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#UberSeQueda y el golpe al turismo cortesía de @manceraMiguelMX

mayo 8, 2015

Por: Carlos Dragonné (@carlosdragonne)

Estimado (¿?) Miguel Ángel Mancera:

Como un viajero constante, me gusta llegar a cualquier ciudad y aventurarme de la manera más profunda posible. Pero siempre necesito esos pequeños resquicios de seguridad y comodidad de algo conocido. Como todos, siempre busco esos logotipos que me ofrecen lo que conozco en casa, que me dan servicio como lo requiero y como estoy acostumbrado a ello. Por eso, cuando pasan más de 10 días y estoy fuera no salgo corriendo a buscar una taquería, pero sí llego a agradecer la esporádica comida en alguna cadena que acá puedo visitar mucho menos de lo que se imaginan o, en otras ocasiones, recurro a alguno de los lugares descubiertos con buen café mexicano y me pido un espresso con ese grano oaxaqueño o chiapaneco que anda dando la vuelta por el mundo y que siempre me regresan en aromas a San Cristóbal de las Casas o a un lugarcito frente al Ex-Convento de Santo Domingo. No le llamaría el síndrome del jamaicon, sino la urgencia de saber que, sin importar dónde esté, siempre estaré seguro.

Uber, para muchos viajeros internacionales –sin mencionar a los mismos ciudadanos del DF que lo usan por razones ya explicadas al hartazgo y que, segura e inevitablemente, tocaré en algún momento en este párrafo– es uno de esos resquicios de seguridad. Nacida en 2009, al día de hoy es la compañía más importante de transportación de pasajeros a nivel mundial. Su CEO Travis Kalanick dio justo en el clavo cuando se le ocurrió algo para corregir el problema del servicio de taxis a nivel global. Ojo, no es una compañía que compita con los taxis, sino que ofrece un servicio alternativo y de mayor comodidad, seguridad y servicio en los países donde está operando. El concepto de su servicio ha generado alianzas importantes como la firmada con Starwwod Preferred Guest en la que los huéspedes de esta cadena que sean parte de este programa de lealtad, acceden a beneficios cuando utilizan los servicios de la compañía.

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Uber: transparencia y seguridad al viajar.

Desde sus servicios high end hasta el ridesharing, Uber tiene algo que muchos servicios de taxi citadinos no tiene: control y transparencia. Pero, además, cuando uno empieza a buscarle a fondo sobre el asunto, descubre que el mercado de la compañía no es un mercado abierto al 100%, sino que se conforma por un segmento de público que busca servicios de alta gama. Si, además de ello, empezamos a hablar de la calidad del servicio tradicional de taxis en la ciudad de México, no acabaríamos el artículo nunca. Pero cabe destacar que todos tenemos experiencias negativas en un taxi de la ciudad de México o, al menos, conocemos a dos o tres pasajeros que se han visto afectados por prácticas abusivas, por decir lo menos o, incluso, han sufrido un crimen a bordo de un taxi perpetrado, en su mayoría, por el mismo taxista. Las historias oscuras están a la orden del día y van desde asaltos y secuestros –en su forma eufemísticamente llamada “express”– hasta violaciones y homicidios que saturan la información de la nota roja. Si no queremos vernos tan dramáticos, simplemente pensemos en la cantidad de veces que, habiendo hecho la parada a un taxi de la ciudad de México nos hemos tenido que bajar porque, al momento de dar indicaciones, el taxista nos responde con un simple “no, joven, no voy para allá” o, en la mayoría de los casos, apaga el taxímetro y quiere cobrar lo que, a su juicio, representa viajar de, digamos, la Condesa al aeropuerto internacional Benito Juárez. Y ya que estamos en estos rumbos, ¿sabe cuánto me quiso cobrar la última vez que necesité un taxi del aeropuerto hasta Santa Fe? La friolera de 550 pesos. Sobra decir que me subí al metrobus y pedí a un amigo pasara por mi a la zona de Reforma.

Hoy se anuncia que, tras la presión de los taxistas unidos, el INVEA ha decidido perseguir a los operadores de Uber y remitirlos al corralón por no traer los papeles correctos para la transportación de pasajeros. Aquí me surgen varias preguntas que intentaré especular sobre la respuesta de ellas. Porque resulta que Alejandro de Santiago Palomares, director del Instituto de Verificación Administrativa del Distrito Federal, estoy seguro, no contestará y, peor aún, demuestra que Miguel Ángel Mancera está completamente alejado del sentir ciudadano, de la legalidad de emprendedores individuales que están buscando una forma de aumentar sus ingresos en una economía y una ciudad devastada por la ingobernabilidad y, peor aún, está a punto de cometer francas violaciones a los derechos humanos. Todo en nombre de los taxistas de la ciudad de México, mismos que se niegan a la transparencia, la regulación y el mejoramiento de su servicio. Vaya… Mancera está prefiriendo que las cosas sigan en la irregularidad de siempre que tomar esta ventana de oportunidad para mejorar el servicio de transportación de pasajeros del Distrito Federal que, claramente, no gobierna. En fin… vayamos con las preguntas.

