Archive for 24/10/14

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Cine. Reestreno de 2001: A Space Odyssey (Kubrick, 1968)

octubre 24, 2014

Cuando era un alumno de bachillerato, en una de las exposiciones que teníamos que hacer como muestras anuales de todos los alumnos y todas las materias -cabe mencionar que, sabiendo que en universidad me iría por Ciencias de la Comunicación o, como terminó siendo el caso, por la carrera de cinematografía, estudié en un Bachillerato Tecnológico, por lo que cursaba preparatoria más la carrera técnica de Comunicación-, decidí que mi proyecto de muestra en el segundo semestre sería una retrospectiva de la filmografía de Stanley Kubrick y su influencia en el lenguaje cinematográfico como elemento fundamental de la historia del séptimo arte. Para ello tuve que hacer uso de dos aulas completas -cuando, normalmente, en un aula entraban las muestras de 5 o 6 alumnos a la vez-, para que quienes recorrían la muestra pudieran empaparse un poco del que, durante muchos años, se mantuvo como mi director favorito (hoy, ese puesto se lo pelean día con día Kubrick, Scorsese, Aronofsky y Nolan). En el centro de la muestra, y siendo yo un fanático de la ciencia ficción, ocupaba un buen espacio lo dedicado a 2001: A Space Odyssey, cinta que sentó las bases de un género que Star WarsDune y Blade Runner vinieron a terminar de apuntalar pero que, sin la película de Kubrick, no pudieran haber existido. Y ahora regresa a las salas la grandísima obra maestra.

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Editorial. Dos frases que hielan la sangre.

octubre 24, 2014

Twitter: @carlosdragonne

“Nos quitaron tantas cosas que hasta nos quitaron el miedo”, se lee en una de las tantas pancartas que se vieron durante las marchas para exigir justicia por el caso de los 43 normalistas desaparecidos en Guerrero. Hace mucho tiempo que una frase no me causaba tanto silencio, tanta reflexión y, sobretodo, tanta impotencia de saber que, sin duda, la primera parte de la frase es enteramente cierta. Ya veremos si la segunda es también igual de cierta. Y no es una frase nueva. Se vio en las marchas en Venezuela, se leyó en las bardas pintadas en Colombia cuando la peor crisis social que exigía una lucha frontal contra la guerrilla. Se leyó, incluso, en inglés, árabe y otros idiomas en muchas manifestaciones alrededor del mundo. Pero aquí, hoy, caló profundo al ver la imagen entre los miles de manifestantes que ayer llenaron las calles de la ciudad de México en una de esas movilizaciones sociales que pocas veces se pueden ver y que uno quisiera que menos veces fueran necesarias. Pero además, en estas calles se puede sentir el clamor de dos entes completamente ajenos y distantes que se entremezclan en la vorágine de las consignas, en el barullo de los gritos y, sobretodo, en la brutalidad de las exigencias. Por un lado están los mismos de siempre, exigiendo renuncias, pidiendo cabezas, aventando culpas abstractas a un Estado que ni siquiera comprenden en su remolino de insatisfacciones políticas y no sociales, aquellos que buscan con nostalgia, aunque sin saberlo, el retorno del presidencialismo absolutista que con un sólo dedo señalando culpables, causas y consecuencias podía hacer desaparecer todo o, incluso, podía limpiar hasta la más imbécil de las imágenes burdas de sus fracasos. Ellos, quienes buscan la caída del sistema sin lograr siquiera entender qué hacer en el hipotético caso de lograrlo, empujando al desastre y a la fantasía de una utopía basada en el caos y la anarquía, se mezclan en las marchas y en los gritos entre auténticos grupos a los que hay que ponerles atención.

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