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Cine. La muerte de un pilar

mayo 6, 2014

Twitter: @carlosdragonne

Hace unos días se anunciaba la muerte de uno de los íconos más importantes del entretenimiento cinematográfico en Estados Unidos: Blockbuster. Esa sensación de “ir a rentar una película” se ha terminado por el crecimiento de las opciones online VOD y la interminable capacidad de acceso a descargas, ya sean legales o ilegales, que cumplen con la inmediatez de selección y satisfacción en múltiples dispositivos para disfrutar una película. Pero, jugando a la nostalgia, a pesar de ser amante de las nuevas tecnologías, suelto una pregunta al aire. ¿Qué tanto es disfrutar y qué tanto es sólo resolver una necesidad?

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Decía Billie Joe Armstrong, vocalista de Green Day, que cuando veía a sus hijas realizar una compra digital y descargarla de manera directa en sus reproductores portátiles, sentía un poco de pena por ellas pues se perdían de la gratificante experiencia de desenvolver el disco, sacarlo del plástico y ponerlo en su reproductor análogo para comenzar la odisea de escuchar un disco de principio a fin. Ahora, las descargas se hacen de manera inmediata y sólo de una canción, si así lo desea el usuario. O, sólo de una cinta, para entrar en detalle de lo que nos corresponde. ¿Hemos perdido en esta necesidad de actualizar todo el placer de las pequeñas cosas?

Sí. Se ha ido perdiendo. La tienda de videos era un lugar de socialización y convivencia entre pares. Muchos amantes del cine convergían en sus pasillos para un ritual de indecisión y negociaciones entre los miembros del evento para poder decidir entre una cinta de acción clásica o una comedia romántica con el nuevo actor de moda. Esos pasillos fueron donde, además, pudimos ser cómplices de nuestros padres, o cuando las reglas eran demasiado estrictas nuestros hermanos mayores, para tener en nuestras manos una cinta de terror que no era apropiada aún para nuestra edad. Así vi It de Stephen King, con la complicidad de mi hermano mayor que la rentó en una de esas tiendas y también así tuve el primer acercamiento a cintas de dudosa calidad como Tales From the Crypt y a grandes producciones para balancear el buen gusto como Apocalypse Now.

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Hoy, Blockbuster, la única cadena que queda viva en Estados Unidos –salvo las siempre honrosas excepciones independientes que encuentras en las pequeñas y grandes ciudades– ha declarado que se terminó la era de las tiendas de video y culpa a diversos factores como la piratería, el VOD y la multiplicación de aplicaciones y dispositivos móviles de que nadie aparecía ya entre sus anaqueles. Pero al hacer esto, como público estamos renunciando a gran parte de la experiencia de ver una película, porque no sólo el momento de selección y de convivencia se termina, también se acaba la posibilidad de horas frente al televisor viendo los más ínfimos detalles de las características especiales de cada DVD y Blu Ray que rentamos. Se termina, entonces, la experiencia para dar paso a la satisfacción inmediata. Y eso, como público, nos terminará por hacer daño y aislarnos más de una industria que día con día busca maneras de acercarse a nosotros.

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