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Libros. Fifty Shades of Grey (E.L. James, 2011).

octubre 26, 2012

Por: Enrique Lores    

Todo el mundo está leyendo este libro. Basta con hacer un viaje en transporte público para ver que al menos tres de los pasajeros tienen el tomo entre sus manos. En las universidades los alumnos lo están leyendo, en las casas, las señoras se lo están devorando, y hasta Hollywood está preparando una película… Vaya, un libro que se está vendiendo de manera tan eficiente y con publicidad de boca a boca debe guardar entre sus páginas una novela extraordinaria. Últimamente, quitando algunas excepciones, estos libros que se venden como pan caliente resultan más malos que buenos, así que con muchas reservas me hice de “Las Cincuenta Sombras de Grey”.

Anastasia Steele es una universitaria que, a punto de terminar su carrera, se ve obligada a entrevistar a Christian Grey, un joven millonario que es dueño y fundador de Grey Holdings, Inc. Y digo que se ve obligada porque, originalmente, la entrevista iba a ser realizada por su mejor amiga para el periódico de la universidad. Sin embargo, ésta termina en cama con una gripe mortal y es Anastasia la que asiste a la cita, llena de vergüenza porque no sabe ni quién es el dichoso millonario al que va a entrevistar. A pesar de todas sus metidas de pata (como tartamudear o caerse al piso apenas entrando a la oficina de Grey), sale airosa del asunto sin saber que ha provocado en Christian una fuerte impresión.

A partir de este momento, Christian Grey no deja de buscarla: va a verla a su trabajo, le invita un café, le acepta una sesión de fotografías para el periódico universitario… hace todo lo necesario para estar cerca de ella. Anastasia, que se siente muy atraída por su belleza, resulta encantada de ser la pareja del joven millonario, hasta que se da cuenta que él es, en realidad, afecto a las relaciones sexuales sadomasoquistas. Él afirma que no puede estar con ella si no tienen este tipo de encuentros y se niega a llevar con Anastasia un noviazgo normal, pero ella, a su vez, es una joven  inocente y virgen que jamás ha tenido una relación real de pareja, ¿aceptará tales condiciones?

Mientras leía el libro descubrí que la base de esta novela es demasiado parecida a la de “Crepúsculo” de Stephanie Meyer, casi palabra por palabra. Luego de investigar un poco me enteré de que E. L. James empezó a escribir sus “Cincuenta Sombras de Grey” dentro de una página de Internet en la que subían sus textos fanáticos de la saga de los vampiros luminosos. Eso me respondió muchas cosas, entre ellas, porque esta novela parece en muchos detalles una fotocopia de aquella. ¿En qué clase de detalles? Quizá  el más importante es la insoportable, constante y cansada manera en la que el autora necesita repetir y repetir la información como si no quedara clara desde el primer momento. En específico, lo verdaderamente hermoso, guapo, sabroso y galán que es Christian Grey.

Porque el libro está escrito en presente de primera persona, de modo que vivimos en la cabeza de Anastasia durante las setecientas páginas que dura la novela. Y estar en la cabeza de Anastasia es una tortura para el lector promedio. No sólo por lo mencionado arriba (la necesidad de estar repitiendo una y otra y otra y otra vez el hecho de que Christian es verdaderamente guapo, con un cuerpo de adonis, un cabello espectacular), sino porque la escritora está muy limitada en su capacidad de describir sentimientos, afectos y reacciones. Básicamente Anastasia nada más siente vergüenza  miedo, alegría y excitación sexual (cuando se equivoca nunca alcanza a decir más que “mierda” y cuando se sorprende jamás pasa del “uau”). Lo peor es que James pone su excitación sexual en “su diosa interna”, de modo que cada que Anastasia piensa en algo sensual tenemos que soplarnos toda una descripción de cómo su diosa interna baila o da piruetas o le guiñe el ojo.

La autora

Y podía ser menos insoportable, pero no, porque James decidió que en lugar de darle al personaje el diálogo interno que suele usarse en la literatura, le dio a un pequeño personaje que es “su subconsciente”. De modo que cada vez que los actos, pensamientos y sentimientos de Anastasia se contradicen, entra en escena la muñequita de su subconsciente diciéndole cosas, bailando o escondiéndose debajo del sillón. Al principio es gracioso leer cómo la protagonista interactúa con su diosa interna y con su subconsciente, pero cuando saca a estos dos personajillos de caricatura hasta dos o tres veces por página, la cosa se pone verdaderamente complicada. La autora, sencillamente, no tiene otra manera de decir las cosas, de modo que estos dos elementos, estas dos superfluas herramientas, no son un mecanismo de comicidad por parte de James, sino que parecen, a simple vista, la única manera en la que una escritora sin técnica alguna puede hacernos llegar las ya de por sí obvias reacciones de Anastasia a todo lo que sucede a su alrededor.

Porque, al igual que en “Crepúsculo”, la protagonista es una mujer más sosa que el pan mojado en agua. Nos dicen que es inteligente, nos dicen que es culta, nos dicen que es fanática de la literatura inglesa… ¡Pero nunca lo vemos! Todo lo contrario, resulta una chica completamente desinteresada de nada en la vida que no sea Christian Grey. Nos la pintan como una mujer culta pero es incapaz de reconocer hasta las obras de música clásica más obvias y populares de la historia; nos dice que es fanática de la literatura inglesa y, sin embargo, apenas puede unir dos citas de cada libro (que dice saberse de memoria) y eso con una dificultad apabullante. Nos dicen que es segura y valiente cuando en realidad es un puñado de miedos, miedos que incluso me llegaron a desesperar porque son claramente infundados.

