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Una respuesta a @Leon_Krauze no solicitada.

junio 5, 2014

Por: Carlos Dragonné (@carlosdragonne)

Ayer leí a León Krauze preguntándose “¿por qué está siempre enojado David Penchyna?” y el link al que hacía referencia era una declaración del Pdte. de la Comisión de Energía del Senado de la República donde decía que era un “debate de idiotas” el tema de las reformas agendadas en fechas mundialistas. La pregunta que quiero hacerle es, ¿En serio no estaría enojado usted?

"Un debate de idiotas" dice Penchyna que traen en el PRD para parar las reformas por el Mundial.

“Un debate de idiotas” dice Penchyna que traen en el PRD para parar las reformas por el Mundial.

Hay ahí afuera una izquierda (si algo así en realidad existe en el país) que está pujando por detener las discusiones de las leyes secundarias en telecomunicaciones y en energía hasta que termine la Copa del Mundo porque “no se puede legislar con un evento así de importante”. Su argumento, por supuesto, es la evidente distracción al pueblo que generan los partidos del mundial en Brasil, a comenzar en 8 días y en el que la selección mexicana tiene un panorama, según los expertos del tema, bastante negro delante. Esa izquierda, de entrada, es la que quiere detener todo el trabajo legislativo para poder darle cauce al desahogo de la pasión del hombre rodando el balón. Esa izquierda que, durante años, ha querido convencernos de que vale la pena mirarlos y tacharlos en las boletas para que se conviertan en nuestros gobernantes, es la que argumenta en su queja que el pueblo es lo suficientemente estúpido para no darle ninguna importancia a nada y que, ante la ignorancia de los ciudadanos, pues entonces hay que unirse a la parálisis del espectáculo circense y detener el avance de los elementos gubernamentales porque, no vaya a ser, que estén preocupados por gritar un gol. Esa izquierda es la que está queriendo organizar a un país para marchar y detener lo que ellos mismos aprobaron, pero que se sienten incapaces de apelar a sus más profundas necesidades de tribu y darle la espalda a la televisión que muestra a sus once héroes de papel sobre el césped.

Total, aquí la legislación se somete a lo que los caprichos exigen, ¿o no? Por ello están jugando el juego de empantanar una discusión que saben perdida, para que, además, al terminar la discusión puedan echar la culpa a ese pueblo “ignorante” y “embelesado” con las nimiedades del fútbol de haber dejado pasar una ley “que los convertirá en más pobres aún” porque estaban “demasiado distraídos para luchar por la patria contra estos traidores”. Esa izquierda que desde ahora no sólo está llamando al pueblo ignorante, sino que lo está culpando a priori de su incapacidad de negociación, de su inacción legislativa y su falta de proyecto contrastante, aprovechando los partidos del Mundial para decirle a ese pueblo “es por ustedes que hemos perdido. La sangre de México está en sus manos”. Y así, ramplones y cínicos, saldrán de nuevo a las calles a quererse proclamar como los padres salvadores del hijo reprobado, gritando en las calles que han sido víctimas de un abuso y que es hora de que les sea restituido el honor. Ellos, que consideran al pueblo ignorante, vacío, desinteresado, estúpido e incapaz de pensar en algo más que 90 minutos de batalla futbolera, saldrán a tocar las puertas para pedir que, de nuevo, les demos un voto de confianza en las urnas porque, al final, como tutores de discapacitados mentales, quieren estar ahí para cuidarnos y darnos sombra y cobijo del lacerante acto de legislar y gobernar que nos abre, en sus fantasías, llagas que ellos no tienen idea de cómo curar, pero que saben cantar una canción de cuna para que podamos dormir entre los dolores.

Esa es la izquierda que está pidiendo que se detengan todos los trabajos legislativos hasta después del Mundial. Los que piden vacaciones para poder ver los partidos. Los que, después, aseguran que nunca ha habido “condiciones políticas” para las discusiones que el país necesita. Esos holgazanes son los que ahora toman el Mundial como un pretexto para no hacer el trabajo por el que están cobrando. Entonces, mi querido Leon Krauze, efectivamente parece que Penchyna está enojado constantemente. Pero, en serio, ¿no lo estarías tú?

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