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¿Y si mejor se ponen a trabajar para competir? ¿O es mucho pedir?

¿Cómo pretenden detener y revisar los papeles de los autos? ¿Se realizarán retenes al azar para verificar la legalidad de los automóviles negros o camionetas SUV nada más porque “parecen de Uber”? Entiendo, entonces, que estamos en una cacería de brujas que volverá a poner a la ciudad en jaque con una mayor cantidad de lugares donde el tráfico estará a la orden del día, la corrupción al doble y el temor de ciudadanos al triple que lo único que quieren es llegar a su destino tranquilamente, algo que parece condenado a ser una simple anécdota con este gobierno. Alguien explíqueme como esto no es, a la vez, una falta grave al derecho al libre tránsito.

¿Dónde quedan los derechos consagrados en la Constitución? Según entiendo, a menos que algo se me haya escapado en las últimas semanas, yo, como ciudadano, tengo entre las garantías individuales el derecho a la libre asociación. Eso significa que, mientras no esté rompiendo la ley, tengo el derecho de unirme a quien sea y, si ese derecho me permite llamarle a alguien y pedirle que pase por mi para llevarme a algún lado a cambio de una tarifa estipulada entre nosotros como un acuerdo mutuo, sigo esperando que Miguel Ángel Mancera me explique por qué se me priva de ese derecho. Más cuando esta elección la hago por mi propia seguridad y para el beneficio propio sin, insisto, quebrantar ley alguna.

¿Es esta la forma de impulsar el turismo en CDMX? La nueva política de impulso al turismo en la ciudad de México, con esta decisión, parece ser exponer a los turistas a cobros injustificados, taxistas no preparados, no regulados y que navegan todos los días en la impunidad absurda y absoluta. Taxistas que aplican perfectamente el “según el sapo es la pedrada” y que, en muchas ocasiones, roban flagrantemente al usuario. Pero, además, el turista queda expuesto a conductores sin el más mínimo respeto por las reglas de tránsito o de seguridad básicas. ¿Cuándo fue la última vez que se subieron a un taxi de la ciudad y se pusieron el cinturón de seguridad? ¿Cuándo fue la última vez que había un cinturón de seguridad para ponerse?

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¿Cuándo fue la última vez que un taxi de CDMX estaba limpio?

¿Buscará el INVEA atraer a choferes de Uber para llevarlos al corralón en cuanto lleguen? Si así lo hacen, no serán distintos a aquellos taxistas que, enojados por no poder competir con un servicio de calidad, decidieron agarrar a batazos a un chofer de Uber y su unidad con el pasajero dentro. Si lo hacen estarán, de alguna manera, negando el derecho a circular libremente y realizar una actividad laboral a ciudadanos que, a diferencia de los taxistas que defienden desde las oficinas en las que trabajan, pagan impuestos, dan factura, son transparentes y directos con un servicio que están dando.

No, señor Mancera. Se equivoca usted al perseguir a Uber y a Cabify. Se equivoca flagrantemente cuando decide hacer caso a una pandilla y, al hacerlo, simplemente se convierte en sátrapa de la ciudad de México, no en gobernante. Porque yo, como ciudadano, tengo el derecho de transportarme con quien mejor me plazca, de realizar un contrato entre particulares con quien más me convenga y de realizar mis actividades como mejor me interese. No, señor Mancera. No tengo por qué estar obligado y condenado a utilizar el sistema de transporte de pasajeros que usted tiene en el abandono, la ignominia y la ilegalidad. No tengo por qué sufrir el abuso de los taxistas a los que usted tanto teme y que hoy lo tienen secuestrado por algún evidente chantaje político electoral, mismo que traduce en un secuestro de los derechos de los ciudadanos que viven en el DF o de los turistas que lo visitan. Usted ha decidido ponerse del lado de los que llevan años siendo uno de los ejemplos del por qué no es seguro venir a la ciudad de México. Así que, sí. Dentro de su caprichosa necesidad de quedar bien con las pandillas que impunemente circulan en su cacareada CDMX vestidos en el obligatorio uniforme rosa y blanco –otro detalle de cursilería y ridiculez del que ya luego platicaremos–, usted está afectando a ciudadanos libres de hacer lo que les venga en gana con su forma de transportarse en esta caótica ciudad que ya no puede usted controlar. Y, de paso, le está dando un puntapié en el trasero –por no llamarlo de manera más honesta y coloquial– a quienes, un día, decidieron pensar “pasemos las vacaciones en la ciudad de México”. Porque la primera anécdota que se cuenta de un viaje es y será siempre cómo le fue a uno con los taxis al salir del aeropuerto. Y ya desde ahí, estamos jodidos.

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¿La estrategia para lucha contra Uber de CDMX?

PD. Sólo en la ciudad de México utilizo Uber. ¿Sabe por qué? Porque no recuerdo en todos mis viajes al extranjero que me hayan querido ver la cara en el taxi. Y mire que, si le da una vuelta a este sitio, verá que viajo bastante.

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One comment

  1. Hola Carlos
    Que interesante tu artículo
    Saludos
    Adriana Aguilera (Cony)

    P.D: Me daría mucho gusto contactarte



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