Y luego está Christian Grey, otro ejemplo de porque Salman Rushdie afirmó que junto a “Cincuenta Sombra de Grey” los libros de “Crepúsculo” son como “La Guerra y la Paz” de Leo Tolstoy. Grey es un personaje aún más unidimensional que Anastasia. Al menos el vampiro Edward lucha contra osos, trepa árboles y brilla bajo el sol. Christian Grey es un hombre soso que fuera de estar guapísimo no tiene mucho. Un detalle que me pareció una buena demostración de lo que es una autora mediocre es la poca necesidad que sintió James de investigar más a fondo empresas reales como la que, en su historia, maneja Grey. ¿Cómo me doy cuenta de esto? Porque las llamadas de Grey en su celular, aquellas llamadas donde nos “dejan ver” lo poderoso, eficiente y responsable que es, son asquerosamente genéricas. “Que Bill me llame”, “Eso nos va a dar problemas”, “¿Quién es el responsable?” Al final de la novela no sabemos qué cuernos hace en específico Grey Holdings Inc. además de tener un par de inversiones aquí y allá.

La novela pudo haberse contado igualita en trescientas páginas menos. Las descripciones de relaciones sexuales (el verdadero “jugo” de la historia) ocupan páginas y páginas y páginas. Entiendo que quizá haya mujeres que se excitan leyendo estas escenas de pornografía… ¿pero una después de otra y con descripciones idénticas? No hay metáforas sexuales, hay descripciones literales que son igualitas una y otra vez. En ocasiones tienen sexo en la cama, en ocasiones en el baño, en cabañas… Pero siempre es lo mismo. Y siempre hay condones a la mano, aun cuando la relación sexual no estaba planeada o bien, cuando era casi imposible que una relación sexual se diera… No importa, Christian Grey se saca los condones de las mangas como el mejor mago de Las Vegas.

Personajes poco interesantes, descripciones insoportables, mecanismos literarios repetitivos, situaciones que parecen copiadas y pegadas de páginas anteriores, un argumento que camina a dos kilómetros por hora y que se hace leeeento y cansado. Vaya, no encuentro que este libro tenga qué ofrecer. No sé si llorar o reír por su éxito. Que la gente esté comprando esta cochinada hasta el punto de convertir a James a una de las cien personas más influyentes del 2012 (según la revista Time) es inaudito. Que se esté haciendo millonaria con un libro que está cínicamente basado en otro casi hasta el punto de usar las mismas palabras y descripciones nos habla de la importancia que se le da actualmente a la originalidad y la creatividad de los verdaderos escritores. Esta historia no es nada diferente a los cientos de novelas de fanáticos que llenan las páginas de “Harry Potter”, “Star Wars” o “Crepúsculo”… peor aún, no supera en ningún sentido a las novelitas pornográficas que nos encontramos en las filas de algunos supermercados, impresos en papel revolución con mujeres de gran escote en la portada. Sin embargo “Cincuenta Sombras de Grey” es un bestseller, es el libro de cabecera de amas de casa y adolescentes en todo el mundo, hay torres y torres en las librerías de prestigio y Amazon está a poco de no poder enfrentar la demanda. ¿Qué carambas pasa?

Y por si fuera poco, lo que era una sola novela ahora está dividido en tres libros, tres libros innecesarios que hacen de una obra sin chiste toda una trilogía sin chiste. La trilogía de las “Cincuenta Sombras”. De lo muy poco que me gustó de esta tortura literaria fue el final. Si hubiera terminado así la historia habría tenido un poco de mérito. Pero no, resulta que los otros dos libros de la saga nos van llevando por una historia que termina en final feliz, con Anastasia casada con el hombre más hermoso del mundo y Grey curado de sus necesidades patológicas de sadomasoquismo. ¿Pero qué más da, quién necesita que una historia tenga coherencia interna pudiendo tener escenas de sexo? Y peor aún, no cualquier escena de sexo, escenas de sexo repetitivas que, en palabras de una buena amiga, “sólo calientan a las mujeres mal cogidas”.

Una protagonista que podría ser interesante si tuviera cerebro (en lugar de ser la clásica chica que vive esperando el futuro que su macho guapo pueda brindarle); un protagonista que es demasiado voluble, superficial e indeciso para ser un hombre exitoso que tuvo una infancia de infierno; y una bola de situaciones convencionalistas es todo lo que James tiene que ofrecer en su primer volumen de una novela pornográfica venida a más. Si no recomiendo leer éste, es obvio que no leeré ninguno de los otros. Les quedaré a deber, entonces, la crítica de aquellos.

¡Buena suerte!

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One comment

  1. Concuerdo al 100% contigo con respecto a este libro… yo también lo comencé a leer porque veía que lo comentaban mucho… ¡Qué porquería! los personajes no son creíbles en nada!! la verdad es que perdí mi tiempo leyendo esta cosa horrible!! pero bueno, ya nadie me cuenta y puedo dar mi opinión porque ya sé que es una porquería!
    Y como mencionas el final fue lo único que valía la pena, pero se trasluce que habrá un “continuará”… buu!
    Saludos!



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