencia, como técnica o como línea de estudio teórico.

En este sentido, hay psicoanalistas que han realizado revisiones de la teoría freudiana, desde algunos detalles sobre la postura ante alguna psicopatología específica hasta análisis de la teoría completa y sus aplicaciones. Actualmente este trabajo se está complementando con las novedades que han puesto sobre la mesa la neurología y la psicología evolutiva. Los novedosos sistemas para comprender el funcionamiento del cerebro, escáneres, encefalogramas, etcétera, están poniendo bajo el microscopio aquella afirmación que hiciera Freud respecto a que sus teorías en un futuro podrían comprobarse a través del funcionamiento orgánico.

Y bueno, a todo esto, ¿qué se ha encontrado? Pues que Freud fue un genio adelantado a su tiempo que, a través de la simple observación, dio con algunos de los principios básicos del funcionamiento psico-afectivo del ser humano. Esto es, hasta que se vio forzado, por diversos factores, a dividir su trabajo en dos. Por un lado tenemos al Freud que trataba a los pacientes y sacaba conclusiones a partir de sus observaciones, ese es el Freud que cambió la manera de ver al ser humano y logró descubrir algunos elementos del funcionamiento mental que nadie ha podido tumbar y del que se sostienen la enorme mayoría de las psicoterapias que hoy existen. Por el otro lado, tenemos al Freud que quería complementar sus observaciones con teorías que se adecuaran a las propuestas científicas de su tiempo. Con ello, puso sobre el papel planteamientos que resultaron a la larga contradictorios e incoherentes, obligándolo a crear nuevas propuestas y teorías que daban, a su entender, una mejor “explicación” a los hechos observados.

Pero estos nuevos intentos resultaban también contradictorios y llenos de huecos. Freud intentó durante toda su carrera encontrar una descripción teórica de la mente que se adecuara a sus observaciones y, al mismo tiempo, a las posturas científicas de la evolución según Lamarcke y el funcionamiento de la energía según Helmholtz… ¡aunque sus observaciones no le dieran siquiera pistas sobre el vínculo de la mente con estas disciplinas! Hoy las propuestas de Lamarcke han sido completamente rechazadas por los biólogos evolucionistas y sabemos que el cerebro no funciona bajo los principios de la conservación de la energía y los principios de la termodinámica. Aun así, estas dos afirmaciones freudianas siguen su camino y hay quienes ni se atreven a tocarlas, perpetuando así ideas como que la psicopatología proviene de energía insuficiente en el sistema mental, la lucha de un Yo mediador contra un Ello completamente animal o incluso la idea de que la psicología humana tiende hacia el caos, como lo afirma la ley de la entropía.

Obviamente, estoy siendo demasiado genérico y quizá simplifico las cosas, pero no puedo mencionar punto por punto todas las críticas que se hacen a la necesidad freudiana de cuadrar las observaciones clínicas con estas ideas científicas de su tiempo, pues ello me llevaría un libro completo (como de hecho, hay algunos sobre la materia que son bastante interesantes, complejos y completos). Sin embargo, lo que sí puedo mencionar, son las posturas freudianas que se comprobaron y se siguen comprobando, posturas que hoy son utilizadas no sólo en el psicoanálisis, sino que son la base de buena cantidad de terapias en psicología clínica.

Estas propuestras freudianas pueden resumirse en ocho puntos: la existencia de procesos mentales inconscientes, el fenómeno de la transferencia, la represión y otros mecanismos defensivos, el origen de las enfermedades mentales en hechos y/o traumas durante la niñez, el conflicto de la persona ante el enfrentamiento con dos objetivos incompatibles, el poder de la confrontación y la interpretación, el significado psicoafectivo de los sueños, y el fenómeno de la asociación libre. Todos estos puntos fueron descubiertos por Freud a través de la observación de pacientes y no se vieron modificados por influencias como las mencionadas arriba. De hecho, hay psicoanalistas que afirman que la parte más importante, científica y atinada de toda la carrera de Freud se dio antes de que iniciara el siglo veinte.

¿Freud ha muerto? No, sin duda que no ha muerto. Muchas de sus hipótesis y teorías han muerto sin duda, pero la base de su trabajo sigue más viva que nunca y se ha convertido en parte importante del trabajo en psicología clínica. Los puntos mencionados arriba, además, están siendo comprobados por la neurología y cuadran con los descubrimientos en cuanto a la genética del proceso evolutivo de las especies superiores de mamíferos (entre los que se encuentra el hombre). El psicoanálisis, la psicoterapia psicoanalítica y las psicoterapias de acompañamiento se siguen enriqueciendo de estos principios y siguen trabajando sobre ellos, fortaleciéndolos en la misma medida. Hay líneas de psicoanálisis que, incluso, se alejan de Freud para proponer nuevas teorías a partir de los puntos atinados del trabajo freudiano, dejando de lado aquellos que, desatinados, de todos modos no llevan a nada.

Decir que Freud erró no es, además, razón para desestimar al psicoanálisis, porque él fue el padre de esa línea de trabajo, pero no es su sinónimo. Freud no es el psicoanálisis como Darwin no es la biología evolucionista o Newton es la física. Ellos pueden ser los grandes representantes de esas disciplinas, los padres, los impulsores… pero luego de ellos han venido otros muchos a complementar su trabajo y construir sobre lo que ha sido derribado. El psicoanálisis no se ha detenido en todos los años desde la muerte de Freud, y sigue luchado día a día por aumentar la comprensión de lo que hace sufrir a los pacientes para así poder ayudarlos.

Me despido, pero no sin antes desearles que esta noche tengan un sueño reparador y constructivo.

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